17 de noviembre de 2013
17.11.2013

El canguro acerca A Madroa a las antípodas

El zoo acoge ualabíes por primera vez desde el año 2000 - Los tres ejemplares, con menos de tres años, proceden de un parque de Lugo - En verano el recinto adquirió tres llamas y un ñandú

17.11.2013 | 02:01

Entre los espectáculos más codiciados por los viajeros que recalan en Australia o Nueva Guinea destacan los brincos de los canguros al pastar en el bosque. Los "flashes" se disparan en ráfaga al paso de sus ágiles saltos para, a la vuelta de la expedición, poblar los álbumes de fotos. Disfrutar de esa visión única ya no requiere tomar un vuelo a las antípodas. Ni siquiera dejar la ciudad. Desde hace dos semanas el zoo de A Madroa incorpora a su familia tres ejemplares de ualabíes -una especie de pequeño canguro- cedidos por el Parque Zoológico de Marcelle, situado en Outeiro de Rei (Lugo).

Los didelfos llegan para quedarse y -dada su gran fertilidad- los cuidadores de Vigo Zoo creen posible que terminen apareándose. A Madroa no acogía un canguro desde que el ataque de una manada de perros mató en abril de 2000 a diez animales, entre ellos un pequeño marsupial, varios antílopes y gamos.

Los últimos "inquilinos" de A Madroa pertenecen a la variedad "de Bennet", caracterizada por su nariz y patas negras, pelaje de tono grisáceo con una franja rojiza alrededor de los hombros y labio superior a rayas blancas y negras. Su longitud ronda los 60 centímetros -el doble si se cuenta su larga cola, que emplea para apoyarse- y alcanza los 22 kilos de peso.

De los tres didelfos que desde hace apenas 15 días pastan en Vigo Zoo, un ejemplar es hembra y los dos restantes machos -de mayor porte-. Ninguno pasa de los tres años de vida. Juanjo Vázquez, empleado del recinto, apunta que al ualabi de Bennet lo caracterizan sus hábitos "crepusculares" -es especialmente activo a última hora de la tarde-, lo que le anima a salir en busca de su dieta a base de hierba, hojas y frutas entrada la noche.

Aunque los visitantes de A Madroa pueden contemplar a los canguros desde principios de mes, los ejemplares llegaron a Vigo ya en agosto. Durante varias semanas los coordinadores del zoo los mantuvieron en cuarentena para facilitar su aclimatación e -igual de importante- velar por su salud y el del resto de especímenes.

Ahora los marsupiales se acostumbran poco a poco a su nuevo hábitat, el mismo que hasta hace poco ocupaba la hembra del ciervo del padre David, o milú, que ahora comparte "morada" con la fémina de ciervo europeo. Antonio Acuña, veterinario de Vigo Zoo, confía en que los "de Bennet" se adapten pronto a Teis. "Vienen de Lugo y allí el clima es aún más frío", comenta.

La adaptación al clima atlántico no es el primer reto que los ualabíes plantean al zoo. Ni si quiera representa su peor quebradero de cabeza. Hace semanas, cuando quisieron trasladar los canguros del área de cuarentena a su nuevo hábitat, los cuidadores se toparon con un imprevisto inesperado: las "malas pulgas" de los emús, un ave de gran tamaño -es la segunda en dimensiones, solo por detrás del avestruz- que también procede de Australia. "Las dos especies iban a compartir instalación pero se peleaban y hubo que preparar un recinto aparte para los canguros", explica Acuña.

El pequeño de la familia

En las mismas fechas en que Vigo Zoo se abría a los ualabíes de Outeiro de Rei llegaron otros "inquilinos": tres llamas y un ñandú. Además de su reciente entrada en A Madroa a los cuatro animales les une su origen sudamericano -el ñandú, ave de gran tamaño, se extiende por toda la costa atlántica, desde la Bahía de Sao José al Golfo de San Jorge; mientras las llamas son propias del Altiplano de los Andes- y que proceden de Córdoba. El proceso de cuarentena al que se sometieron fue idéntico al de los canguros... Aunque en este caso con sorpresa final.

Una de las llamas hembra entró en Vigo Zoo preñada, con lo que al poco tiempo dio a luz una cría que se ha convertido -con permiso de los ualabíes y el resto de los animales de A Madroa- en uno de los grandes atractivos del zoológico, de manera especial para las visitas escolares. Chus Lago, concejala de Medio Ambiente, recuerda el día en que el cachorro nació. "Al poco tiempo la cría ya estaba sobre las cuatro patas", recuerda. Vázquez anota que hace años Vigo Zoo acogía un ejemplar que terminó falleciendo por su avanzada edad.

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