06 de octubre de 2013
06.10.2013
Vidas de calle

Instalados en el Berbés desde mediados del siglo XVI

La iglesia y el antiguo convento de los franciscanos dan nombre una de las calles más antiguas de la ciudad

06.10.2013 | 01:47
Instalados en el Berbés desde mediados del siglo XVI

La calle de San Francisco estaba situada fuera del recinto amurallado, es una de las más antiguas de la ciudad y debe su nombre a la iglesia y el convento fundados en el siglo XVI. Cuando en 1862 la ciudad se dividió en cuarteles, esta calle quedó en el cuarto, entre otras como Falperra, Romil o Picacho. El convento de los franciscanos jugó un papel muy relevante durante la Reconquista con la participación activa de alguno de sus frailes. Finalizada la contienda, se reanudó la vida en comunidad hasta la exclaustración de todos los religiosos ordenada en 1836 por el ministro Mendizábal.En 1926, el entonces obispo de Tui le devolvió el templo a los franciscanos.

La calle de San Francisco, una de las más antiguas del Casco Vello, estaba situada fuera de las murallas y enlazaba la Ribera del Berbés con el convento de Santa Marta.

En 1799, se hizo un presupuesto para arreglar el empedrado de diversas calles de la población, haciendo constar el coste en reales de vellón y entre las seleccionadas y en el lugar número 13 estaba la calle que sigue desde la playa hasta el convento de San Francisco".

Vigo entonces, llegaba desde la Porta do Sol hasta el paseo de Alfonso, la fuente quedaba fuera de las murallas, y desde el castillo de San Sebastián hasta la terminación de la calle Laxe, donde rompía el mar. El Berbés estaba extramuros, al pie de la playa, aunque seguían algunas casas, las de Os peiraos, casi hasta San Francisco.

En el año 1862, el Concello siguiendo las consignas del gobierno central, ordenó la nueva rotulación de plazas, plazuelas y calles de la ciudad y parroquias del distrito, así como la nueva numeración de los edificios. Se hizo con cierto retraso, pero no quedó bien y fue necesario rectificar algunas numeraciones. La ciudad se dividió entonces en seis cuarteles o distritos y en el cuarto cuartel estaba la calle San Francisco, junto con otras como la Ribera, la Rúa de Santiago, Falperra, Romil o Picacho.

Ya en el año 1883, los vecinos de la bajada de San Francisco pidieron al Ayuntamiento que arregle aquella parte de la Ribera, porque sin eso quedarían incompletas las reparaciones llevadas a efecto en el Berbés; petición muy justa "por cuanto allí se está cobrando un impuesto al pescado, y nada más lógico que todo el barrio en general participe de la mejora y composición del empedrado, que ahora es un foco de infección".

Los franciscanos

La presencia de los franciscanos en Vigo, según el que fuera Cronista de la ciudad, José Espinosa, se remonta 1551, cuando apareció por estas riberas un religioso andaluz llamado fray Juan Pascual, de la Orden de Menores de San Francisco, quien, después de haber construido un convento en la isla de San Simón en 1517, trató de fundar otro en el extremo sur de la dársena de El Berbés.

Para ello se puso en contacto con la noble familia de Cadaval arrendataria de esa parte de la comarca y, en donde ya existía una ermita dedicada a Santa Marta, fundación de los monjes cistercienses de Melón, estableció una pequeña comunidad.

Poco a poco fueron construyendo la casa y en 1626 ya estaba terminada gran parte de la iglesia, según la inscripción que existe en la capilla del Nazareno. Las obras debieron concluir en 1744, que es la cifra estampada en la fachada principal. La comunidad de los franciscanos de Santa Marta tenía cuarenta miembros en 1767.

Los franciscanos del Berbés celebraban todos los años la fiesta dedicada a San Antonio, llevando la imagen del santo en procesión solemne hasta la villa intramuros.

El convento de los franciscanos jugó un papel muy relevante durante la Reconquista, con la participación activa de algunos de sus frailes. Finalizada la contienda, se reanudó la vida de la comunidad hasta 1836, en que el ministro Mendizábal decretó la exclaustración de todos los religiosos.

En 1927, el obispo de Tui, Vidal Broullón, le devolvió el templo a los franciscanos, lo que devolvía su vinculación al barrio del Berbés. De las relaciones de los franciscanos con las gentes del mar abundan las reseñas a lo largo del tiempo.

La restauración de la parroquia se debió acometer con celeridad, pues el campanario de la iglesia se erigió en 1929.

Adosado a la iglesia estaba el edificio conventual que a lo largo del tiempo ha ido sufriendo numerosas transformaciones, tanto arquitectónicas-aunque aún conserva el claustro porticado, único ejemplo de construcción de ese tipo que se conserva en la ciudad- como de uso, hasta convertirse en Casa de Caridad y actualmente en Hogar Infantil regido por las Hijas de la Caridad y dependiente de la Xunta. Y acoge al Comedor de la Esperanza. La antigua huerta del convento es ahora un patio enlosado que cumple funciones de zona de juegos, dando a la calle Torrecedeira.

Nueva residencia

Según señala José Luis Mateo en su libro O ex-convento de San Francisco, a mediados del siglo pasado se estableció la necesidad de construir una nueva residencia que cubriese las necesidades parroquiales. Obra del arquitecto municipal Antonio de Cominges, la nueva residencia se levantó un tanto apartada de la iglesia, en la confluencia de las calles Santa Marta y Llorente. El edificio fue inaugurado en 1958 y es donde residen los religiosos.

El primer viernes de marzo se celebra el Día de las Tres Gracias que congrega ante la imagen del nazareno a miles de fieles. La talla fue realizada en 1725 por el Maestro de escultura Antonio del Villar, vecino de Redondela.

Hijo de un rico mercader llamado Pietro di Bernardone, Francisco de Asís era un joven mundano de cierto renombre en su ciudad.

En 1202 fue encarcelado por unos meses a causa de su participación en un altercado entre las ciudades de Asís y Perugia. Tras este lance, decidió entregarse al apostolado y servir a los pobres. En 1206 renunció públicamente a los bienes de su padre y vivió a partir de entonces como un ermitaño.

Predicó la pobreza como un valor y propuso un modo de vida sencillo basado en los ideales de los Evangelios. El papa Inocencio III aprobó su modelo de vida religiosa, le concedió permiso para predicar y lo ordenó diácono. Fundó la orden religiosa de los franciscanos. Además, con la colaboración de Santa Clara, fundó la rama femenina de su orden, que recibió el nombre de clarisas. Fue canonizado dos años después de su muerte.

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