Cuando el 8 de febrero de 1910 cientos de vigueses acudían al baile de carnaval organizado en el teatro Rosalía de Castro, pocos se imaginaban que sería la última vez que lo visitaban, y aún mucho menos, que en su lugar se construiría un majestuoso teatro que se convertiría en un icono de Vigo. Esa noche, después de que sonara la música y comenzaran los bailes, se declaró un incendio que arrasó el edificio para siempre.

Apenas unos años antes del fatal suceso, José García Barbón había adquirido, por 250.000 pesetas, el Teatro Rosalía de Castro. Sin embargo, el incendio, un año después de la muerte del mecenas de Vigo, supuso un varapalo para el ocio de la ciudad. Sus herederos volvieron al rescate y encargaron al, por aquel entonces treintañero, arquitecto porriñés Antonio Palacios, el diseño de un nuevo teatro.

En 1913 comenzaron las obras para levantar un edificio monumental en el que se albergaría una gran sala de teatro, donde se representarían óperas, ballets, zarzuela o conciertos, así como un auditorio y un casino. El inmueble ideado por Antonio Palacios se convirtió en el epicentro de la vida social y cultural de la ciudad durante décadas.

Ya a comienzos de la década de los 70, la Caja Municipal de Vigo se interesó por el inmueble y decidió adquirirlo para realizar una reforma integral. "El edificio del ´García Barbón´ sobre cuya venta tanto se especuló, ha sido adquirido por la Caja de Ahorros, que conservará el exterior de indudable nobleza, y reformará por completo el interior par a albergar un gran teatro, salas de exposiciones y otras dependencias destinadas a la actividad cultural", rezaba la portada de Faro de Vigo del viernes 6 de abril de 1973. La rehabilitación no comenzaría hasta 1982, y dos años más tarde la Caja abriría las puertas del teatro reconvertido, ahora, en centro cultural. "Inaugurado el mejor centro cultural de España", sentenciaba la portada de FARO del 23 de marzo de 1984. El edificio, reformado por el arquitecto Desiderio Pernas "siguió en todo momento las pautas que Antonio Palacios había proyectado en su momento", narraba la crónica, que destacaba las 1.100 localidades del teatro o la capacidad de 20.000 volúmenes de la nueva biblioteca, porque el García Barbón es mucho más que un teatro.

Cien años después del inicio de su construcción, Farodevigo.es visita el emblemático edificio para recorrer sus instalaciones cargadas de historias y anécdotas. Nos espera en el vistoso recibidor la responsable técnica del Centro, Mariam, junto a varios de los trabajadores del teatro, Carlos, Pablo y José. Los dos últimos suman 27 años de trabajo en el mejor teatro de la ciudad, y tantos años dan para mucho.

"¿Anécdotas? Infinitas", sonríen los operarios. Los trabajadores recuerdan con cariño a Montserrat Caballé: "Es una persona fenómena, un pedazo de pan". Y aunque también hay recuerdos negativos que aluden a "actores muy exigentes y con mal carácter", las historietas positivas superan los malos momentos y ríen cuando hablan de Paz Padilla. "Salía al escenario y decía: ´Non vexo un carallo, y nunca mejor dicho´. Eso sí, antes te preguntaba cosas en gallego para decirlas y se las teníamos que apuntar para que no las olvidara", rememoran Pablo y José entre risas.

La época de oro en la que visitaban Vigo artistas de la talla de Rudolf Nureyev (considerado el mejor bailarín del mundo) o Maya Plisétskaya (icono de la danza clásica) acabó hace años. "Los mejores ballets de Rusia siempre venían aquí", señala Pablo, mientras José apunta la gran afición al vodka de los rusos: "Una vez la alarma no se activaba y al comprobar las instalaciones encontraron uno de los figurantes rusos en los baños con una borrachera como un mundo".

El esplendor de la ópera y la música clásica, "con incluso varias asociaciones de amigos de la ópera", ha disminuido junto a la difícil situación económica, sin embargo la ciudad conserva casi intacta su afición. Eso sí, los años en los que "había que montar grandes decorados, con pesados telones que llegaban desde los países del este y exigían un duro trabajo de horas y horas" ya finalizaron. "Ahora las representaciones son más modestas", apostillan los operarios.

Así todo, el García Barbón sigue muy vivo y, a veces, poniéndoselo todavía difícil a los trabajadores. Entre las últimas hazañas está el montaje de una pista de hielo en la obra de "El lago de los cisnes". "Hubo que comprar tres toneladas de bolsas de cubitos para volcarlo encima del escenario, e incluso tuvimos que montar una estructura especial en el exterior para las maquinas de refrigeración", recuerda Mariam, encargada del edificio.

Además de las funciones clásicas, ahora el centro busca atraer al público juvenil con humoristas y monólogos, célebres por sus apariciones en televisión, que consiguen llenar las salas con precios sustancialmente bajos. Propiedad de la Fundación Novacaixagalicia, el García Barbón busca la rentabilidad sin perder su espíritu cultural que lo llevó a sobrevivir durante cien años. La fundación gallega tiene en marcha una política de bonificaciones y descuentos para los parados, los jubilados y los jóvenes que suponen una rebaja adicional de un 10 % respecto del precio de los abonos. Entre las novedades de la temporada de invierno están Els Joglars o la visita del humorista Berto Romero.

Pero el García Barbón no es solo teatro, pues, en realidad, estamos hablando del "Centro Cultural Fundación Novacaixagalicia". Además de la sala de teatro de 994 localidades, con una concha acústica para 100 músicos y un foso para orquesta, el edificio cuenta con un auditorio preparado para proyecciones de cine, una sala de conferencias para seminarios y cursos, una sala de exposiciones y una biblioteca situada en la última planta con increíbles vistas a la ría. Pero, claro, el centro cultural siempre será el García Barbón porque no es un teatro más en Vigo, es "el teatro de Vigo".

García Barbón, el bienhechor de Vigo