07 de julio de 2013
07.07.2013

Uno de los mejores gaiteros gallegos de la historia

Ricardo Portela fue un firme defensor de la música tradicional y de la dignidad del instrumento

07.07.2013 | 00:00
Jorge Santomé

Considerado uno de los mejores gaiteros gallegos de la historia, Ricardo Portela fue un firme defensor de la música tradicional gallega, de la dignidad de la gaita y de la figura del gaiteiro. Su carisma favoreció la unidad de los gaiteros que fue la base para la creación de la Asociación de Gaiteiros gallegos, de la que fue Presidente Fundador y Presidente de Honra. Residiendo en Vigo, Portela desarrollaría su afición a la gaita de la mano de Xosé Oliveira Blanco, O Moreno, que sería su maestro durante años. En 1955 emigró a Venezuela, donde trabajaría como protésico dental y cuatro años más tarde regresó a España instalándose en Pontevedra.

Ricardo Portela está considerado uno de los mejores gaiteros gallegos de la historia. Fue además, un firme defensor de la música tradicional gallega y de la dignidad de la gaita y de la figura del gaitero. Su carisma y carácter vehemente provocaron la unión de los gaiteros gallegos. Esa unidad ideológica fue el pilar para la formalización en 1988 de los primeros estatutos de la Asociación de Gaiteros Gallegos, de la cual fue Presidente Fundador y Presidente de Honra.

Ricardo Portela fue el primer hijo de los tres hijos de Adoración Bouzas y de Emilio Portela. El padre tocaba la gaita y el acordeón, lo que influyó en que sus hijos tuviesen inclinación por la música.

Cuando Ricardo tenía 12 años la familia se trasladó a Vigo, a la calle México. Y allí, la guerra civil afectó de manera especial a la familia, ya que el padre estaba amenazado de muerte por los falangistas. El mismo Ricardo sufrió las consecuencias, pues como se negó a desfilar con quienes amenazaran a su padre, le requisaron la gaita, aunque después le sería devuelta.

En Gaélica, una de sus más amplias biografías, se señala que a pesar de todos estos reveses, sería en Vigo donde Ricardo Portela desarrollaría su afición por la gaita de la mano de Xosé Oliveira Blanco, El Moreno, que sería su maestro durante años, con la única excepción del tiempo que tuvo que ir a la guerra, quedando su hijo con la tarea de seguir enseñando al chaval.

En 1939 le llamaron a filas, y según sus propias palabras "roubáronme a xuventude", ya que estuvo movilizado de los 18 a los 24 años. El Cabito, como le llamaban en el cuartel de la Guardia Civil en Vigo, su primer destino, recorrería Lleida, A Coruña, Tárrega, Mataró, donde en 1942 le robaron la gaita, Granollers, otra vez Mataró y finalmente Pontevedra.

El 2 de febrero de 1944, se casó con Osita Laredo, y tuvieron una hija: Rosa. Portela estuvo 13 años sin tocar, pues no encontró una gaita que tuviera la calidad de aquélla que le robaron cuando hizo la mili. Un día le presentaron al vigués Antonio Fernández, que tenía unas gaitas de ébano de Faustino Santalices, y retomó la música que tanto amaba y que de alguna manera le obligaron a dejar.

Por mediación de Antonio Fernández, Portela entró en contacto con Paulino Pérez Sande, un artesano de Lugo que seguía las directrices de Santalices en un taller que comenzaba su andadura. Y así compró dos gaitas, y tenía además un puntero de ébano que le regaló Paulino Pérez, con los que tocó desde 1955 hasta 1979. Fue entonces cuando escuchó una gaita que hizo Xosé Seivane y que le recordó la que le robaran años atrás. Con ésta y con las que ya tenía, desarrolló su genialidad.

En 1955, Portela emigró a Venezuela donde trabajó en el "Laboratorio Dental Estomatológico de Caracas". Allí tomó contacto con los emigrantes en el Hogar Gallego de Caracas, de tendencia republicana, donde fundaría un grupo de gaitas. También había un centro Gallego adicto al régimen que por aquel entonces gobernaba España y una Casa de Galicia que intentaba llevar una cierta imparcialidad, instituciones que con el tiempo se unirían para formar la Hermandad Gallega de Venezuela.

Regreso a Pontevedra

En 1959 regresó a España y se estableció en Pontevedra, donde continuó con su trabajo de protésico dental.

Si algo es notorio de Ricardo Portela es su constante respeto por la figura del gaitero. Tanto que siempre se negó a tocar la gaita donde no se escuchase con la debida atención.

También rechazaba el empleo de instrumentos hechos con materiales de baja calidad o por artesanos mediocres. Esta postura de respeto le trajo algún que otro problema. La dignidad de Ricardo, no le permitía pasar por alto ningún ataque a la calidad y autenticidad de la gaita.

Sin embargo, su aportación más importante se encuentra en el terreno de la técnica. Era notable su calidad como instrumentista y sus posibilidades interpretativas. A Portela le gustaba utilizar adornos en sus interpretaciones que daban un aire alegre a las melodías. Adornos que variaban según las notas utilizadas y que por su propia identidad eran imposibles de escribir en una partitura, por lo que dejaban entrever la calidad de digitación y por encima de todo, la sensibilidad del instrumentista.

En los últimos años de su vida, Portela tuvo problemas de salud que hicieron que los médicos le aconsejaran dejar la gaita por los esfuerzos que le suponía tocar. Pero el amor que sentía por su instrumento se impuso ante la prudencia aconsejada.

Su primer disco, de 1968, junto con su hermano Xesús y tres percusionistas vigueses. En 1980 aparece Fiesta en Viascón, con el que se haría muy conocido en los círculos gaiteros. Portela llegó a tocar en la Universidad de Santiago, por iniciativa de Filgueira Valverde en el año 1985. Su último disco, Alborada en Cotobade, apareció en el año 1990.

Nació en la parroquia de Viascon, en Cotobade, el 4 de noviembre de 1920.

Su padre fue gaiteiro y acordeonista. Tuvo tres hermanos, dos de ellos, Xesús y Xosé, también músicos.

Con 12 años se mudó a Vigo con su familia. Allí recibió clases de gaita de Xosé Oliveira Blanco, miembro de Os Morenos de Lavadores.

Al estallar la guerra civil, su maestro marchó al frente y el padre de Ricardo es amenazado de muerte por los falangistas.

En 1939 se incorpora al servicio militar y en 1955 emigró a Venezuela, donde fundó la Escola de Gaita do Lar Galego de Caracas. A su regreso, en 1959, se estableció en Pontevedra, donde trabajó como protésico dental y, posteriormente, como celador en el Hospital de Montecelo. Considerado uno de los mejores gaiteiros de la historia, falleció el 24 de marzo de 1992.

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