La persiana metálica medio bajada es señal de que en el Puesto Piloto de Alcabre se redobla el trabajo. El célebre restaurante Mari Pepa -en manos de los hermanos Magaz desde hace años- cambiará mañana de identidad para abrir rebautizado como Toñi Vicente. La cocinera gallega más internacional presta así su nombre al proyecto con el que retorna a la ciudad en la que se estrenó tras los fogones hace casi tres décadas. "Regresar a Vigo era una idea que alimentaba hace tiempo", reconoce la hostelera, que deja el restaurante que dirigía en San Adrián. En la "aventura" le acompaña Magaz, propietario del Asador Soriano.

-Uno no pone su nombre a cualquier proyecto...

-Lo sé, pero creo en esta apuesta y en mí. Llego a ella con la intención de trabajar muy duro y me acompañan en el reto todos mis años de bagaje.

-¿Qué ofrecerá al cliente el nuevo Toñi Vicente?

-Una cocina muy autóctona y para todo el mundo. Queremos trabajar con productos distintos, nuestros, que se diferencien en cada temporada. Ahora, por ejemplo, empiezan las setas y la caza; en el verano vendrá el pescadito... Y todo ello, por supuesto, con mis toques personales y una cocina muy actual. Queremos ofrecer un producto asequible para todos los paladares.

-El proyecto nace en pleno temporal económico.

-Efectivamente. Por eso, dado los tiempos que corren, tendremos unos precios muy asequibles para todas las familias. Estamos en un contexto que obliga a hacer más con menos; la época de los platos caros se acabó.

-¿Qué precios ofrecerán?

-Vamos a tener un menú degustación a 35 euros y la media de nuestros platos andará en torno a los 15 o 16 euros. Otro elemento importante son las tapas. Toda la zona de la entrada estará dedicada a esos bocados, con lo que el cliente podrá escoger.

-¿Se puede maridar la tradición con lo novedoso?

-Se puede tener un poco de todo. Aquí ofreceremos una mezcla; por un lado una cocina más tradicional, con clásicos como el pulpo á feira, y por otro, platos... podría decirse 'más míos'.

-Usted es un referente en la restauración. Al abrir ahora este negocio envía el mensaje de que, para crecer, hay que apostar, aún con la crisis de frente.

-Es que hay que arriesgar al cien por cien. De todos modos regresar a Vigo era un sueño para mí, una de esas cosas con las que sueñas y llevas dentro. Siempre que cruzaba Rande me repetía: 'tengo que volver a Vigo'. Ahora se da esa circunstancia.

-¿La emoción ayuda?

-La cocina es emoción. Es lo bueno de este proyecto: es algo serio, con los pies en el suelo y que sopesa el momento en el que nace; pero al mismo tiempo no pierde su raíz emocional. Y a mí esas cosas me funcionan.