22 de abril de 2012
22.04.2012
VIDAS DE CALLE. Paseo Ángel Ilarri

Señor del pazo de Castrelos

Ángel Ilarri fue durante 40 años administrador y director del parque y museo "Quiñones de León" y creador de su colección de arte

22.04.2012 | 08:40
Bajo la placa, Ramón, Fernando, Mª Asunción y Marisa Ilarri Junquera, Enrique de Miguel, Mª Luisa Cobián, Amalia Fernández. Quique de Miguel Ilarri, María Ilarri Cobián, Fernando y Jorge Ilarri Fernández; May Jorquera, Marta Soneira. Sergio y Alicia de Miguel; Javier y María Ilarri . Maica, Pilar y Maribel Álvarez Ilarri, Pilar Eguía Ilarri. Rosa Junquera, Benigno Andrés, Pedro, Paula,y Pedrito Andrés Junquera

Como conservador del parque y el Museo de Castrelos, Ángel Ilarri mejoró sus instalaciones, creó la sala de Arqueología y fue el responsable de que este museo tenga hoy la colección más importante de pintura gallega. Pero Ilarri fue mucho más y casi imposible de resumir, pues creó el auditorio en una hondonada del parque, y transformó en el paseo que lleva su nombre, un camino que atravesaba el parque. Introdujo la camelia y organizó exposiciones de esa flor. Bibliófilo, numismático, filatélico, aficionado a la fotografía, melómano y apasionado de la mecánica... Quiso ser marino mercante y por eso sus padres, funcionarios de Correos y Telégrafos, pidieron traslado a Vigo

Durante 40 años, Ángel Ilarri Gimeno fue administrador y director del Parque y Museo de Castrelos Quiñones de León . Oficialmente desde el 15 de octubre de 1938 al 29 de mayo de 1979, "pero en la práctica hasta el 7 de agosto de ese mismo año, fecha en la que, al no haber sido nombrado un sustituto, envió un escrito al secretario del Ayuntamiento notificando la entrega de documentación y llaves del Pazo-Museo al funcionario administrativo de servicio en aquellas dependencias, Manuel Mallo Ricoy.
Su condición de director- administrador del recinto implicaba su residencia en el pazo, "concretamente en una de las dependencias anexas", recuerda su hija Marisa, que señala que "en aquellos años de 1938, el Pazo-Museo de Castrelos era un sitio muy alejado de la ciudad. Las Traviesas estaban lejos, La Gran Vía no existía. La instalación eléctrica databa de 1918. La energía se conseguía con un generador instalado por los antiguos propietarios y no había agua de la traída, el abastecimiento de la misma procedía de manantiales y fuentes, existentes en la finca, activados por una motobomba. El palacio, así se le llamaba entonces, disfrutaba de una servidumbre de aguas de los regatos que surcaban el cercano monte".
"Para mí, y para mis hermanos y hermana, señala Marisa, el recordar esa época, es entrar en un mundo que se abre empujando el portalón del recinto, con una secuencia de imágenes que fluyen entre luces, risas, canciones alegres, jazmines y manzanas, mezcladas con la lluvia y con el viento que tumbaba los árboles, apagaba las luces y encendía los quinqués de carburo, los candelabros con velas? Y nosotros contentos, con la chimenea encendida, escuchando a la abuela Rosa, prima de Petra, la madre de Curros, recitando los amores de Martiño y Rosa".
Un estrecho camino atravesaba el parque "por donde bajaban carros de bueyes cargados con las piedras de la cantera de Castrelos. Este camino, de tierra, lleno de baches, se iluminaba con un tendido eléctrico rudimentario, de cables y bombillas que colgaban de postes de madera que, cada dos por tres, derribaban las ramas de los árboles. Mi padre estaba orgulloso de haber conseguido transformar ese camino en un paseo por el que se puede circular y a la vez disfrutar del bosque. Ese es el paseo, que hoy, en su honor, lleva el nombre de Ángel Ilarri y que con los cambios introducidos, tiene poco que ver con el original, pues ahora es como una carretera".
Por las mañanas, temprano, antes de ir al Ayuntamiento, "daba una vuelta por los jardines e inspeccionaba las instalaciones del Museo. Al hacer ese paseo tenía por costumbre pararse a beber el agua fresca de la fuente de San Antonio. Se preocupaba también de que funcionase el surtidor del chafariz de la fuente de la entrada, que él hizo rehundir, para facilitar la visión de la fachada principal del palacio".
El auditorio y las camelias
También estaba orgulloso de la creación del Auditorio, "en una zona que antiguamente se inundaba con los acuíferos del Lagares. La idea de crearlo surgió en 1952, cuando se buscaba un lugar suficientemente grande para albergar un recital del Orfeón Donostiarra y se pensó en esa zona que, por su estructura en semicírculo con pendiente inclinada, que disminuía hasta quedar plana, parecía un anfiteatro natural. Se drenó el lugar y se habilitó de forma provisional un escenario de madera". Dos años más tarde empezaría a tomar la forma definitiva de auditorio para los Festivales de España en el verano.
Ilarri, creador de la más importante colección municipal de pintura gallega de los llamados renovadores, y organizador de las exposiciones al aire libre de La Princesa y El Castro "fue uno de los primeros, en nuestra comunidad, en ocuparse del estudio del origen y llegada a Galicia de la camelia. Además de organizar las exposiciones de la camelia, formó parte del jurado, y así fue, ya desde el Primer Concurso-Exposición Internacional de La Camelia celebrado en Vigo en 1966. Pronunció también conferencias divulgativas sobre la historia y conocimiento de esta flor. y en los jardines del parque introdujo la camelia alba plena y la Camelia reticulata".
Se preocupó de rescatar escudos y piedras heráldicas de familias relacionadas con los linajes de la ciudad y sus alrededores "y con las piezas recuperadas y las que fueron reproducidas creó el paseo de los escudos, colocados sobre el muro de contención de la rosaleda, en donde están las fuentes de San Antonio y Santa Ana".
Fue un gran aficionado a la fotografía. "Tuvo una máquina de cajón Kodak, una Voigthländer, y una Contaflex. Fotografiaba las excavaciones arqueológicas y los objetos y hallazgos encontrados; los escudos, las camelias, y las puestas de sol, que coleccionaba. Revelaba sus propias películas. Participó en un concurso fotográfico organizado por Foto Mecánico ganando algún premio".
Coleccionista de sellos y de monedas, desde muy joven, "llegó a ser un gran filatélico y numismático, capaz de detectar errores y variedades. Bibliófilo y melómano, le gustaba el teatro, el jazz, la ópera, y además cantaba. Buen jugador de ajedrez y mus, participó en algunos campeonatos con óptimos resultados. Tenía una colección de las revistas de Mecánica Popular pues era muy aficionado a componer y manejar toda clase de artefactos".
Sala de Arqueología
En cuanto a Arqueología, "sus colaboraciones en las excavaciones del Castro, Gándaras de Budiño, calle Pontevedra y Donón, fueron de importante aportación, reconocida en numerosas publicaciones. Creó la sala de Arqueología y llegó a ser un experto de referencia en Arte gallego; descubrió importantes documentos de la historia de Vigo "
Lamenta Marisa en esta evocación, la ausencia de Miguel Bernal y los que viven fuera de Vigo:en Madrid, sus hijos Ángel y Mª Jesús, nietos, Susy, Mayusa, Ángel, bisnietos, Javier, Álvaro, David, Mayusita, Daniel, Susita y Gelucho. En San Petersburgo su nieto Ramón; en Santiago de Chile sus nietos, Marisa y Marcos, y bisnietos Blanca y Jacobo; en Barcelona, sus nietos Miguel y Diana, sus bisnietos, Gala y Dylan.
Sus padres, telegrafistas, pertenecían al Cuerpo de Correos y Telégrafos del Estado. Después de varios destinos, llegaron a Vigo en 1928 porque él, que era el mayor de cuatro hermanos, quería ser marino mercante. Terminó sus estudios de bachillerato en los Salesianos. Su padre cae enfermo y él obtiene en Madrid el grado de operador de cinematógrafo, comenzando a trabajar en la empresa Fraga.
Su querencia por el mar continuaba y en 1934 obtuvo la medalla de cobre de piragua canadiense por parejas en la Travesía de la Ría a Cangas. Esa afición y su proyecto de hacer carrera de marino se vio truncada por la guerra civil, al ser enviado al frente.
En 1938, obtuvo, por concurso-oposición, la plaza de administrador y conservador del Museo de Castrelos. Durante cerca de diez años, se ocupó también de la administración del Hospital Municipal, que dejó en 1965.
Entre otras muchas distinciones y reconocimientos, recibió la Medalla del Trabajo y la de Oro de nuestra ciudad.

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