05 de abril de 2012
05.04.2012

Muerte en el mar de Finisterre

El 31 de marzo de 1882, chocaron y se hundieron los vapores "Douro" e "Irurac Batt", un naufragio en el que hubo 59 muertos

05.04.2012 | 08:40
Imagen del "Douro"

La noche del 31 de marzo de 1882, hace 130 años, tuvo lugar frente al cabo de Finisterre "un horrible siniestro marítimo". Dos grandes vapores, el Douro, de la Mala Real Inglesa procedente de Lisboa y el Irurac Batt, de Olano, Larrinaga y Compañía, de La Coruña "chocaron, sumergiéndose ambos en el océano". Al rescate acudió el vapor inglés Hidalgo de Hull, que navegaba cerca. Su capitán, Mr Turner, convertido en héroe, lo mismo que el capitán y el tercer oficial del Irurac Batt, vio las señales de naufragio y pudo recoger a 141 personas. Hubo 59 muertos.

El 31 de marzo de 1882, hace 130 años, chocaban y se hundían a la altura de Finisterre los vapores Douro e Irurac Batt. La crónica de FARO del día cuatro de abril daba cuenta de "un horrible siniestro marítimo ocurrido la noche del 31, frente al cabo de Finisterre. Los grandes vapores Douro, de la Mala Real Inglesa y el Irurac-Bat, de Olano, Larrinaga y Compañía, sufrieron un choque sumergiéndose ambos en el océano. Son hasta ahora muy pocos los detalles que se saben de esta catástrofe, de la cual se han salvado unas 170 personas recogidas por un vapor ingles que pasó por el lugar del siniestro momentos después y condujo los náufragos a La Coruña. Dícese que entre los muertos se cuenta el capitán y el Comisario del Douro".
Los barcos
Este vapor procedía del Brasil y Lisboa habiendo salido de este último punto el día 31 después de desembarcar en él 157 pasaderos. Su cargamento consistía en 16.263 bultos procedentes del Brasil, de los cuales, 15.600 eran sacos de café. Conducía además 30.000 libras esterlinas que el London and Brasilian Bank remitía a Londres.
El Irurac-Batt había abandonado el puerto de La Coruña al anochecer del 31 y navegaba con rumbo a la Habana. "El número de víctimas debe ser grande, por cuanto la dotación de ambos buques superaba los 200 tripulantes e ignoramos el número de pasajeros que conducían. El choque debió ser violentísimo".
Al día siguiente ampliaba la noticia, señalando que "lo que entonces ocurrió, es indescriptible, ni apenas hay quien dé razón de ello, únicamente puede formarse una idea aproximada de esta gran desgracia, si se tiene en cuenta que según se asegura, el vapor inglés conducía 54 pasajeros, a la vez que el español, llevaba más de 400".
Cuando este siniestro acontecía, "el vapor inglés Hidalgo de Hull, procedente de Alejandría, Malta y Gibraltar, pasaba cerca del lugar del suceso y habiéndose apercibido el bravo capitán Turner de que alguna desgracia marítima ocurría en aquellas inmediaciones por haber visto las señales de naufragio convenidas por medio de los cohetes de salvamento, se apresuró a hacer rumbo hacia el lugar indicado del siniestro en ocasión tan oportuna, que pudo recoger a bordo de su embarcación 110 personas entre tripulantes y pasajeros del Douro y 31 del Irurac- Batt".
Entre los diferentes detalles "debemos hacer especial mención del capitán y tercero del Irurac- Batt que durante el naufragio han permanecido constantemente sobre cubierta salvando a los pasajeros en los diferentes botes y salvavidas de que, en tan apurado trance pudieron hacer uso, siendo los últimos que se arrojaron al agua a nado, para recoger un gallinero que encontraron sobre las olas a muy poco trecho, continuando así hasta que llegó el Hidalgo y les salvó".
El mismo capitán tan pronto ocurrió el choque de los dos bajeles, "descendió a la cámara, y al observar en ella a una señora desmayada a la cual se hallaban cogidas dos criaturas de tierna edad, llevó a éstos sobrecubierta y volviendo a recoger a su madre, embarcó a los tres en un bote, continuando después en sus faenas de salvamento".
Cuidados
Unas señoras inglesas pasajeras del Douro "prestaron con un cariño verdaderamente fraternal, a todos los heridos, sus compañeros de desgracia, llegando al extremo de olvidar su desventura para atender al cuidado de sus semejantes proporcionándoles cuantos consuelos estaba a su alcance y suministrando a unos y a otros, té, café, medicinas y cuanto su buena voluntad hallaba más a mano para hacer mas soportable desdicha tanta".
Todos los pasajeros perdieron por completo los recursos de que disponían, "dándose el caso de que una señora que llevaba consigo tres millones que constituían su capital, se ve hoy arruinada, viuda, y con dos tiernos hijos que no obstante son su mayor consuelo y su contento".

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