Si las intenciones del Gobierno y la Conferencia de Rectores prosperan, las elecciones de mayo podrían ser las últimas que se celebren en la Universidad de Vigo. O las penúltimas. Porque la propuesta implica cambios profundos en las estructuras académicas del país. En el nuevo modelo, el sufragio universal desaparece y será un comité de sabios -un renovado Consello Social más activo y con mayores competencias- el que designe al rector. Éste tendrá total autonomía para llevar a cabo su proyecto, pero los controles aumentarán y, en caso de no cumplir objetivos, será despedido. Como en cualquier empresa. En Vigo, la medida causa discrepancias.

El actual rector, que ya maneja el borrador desde hace meses, defiende este giro en el gobierno de las universidades y asegura que las propuestas coinciden con su discurso de los últimos años. En concreto, cita el párrafo referido a la necesidad de contratar a profesionales externos para hacer frente a la mayor profesionalización de la gestión. “Cada vez es más complicada y llegar a un acuerdo de patentes requiere casi de un bufete de abogados”, explica.

Alberto Gago defiende un gobierno “más autonómico, flexible y responsable”. Respalda la idea de que el rector sea elegido por un órgano cuyos miembros destaquen por “su incidencia y prestigio en el ámbito social y universitario” y con la mayoría de competencias. “La designación podría realizarse de forma directa, a través de un concurso abierto, como se hace en Portugal, o eligiendo a partir de una terna, que es la opción más próxima a la cultura española”, expone.

El rector se convertiría “en una especie de consejero delegado”, en sus propias palabras, con capacidad para nombrar a los responsables de centros y contratar personal, pero toda esta libertad iría acompañada de mayor transparencia y ”una rendición de cuentas más moderna”.

“Las universidades pueden convertirse en autistas sociales en nombre de su autonomía y eso no puede ser”, critica. Por ello, defiende un debate nacional en el que prevé “un pulso entre modernidad y tradición”. Y considera que Vigo tendrá “menos dificultades” para adaptarse a los cambios que se avecinan.

Frente al entusiasmo de Gago, los dos candidatos a sucederle el próximo mayo se muestran más críticos con el borrador. El aspirante de su grupo, Salustiano Mato, lo califica de “globo sonda” y apela a la “intocable” autonomía de las universidades, aunque de manera distinta al actual rector.

“Estoy de acuerdo con todo aquello que implique que la sociedad participe y que el Consello Social tenga el papel para el que fue creado, es decir, el impacto en la sociedad y la economía y que funcione como un instrumento de inteligencia financiera, pero nunca a costa de dar un paso atrás en nuestra autonomía”, opina.

El líder de Alternativa Universitaria advierte que esta independencia es necesaria “para servir bien” a la sociedad. “Si no dejas que la comunidad universitaria tenga la última palabra o un peso significativo, la convertiríamos en un organismo dependiente de la Administración y esos ya existen”, añade.

Mato defiende la existencia paralela de mecanismos de control: “El más potente es la financiación. No nos debe asustar un modelo de contratos por objetivos. Pedimos a la Xunta los fondos que nos merecemos, no que nos los regalen. Es la mejor manera de que la Universidad contribuya a crear empleo, aumentar el PIB y solucionar los problemas de la sociedad”.

Escuela de democracia

El otro candidato, Jaime Cabeza, prefiere las urnas al comité de sabios: “Aceptaré las reglas que nos impongan, pero creo que una misión fundamental de la Universidad es ser una escuela de democracia y participación y creo la decisión de elegir al rector debe tomarla la comunidad y no venir desde un ámbito externo”.

El portavoz de Nova Universidade considera “poco deseable” un Consello Social “con más poder de decisión que el Claustro” y rechaza que el rector pueda elegir a los responsables de los centros. “Me gustaría un sistema menos presidencialista, no uno que ponga y quite decanos. Prefiero un rector menos mandón que el que dibuja la propuesta”, concluye.

El primer rector vigués, Luis Espada, rehúye “las rupturas” y aboga por ir avanzando “paso a paso” hacia un modelo más parecido al anglosajón si finalmente las universidades españolas apuestan por este cambio.

“Yo soy doctorado por Manchester y allí las cosas funcionaban así. Las mejores universidades como Oxford y Harvard se rigen por estos sistemas, por tanto, sabemos que tiene buenos resultados, pero es necesario consultar y dialogar primero, no imponer”.

José María Franco, doctor en Derecho por Wisconsin y presidente de la Asociación de Amigos y Antiguos Alumnos de la Universidad, es un buen conocedor de las estructuras de gobierno en las que se inspira la reforma. “No tenemos por qué seguir con un modelo obsoleto que no conecta con su entorno y el mundo empresarial. Las fuerzas sociales son las que deben elegir al rector porque son las que ayudan económicamente a la institución”, propone.

La consecución de fondos será clave en el futuro más inmediato y los rectores deben aplicarse a esta labor: “Y si no responden hay que quitarlos de en medio. Hoy en día, esto es inasumible”.