06 de febrero de 2010
06.02.2010
Faro de Vigo

Guardiana de la salud, pero sin bata blanca

Bárbara Rodríguez trabaja como mediadora de pacientes inmigrantes en el Ramón y Cajal tras licenciarse en Traducción por Vigo

06.02.2010 | 07:30
Bárbara Rodríguez, cuarta por la izquierda, con el equipo de Medicina Tropical y Parasitología del Ramón y Cajal.

En ocasiones resulta tan indispensable para la curación de los enfermos como los fármacos, pero su ámbito de trabajo no es la medicina, sino la comunicación. La lalinense Bárbara Rodríguez, licenciada en Traducción e Interpretación por la Universidad de Vigo, trabaja en el Hospital Ramón y Cajal de Madrid como mediadora intercultural o intérprete sociosanitaria. "Es una profesión tan nueva que no tenemos ni nombre", bromea. Forma parte del equipo de Medicina Tropical y desarrolla campañas de información sobre VIH, tuberculosis o salud maternoinfantil para inmigrantes africanos y latinoamericanos.

¿Cómo atender a un paciente que apenas chapurrea español o que sólo puede comunicarse a través de gestos? Escenas como ésta se repiten a diario en las consultas médicas de todo el país y, en la mayoría de los casos, los médicos deben paliar con intuición y mímica la falta de intérpretes.
Pero los gestos varían de significado en las distintas culturas y ni siquiera conocer el idioma del enfermo garantiza en todos los casos una atención médica de calidad. "Una mujer magrebí que iba a morir quería hablar con un imán, pero en el hospital sólo hay un cura. La mediadora debe saber qué mecanismos puede poner en marcha para conseguirlo", ejemplifica con un caso real Bárbara Rodríguez.
En algunas culturas está muy presente la creencia en el mal del ojo y el uso las medicinas tradicionales es habitual: "El médico debe conocer toda está información, puede resultar crucial". La independencia del paciente tampoco es comprendida por muchos inmigrantes. "Pierden la confianza cuando el doctor les da varias opciones de tratamiento", revela.
Bárbara intuyó este incipiente mercado de trabajo tras licenciarse como traductora en Vigo y en 2006 se matriculó en la primera edición de un máster de la Universidad de Alcalá de Henares para formar a intérpretes en servicios públicos como hospitales, tribunales o comisarías.
"Hice mis prácticas en el Ramón y Cajal y fui un gran alivio para ellos porque ya atendían a una cantidad importante de pacientes de África subsahariana", recuerda. Acabado este periodo y ante la falta de un puesto laboral específico, quedó adscrita a los proyectos de la Unidad de Medicina Tropical y Parasitología.
La primera campaña, financiada por el Gobierno y en colaboración con varias ONG madrileñas, consistió en proporcionar información sobre el VIH "cultural y lingüísticamente adaptada" a las comunidades africanas. En las charlas también participaban médicos y psicólogos de la unidad y se fueron extendiendo después a inmigrantes de Europa del Este, Latinoamérica y el Magreb.
Desde entonces, los proyectos han ido incorporado más dolencias y ámbitos de prevención como la tuberculosis, la salud maternoinfantil, enfermedades de transmisión sexual o el Chagas, una patología endémica en los países sudamericanos.
Otro de sus campos de acción son los consejos sanitarios para los inmigrantes que van a viajar. "Al vivir en España pierden la inmunidad a las enfermedades de sus países de origen y es importante que tomen medias de prevención cuando van de visita", justifica.
Bárbara habla inglés, francés y portugués, pero no es una combinación suficiente, ya que los africanos que no han sido escolarizados se comunican en alguna de las numerosas lenguas del continente. De ahí, la importancia de que los propios inmigrantes también se formen como mediadores. En el Ramón y Cajal impartieron el año pasado un curso de mediación con alumnos de diferentes países y con distintas culturas. "Salió muy bien y en sus prácticas, realizaron 109 interpretaciones. Ahora, aunque no les pagan, siguen viniendo como voluntarios", aplaude la experta.
Fichaje vigués
La Unidad de Medicina Tropical, que dirige el doctor Rogelio López-Vélez, está formada por una veintena de personas y uno de los últimos fichajes ha sido una viguesa, también formada en el campus, que ahora trabaja junto a Bárbara como mediadora lingüística.
Aunque por ahora es una profesión "que ni está reconocida ni se paga bien", ella confía en que acabe siendo una salida profesional consolidada.
En el plan de estudios de la facultad viguesa, esta formación, que debe incluir conocimientos lingüísticos y culturales, además de los propios del ámbito en el que se vaya a trabajar, existe como asignatura. Y son pocas las universidades españoles que la ofrecen como especialización tras la carrera.
"Nuestra presencia en la sanidad es necesaria. Ya no hablo sólo de la inmigración por razones económicas, sino también de los turistas y de los europeos que se jubilan y se retiran en zonas de la costa", concluye.
La sensibilización respecto a la atención de los inmigrantes va aumentando, opina Bárbara, aunque la situación de Atención Primaria es más precaria también debido a la "sobrecarga" de trabajo.
Los centros hospitalarios que no cuentan con intérpretes pueden echar mano de otras dos opciones: intérpretes telefónicas, un servicio que se puso en marcha en Cataluña hace varios años, y un programa informático que traduce a varios idiomas las preguntas del médico y las respuestas del paciente.

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