Hace dos días que se produjo el último atropello en el paso de peatones situado enfrente del camping de Samil. El segundo dentro de una indefinible lista de golpes e incidentes ocurridos sobre el asfalto de esa avenida. "No dejas de oír frenazos y coches a toda velocidad", relata María Zita Álvarez, residente en la zona. "Ya no cruzo por ahí porque me juego la vida", añade. "Hay dos contenedores tapando el paso, que como está al salir de una curva casi no se ve. Y muchas veces hay doble fila", se queja Óscar Suárez, empleado de la cafetería de al lado el camping.

"Aquí nadie va a cuarenta. Van a acabar con nosotros a base de atropellos", comenta indignado Jose Luis Fraga, otro vecino del entorno.

"Si quieres cruzar tienes que esperar hasta que alguien te pare", comentan Susana y Diego, habituales de la zona.

Los residentes sostienen que "va a tener que haber un muerto para que hagan caso a nuestras protestas".