Devoción y tradición volvieron a conjugarse ayer en una manifestación religiosa solamente comparable a la Semana Santa sevillana: la procesión del Cristo de la Victoria. Miles de fieles -creyentes, ateos, agnósticos...- acompañaron a la imagen del Crucificado durante las tres horas, aproximadamente, que duró el recorrido de unos dos kilómetros por las calles que circundan la Concatedral de Santa María. En esta ocasión, las obras de reforma en el entorno de la Alameda obligaron a modificar un recorrido que permanecía invariable desde que en 1989 la procesión cruzó la calle del Príncipe por última vez.

El mar arrastró ayer una niebla que refrescó el cálido ambiente de la víspera. Del mismo mar procedía, según la leyenda, la imagen más venerada en Vigo, no sólo por sus ciudadanos sino también por muchos residentes en municipios limítrofes. Eran cientos los que desde media tarde se arremolinaban por las calles del Casco Vello que confluyen en el atrio del templo para no perderse uno de los momentos más emotivos: la aparición de la imagen del Cristo. Eran las siete y media en punto, como es tradicional, cuando las campanas de la colegiata anunciaron el inicio de la procesión.

Un carro de unas dos toneladas de peso comenzó a arrastrar la talla del Crucificado hacia el lugar más emblemático del recorrido: la calle Real. La estrecha y centenaria calzada obligaba a extremar los movimientos a los cuatro carreros, mientras desde los balcones caía una lluvia de pétalos de flores.

Media hora tardó el Cristo en aparecer en el Berbés, donde fue recibido con una salva de fuegos que se prolongó algo más de una hora. En la explanada del barrio marinero, la procesión recuperó su estructura clásica: los fieles caminando por los laterales, en fila y con velas; el clero, con el obispo José Diéguez y el obispo emérito de Tui, José Cerviño; las autoridades, con la alcaldesa Corina Porro y la presidenta del Parlamento gallego, Dolores Villarino; y la banda de música de la Brilat de Pontevedra. La concejala Lucía Molares portaba el estandarte de la corporación local; mientras que el de la cofradía era llevado por el presidente de la Confederación de Empresarios de Pontevedra, José Manuel Fernández Alvariño.

Al pasar Cánovas del Castillo, la procesión dejó atrás Carral para iniciar el tramo novedoso del recorrido por Montero Ríos y Concepción Arenal. De Colón a Policarpo Sanz; y ya en la Porta do Sol se vivió otro de los momentos más emotivos: la ofrenda floral, con la participación de un grupo de mujeres ataviadas con trajes tradicionales gallegos.

Tras el himno del Cristo, la marcha continuó por la Plaza de la Constitución y la calle Triunfo para devolver a la Concatedral la imagen más venerada en Vigo, que ayer se volcó, como cada primer domingo de agosto, en agradecer y solicitar la ayuda divina.