El propio "Timón", que ya existía como tal cuando Josefa y su marido, Enrique, lo hicieron suyo en el año 47, el bar Comercio, la tienda Casa Pepe, Casa Míguez, El Tope, El Guanabara, El Carballo (hoy Carballeira) fueron durante años la hostelería de una calle hoy tomada por decenas de terrazas, restaurantes, cafeterías, cervecerías y locales de copas. En el otro extremo de la calle, Josefa evoca la terraza musical del hotel Universal "que fue una mina de oro para toda la calle porque traía mucho ambiente", el hotel Continental, la plaza de Abajo (cuyo espacio ocupa ahora el Hotel Bahía), el fielato, la fuente ya desaparecida...

La calle vivió muchos años mirando al muelle, al tren portuario, a los viejos talleres de carpintería del puerto, a las Aduanas. Luego, a inicios de los sesenta, vendrían los jardines, muy descuidados por épocas, el aumento del tráfico y el cambio de paisaje humano desde la emigración y el trabajo portuario a la navegación de recreo y el paseo. Son las mudanzas que Josefa Ríos recuerda de una calle que lleva el nombre de quien fuera diputado por Pontevedra en las Cortes constituyentes de 1869, hombre de confianza del rey Amadeo I de Saboya y, que, como ministro de Fomento, donara 2.500 pesetas (de las de entonces) a la viguesa Escuela de Artes y Oficios, como recuerda el cronista oficial de la ciudad Lalo Vázquez Gil, en su libro "As rúas de Vigo".

Josefa ve el presente de su calle con optimismo pero también con reservas. "Dicen que abren Vigo al mar y lo quieren cerrar con ese edificio que proyectan para A Laxe, es una pena".