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Varapalo económico

Golpe al bolsillo de los universitarios gallegos que ahora inician el curso en Madrid: el gasto en transporte puede llegar a triplicarse

El Gobierno de Díaz Ayuso exige el empadronamiento para beneficiarse del bono mensual de 10 euros para jóvenes

La Xunta seguirá sin pedir estar censado en Galicia para beneficiarse de los descuentos en su red de autobuses: «el modelo funciona»

Un hombre en la escalera mecánica de la estación de metro de Gran Vía, en Madrid.

Un hombre en la escalera mecánica de la estación de metro de Gran Vía, en Madrid. / Cézaro De Luca

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Paula Pérez

Paula Pérez

Santiago

Los estudiantes gallegos que inician en los próximos días el curso en alguna de las universidades de Madrid se están encontrando con una desagradable sorpresa que pone patas arriba su ajustado presupuesto. Además del importe de la matrícula universitaria, del alojamiento y del mayor coste de la vida que tendrán que soportar en la capital, sus gastos de transporte pueden como mínimo triplicados. La decisión del Gobierno de Isabel Díaz Ayuso de excluir del abono mensual a quienes no estén empadronados en la ciudad perjudica ya a los bolsillos de los trabajadores de Galicia desplazados allí, pero será aún más gravosa para los universitarios, que disponen de menos recursos y tienen más dificultades para empadronarse.

«Es un coste a mayores con el que no contábamos», lamenta la madre de una universitaria que empieza el curso en la Universidad Rey Juan Carlos. Además de pagar una matrícula de 2.600 euros y del alojamiento mensual en una residencia universitaria, que le supone 945 euros mensuales con media pensión, ahora tendrá que sumar a estos gastos lo que le cueste el transporte. Para desplazarse desde Alcorcón, donde residirá esta estudiante viguesa, hasta la facultad en Fuenlabrada debe coger un metro y un tren. Solo el metro, contando dos trayectos diarios de ida y vuelta, le supondrá 30 euros mensuales, a lo que tendrá que añadir los billetes de cercanías. Sin embargo, con el abono mensual de transporte el precio para jóvenes de entre 15 y 26 años saldría a solo 10 euros mensuales. Es decir, por no estar empadronada tendrá que pagar más del triple.

Conflicto con la Xunta

El Gobierno de Madrid decidió excluir de esos descuentos a aquellos residentes que no estén empadronados. El revuelo generado por esta decisión, que deja fuera a miles de ciudadanos desplazados en la capital por trabajo o estudios, obligó al Ejecutivo de Ayuso a ofrecer un convenio a las comunidades autónomas de procedencia de estos usuarios para que sufragasen sus gastos de transporte en la capital madrileña, lo que les permitiría conservar el abono mensual. La Xunta, visiblemente molesta con la medida adoptada por la Comunidad de Madrid, declinó el acuerdo.

El presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, advirtió que si Galicia tenía que financiar los descuentos a los gallegos residentes en Madrid, entonces el Gobierno madrileño también debería compensar al Ejecutivo gallego por las rebajas de las que disfrutan sus ciudadanos cuando viajan en la red de transporte de Galicia. Esa reciprocidad no existió y, por lo tanto, la Administración gallega dio portazo a Ayuso.

Desde la Consellería de Presidencia recalcan que en Galicia no se pide empadronamiento. «El modelo funciona y no supuso problemas, por lo que seguirá siendo el mismo». En todo caso, advierten que «están pendientes de su funcionamiento y evolución por si se detactase alguna mejora».

Dificultades para empadronarse

El resultado es que los estudiantes gallegos que empiezan el curso en Madrid se topan ahora de bruces con este gasto con el que no contaban, pese a que la medida se activó ya a mediados del pasado mes de junio. Y son miles los afectados. A modo de referencia, según los últimos datos del Ministerio de Educación correspondientes al curso 2023/2024, estudiaban en Madrid casi 4.000 universitarios gallegos.

Para esquivar esta subida, la única solución es empadronarse. El problema es que no es sencillo. Si se comparte piso de alquiler, el universitario necesita que el contrato esté a su nombre o bien que la persona titular del arrendamiento autorice el empadronamiento. Y si se vive en una residencia universitaria es aún más complejo. En teoría, en este caso, los estudiantes pueden inscribirse en el padrón si lo autorizan los propietarios del alojamiento, pero, en la práctica, estos establecimientos no suelen facilitar los trámites. «A nosotros nos dijeron que no se podía hacer», explica la madre de esta joven viguesa.

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