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Salud

Récord de escolares supervisados en Galicia por dolencias que pueden poner en riesgo su vida: más de 13.000

Cada semana se suman de media casi una treintena de niños o adolescentes al programa del 061 Alerta escolar, en el que predominan, sobre todo, los casos de alergias, aunque también proliferan pacientes de epilepsias o diabetes

Niños en un colegio.

Niños en un colegio. / Xoán Álvarez

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Carmen Villar

Carmen Villar

Santiago

Desde hace casi veinte años las Consellerías de Educación y de Sanidade, a través de la Fundación Pública Urxencias Sanitarias Galicia-061, van de la mano en el programa Alerta Escolar para proteger a un colectivo vulnerable: el alumnado aquejado por patologías crónicas que pueden desencadenar crisis agudas potencialmente mortales.

La cifra de niños y adolescentes beneficiarios de la iniciativa, que combina la atención de los docentes con las indicaciones del personal del 061 para ofrecerles, si lo requieren, una atención sanitaria «eficaz e inmediata», no deja de aumentar. El fenómeno viene impulsado por una mayor difusión y conocimiento del servicio, la inclusión de nuevas dolencias entre las supervisadas, la ampliación del rango de edades y el aumento de alergias, la principal condición registrada.

Todos esos factores confluyen en que cada año la cifra de pacientes especialmente vigilados en las aulas marque un nuevo récord, hasta los 13.139 contabilizados durante 2025, según datos facilitados por la Consellería de Sanidade. Un año atrás, la referencia se situaba en 11.721, lo que equivale a un aumento neto medio de unos 27 inscritos por semana a un programa en el que imperan, cuantitativamente, los estudiantes diagnosticados con alergias, sobre todo de tipo alimentario, como la alergia a los frutos secos.

De hecho, esas alergias afectan a casi la mitad (un total de 6.040) de los escolares inscritos en el programa, en el que también destacan los pacientes con epilepsia (3.256), los diabéticos, con 1.362 casos, y los asmáticos, con 263. Eso no significa que todos los niños asmáticos tengan que formar parte del programa, sino solo aquellos que «realmente» necesitan un «seguimiento más cercano».

Nuevas patologías

Aunque las tres principales crisis que contempla Alerta Escolar desde sus inicios, cuando apenas atendía 400 niños, son las alérgicas (anafilaxia) por exposición a alérgenos alimentarios, las comiciales (epilepsia) y las diabéticas (en general, hipoglucemias, es decir, descenso de los niveles de glucosa en sangre), se van incorporando progresivamente otras susceptibles de descompensación con compromiso vital y ya suponen la nada desdeñable cifra de 1.454 pacientes.

Desde el comienzo, el requisito general que permite a un niño o adolescente beneficiarse del programa, además de encontrarse escolarizado, es que padezca alguna patología crónica o esté afectado por alguna alergia grave, correctamente diagnosticada e informada mediante informe médico apropiado, en el que se concluya que el niño o la niña puede desarrollar alguna crisis en el tiempo de escolarización y en el que se puede recomendar algún tipo de actuación general o sanitaria, según el caso. Así se recoge en las primeras memorias de la Fundación Urxencias Sanitarias Galicia-061.

Para que «Alerta Escolar», enfocado en menores de 16 años tanto de centros públicos como de la red privada, pueda proporcionar a sus beneficiarios una «atención inmediata y lo más eficiente posible» si sufren una crisis o una exacerbación de su patología mientras están en la escuela, lo primero es tener a los pacientes bien identificados y que el centro conozca su patología, para que el profesorado, formado para reconocer los síntomas y en coordinación con un médico del 061, pueda prestar «una primera atención mientras no llegan los recursos adecuados».

Que el paciente esté previamente inscrito en una base de datos, con un acceso inmediato a sus datos clínicos, posibilita, según explica la Xunta, conseguir «un alto nivel de eficacia y una racional utilización» de los medios disponibles para la atención de la emergencia. Si hace falta, el docente implicado puede llegar a administrar al alumnado «de manera precoz una medicación pautada de antemano (conservada y custodiada en el centro escolar)», como puede ser una inyección de adrenalina, en el caso de reacciones alérgicas.

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