Entrevista | Jorge Dafonte Profesor de Gestión de Recursos Hidráulicos en Ingeniería Civil y Gestión de Recursos Hídricos en la Universidad de Santiago (USC)
«Es mucho más barato monitorizar y reparar las fugas de agua de la red que construir otro embalse»
El profesor de la Universidad de Santiago defiende que las presas deben ser «la última opción» por su impacto económico y medioambiental
Calcula que para recuperar los caudales y las reservas harían falta diez o más días de lluvia continuada con acumulados de 100 litros por metro cuadrado

Jorge Dafonte, ante el río Ouro en Alfoz (Lugo). / FdV

A pesar de las tormentas y las primeras lluvias de este lunes en Galicia, el final de agosto estuvo marcado por un problema de agua que ha dejado de ser una hipótesis de futuro. A 23 de agosto, 32 municipios continuaban en alerta por escasez, un escenario que la Xunta confía en reevaluar tras las últimas precipitaciones.
Técnicamente, Augas de Galicia distingue esta situación de la denominada «sequía prolongada», pero el descenso de caudales y reservas ha obligado ya a tomar medidas en varias cuencas. En ese contexto, la conselleira de Medio Ambiente e Cambio Climático, Ángeles Vázquez, abrió la pasada semana el debate sobre la necesidad de aumentar la capacidad de almacenamiento de agua en Galicia mediante nuevos embalses y avanzar en el conocimiento de las aguas subterráneas. Aún así, matizó que no se trata de «llenar Galicia» de presas. Sus palabras han reactivado, además, la reclamación del alcalde de Vigo, Abel Caballero, de construir un nuevo embalse aguas arriba de Eiras, en el Oitavén.
Jorge Dafonte Dafonte, profesor titular de Ingeniería Agroforestal de la Universidade de Santiago de Compostela (USC) y docente de Gestión de Recursos Hidráulicos en Ingeniería Civil y Gestión de Recursos Hídricos, introduce una idea distinta en ese debate: antes de construir hay que saber cuánta agua estamos perdiendo y cuánto recurso podemos recuperar con medidas de menor coste y menor impacto.
—¿Por qué bajan tan rápido los caudales en Galicia cuando pasan varias semanas sin llover?
—Tiene mucho que ver con el sustrato geológico. Predominan granitos, esquistos y materiales silíceos con poca capacidad general de almacenamiento de agua. Puede haber zonas fracturadas o meteorizadas que almacenen bastante localmente en el caso del Baixo Miño o A Limia, pero no tenemos grandes acuíferos. Por eso, si pasan dos meses sin llover, los caudales de los ríos y de los manantiales pueden bajar muchísimo.
—¿Podrían las aguas subterráneas garantizar el abastecimiento urbano?
—Para las grandes ciudades, no. No tenemos normalmente volumen suficiente. Otra cosa son villas pequeñas y núcleos rurales, donde sí pueden ser una solución importante. Hay que adaptar la respuesta a cada escala.
—¿Existe alguna experiencia que lo demuestre?
—Sí, Abegondo. Allí se localizaron zonas con aguas subterráneas y se desarrolló una red de pozos para abastecer núcleos rurales. En vez de que cada casa dependa de su propio pozo, se identifican puntos adecuados y se organiza un abastecimiento común. Para el rural puede ser una vía muy útil.
—La Xunta ha puesto sobre la mesa la posibilidad de construir nuevos embalses. ¿Es la solución?
—Un embalse tiene impacto ambiental y paisajístico, es caro, necesita mantenimiento y exige medidas de seguridad. Debe ser la última opción. No digo que haya que descartarlo si los estudios demuestran que es necesario, pero antes hay que analizar otras medidas más baratas y con menos impacto.
—¿Cuál debería ser la primera?
—Conocer y reducir las pérdidas de las redes. Es mucho más barato monitorizar la red y reparar las fugas que construir otro embalse. Antes de decidir una infraestructura nueva hay que saber cuánta agua estamos perdiendo, dónde y qué volumen podemos recuperar.
—¿Qué más puede hacerse antes de una nueva presa?
—Reutilizar agua procedente de depuradoras. El agua regenerada puede emplearse para regar jardines, limpiar calles, baldear o para determinados usos agrícolas, evitando gastar agua potable donde no es necesaria. También se pueden aprovechar las pluviales con depósitos o pequeñas balsas que recojan escorrentías. No hablamos de grandes embalses, sino de soluciones distribuidas que permitan guardar parte del exceso de agua del invierno para otros usos.
«Galicia no tiene aguas subterráneas suficientes para abastecer sus grandes ciudades»
—¿Sirven restricciones como cerrar duchas de playas o reducir baldeos?
—Ahorran agua y también tienen un efecto de concienciación. A veces llueve mucho un día y parece que el problema ha desaparecido, pero una tormenta puede aliviar la sequía agrícola y frenar temporalmente la caída de los caudales sin recargar realmente embalses o acuíferos.
—¿Cuánto tendría que llover estos días para que hubiese una recuperación hidrológica real?
—Necesitamos lluvia continuada. Como orden de magnitud, diez días o más y alrededor de 100 milímetros acumulados (que equivalen a 100 litros por metro cuadrado), aunque depende de cada cuenca. Incluso puede ser mejor que llueva cinco o diez milímetros diarios durante unos quince días o más. Primero tiene que humedecerse el suelo y después infiltrarse el agua. Si cae mucha de golpe, una parte importante se convierte en escorrentía.
—La Xunta también quiere estudiar mejor las aguas subterráneas. ¿Hay modelos fuera de Galicia?
—Madrid tiene pozos de emergencia que se incorporan al sistema cuando existen problemas con los recursos superficiales. Hay captaciones de gran profundidad; algunas rondan los 800 metros. No es un modelo trasladable directamente a Galicia porque nuestra geología es distinta, pero sí demuestra que pueden localizarse recursos complementarios para emergencias. La clave es combinar soluciones: menos pérdidas, agua regenerada, pluviales, pozos donde sean viables y almacenamiento.
Recrecer Eiras tendría menos impacto ambiental, pero abre otro problema: cómo abastecer Vigo durante las obras
—En Vigo vuelve a plantearse una nueva presa. ¿Y hacer recrecer la presa actual, elevándola para ganar capacidad? ¿Sería ambientalmente preferible?
—Personalmente creo que el impacto ambiental de un recrecimiento sería menor que el de construir una presa nueva, pero no significa que sea sencillo. Antes hay que estudiar previsiones climáticas, precipitaciones, temperaturas, evaporación, población abastecida y comprobar si la capacidad actual será suficiente en el futuro.
—¿Cuál sería el principal problema del recrecimiento?
—Cómo mantener el abastecimiento mientras se ejecuta la obra. Para recrecer una presa puede ser necesario bajar el nivel del embalse, y Eiras tiene que seguir suministrando agua a una población muy importante. Si durante las obras coincide un año seco, reduces precisamente el volumen de seguridad disponible. Además, hay que estudiar si la presa y el terreno soportan las nuevas cargas.
—Entonces, ¿descarta un nuevo embalse o el recrecimiento de Eiras?
—No. Digo que hay que estudiarlos después de explorar las alternativas. Primero debemos preguntarnos cuánto podemos ahorrar, cuántas fugas podemos eliminar, cuánta agua regenerada podemos utilizar, qué pluviales podemos almacenar y dónde puede haber captaciones subterráneas útiles. Si después de cuantificar todo eso sigue existiendo un déficit, entonces se estudia aumentar la capacidad de almacenamiento. El embalse debe ser el último escalón, no el primero.
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