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Medio rural

Del incendio a la sequía: las granjas afectadas por fuegos que no logran recuperarse

La falta de agua y la pérdida de pastos por la sequía y los incendios obligan a ganaderos y apicultores a comprar forraje y afrontar gastos extraordinarios

Estado en el que quedaron los montes en los que pastan la explotación extensiva de vacas de José Ángel.

Estado en el que quedaron los montes en los que pastan la explotación extensiva de vacas de José Ángel. / Fdv

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Elena Ocampo

Elena Ocampo

Vigo

La noche del 13 al 14 de agosto de 2025, José Ángel Prieto dejó los 400 silos de hierba seca para sus vacas atrás en Bustelo y se subió al tractor. Enganchó la cisterna y se fue a pelear contra el fuego allí donde las llamas se acercaban a las casas en Bustelo y otras parroquias de Vilardevós. «Estuve cuatro días y tres noches sin tocar la cama», recuerda. En apenas dos horas, el incendio había arrasado cierres, tuberías, pastos y cientos de rollos de hierba.

También murieron tres terneros que no pudieron salvar. Los vecinos le ayudaron a sacar animales del monte y, una semana después, los de Veiga das Meás reunieron más de 3.000 euros para pagarle un camión de hierba. Fue su manera de devolverle la ayuda. Un agradecimiento sonoro, aunque sin palabras, díficil de olvidar para el ganadero. Prieto había elegido defender el pueblo cuando su ganado corría peligro.

Un año después, el fuego ya no se ve, pero sus consecuencias siguen allí. Y a ellas se ha sumado la sequía.

José Ángel Prieto, con la cisterna que sube al monte para dar de beber a sus vacas.

José Ángel Prieto, con la cisterna que sube al monte para dar de beber a sus vacas. / Fdv

Prieto, de 40 años, cría unas 120 vacas y 80 terneros en extensivo en Vilardevós. Nutren los paladares más exquisitos de la certificación «Ternera gallega suprema». Hoy reparte las reses en montes de cinco aldeas y en nueve lotes. Unos animales beben de un pozo, otros de un naciente y para otros lleva agua en cisterna desde hace dos meses. Coge el tractor, llena el depósito en un estanque donde antiguamente se lavaba la ropa y sube el agua al monte. Antes bebían de un riachuelo.

«Cada año está afectando más», resume. Tras el incendio tuvo que comprar hierba hasta la primavera. Perdió rollos de hierba seca, además de silo y forraje que incluso tenía preparado para donar a Chandrexa de Queixa, también golpeada por los incendios. «Esos fueron los que más me dolieron», reconoce. Los cierres hubo que rehacerlos y montarlos también con ayuda vecinal y el monte, lejos de quedar definitivamente limpio, vuelve a llenarse de maleza. «Hay que empezar de cero».

Unións Agrarias estima en 164,1 millones de euros de pérdidas en producción de forrajes a causa de la sequía hasta principios de agosto.

La historia de Prieto concentra una paradoja del rural ourensano: explotaciones que sufren el fuego y, al mismo tiempo, mantienen el territorio. Él lo dice sin rodeos: «Las vacas fueron el cortafuegos». En los cinco pueblos por los que mueve hoy su ganado, asegura, ya no quedan otros animales. «Quizás gracias a ellas no llegó el fuego a las casas».

El golpe no termina en el vacuno. Tania Salgado, apicultora de O Bolo, perdió varios colmenares en los incendios del pasado verano. Lleva más de una década dedicada a las abejas y su familia maneja unas 1.300 colmenas repartidas entre O Bolo, A Veiga y Viana do Bolo. Para recomponer lo perdido compraron núcleos nuevos y dividieron colmenas. Hubo seguro y ayudas, pero el horizonte se estrecha. «Cada año vamos a peor. Volvimos a partir de cero, pero cada año vamos a peor. Si seguimos así, habrá que plantearse dejarlo, porque el calor extremo y la sequía cada vez afectan más».

En la apicultura, además, salvar las colmenas no significa salvar la producción. Marita Puga, presidenta de la Asociación Galega de Apicultura (AGA) y también productora, habla de un golpe encadenado: después del incendio llega la falta de floración. En su caso, con colmenas situadas en un souto de castaños en Lalín, la señal es evidente: «Ya no tienen nada que comer». La previsión de miel ha bajado porque «está todo seco», a lo que se suma una amenaza que nunca desapareció, la avispa velutina.

Mientras, Erika Fernández Ferrer conoce ese problema por duplicado. Esta ganadera de la comarca de Verín, logró salvar sus colmenas del fuego: "En ayudas, la Xunta nos dio alimento para lass abejas y el Ministerio 1500 euros como compensación, pero el colmenar afectado no produjo nada este año", reconoce. Ya que tiene 44 ovejas en producción semiextensiva, ahora le falta lo más básico. «Non hai pastos. Agora mesmo estamos a comprar cereais e forraxe». La sequía convierte así en gasto lo que otros años aportaba el monte.

Sin cambiar de provincia, el ganadero Xoán González Alonso sitúa el inicio de la presión mucho antes del verano. «Estamos apretados desde mayo, tanto por la sequía y el encarecimiento de los forrajes y los insumos, como porque no hay agua; han desaparecido fuentes y regatos que tradicionalmente estaban activos en verano», explica. Pastorea en montes de Vilariño de Conso y Viana do Bolo con 300 ovejas y 33 vacas vianesas, además de terneras de recría.

Explotación de ovejas y vacas de Xoán González, en terrenos de Viana do Bolo en Ourense, esta semana.

Explotación de ovejas y vacas de Xoán González, en terrenos de Viana do Bolo en Ourense, esta semana. / Fdv

Idemnizaciones de Agroseguro por valor de casi 217.000 euros

Estos testimonios ponen rostro a una factura que las estadísticas solo recogen en parte. Agroseguro cifra en 729.466 euros las indemnizaciones por incendios abonadas en Galicia entre 2017 y 2025, sumando seguros agrícolas y pecuarios, y recuerda que el fuego está incluido en la garantía básica de las pólizas agrarias. Matrizan que en el año 2025, recibieron partes de siniestro correspondientes a 254 hectáreas aseguradas en Galicia, prácticamente todas en la provincia de Orense. "La producción más afectada fue la uva de vino, seguida de los cultivos herbáceos y la indemnización fue superior a los 216.700 euros", precisan fuentes de Agroseguro.

También gestionaron 8 siniestros de ganado, la mayor parte correspondientes a explotaciones de aves de puesta, también, de vacuno de producción y reproducción en Ourense y en Lugo.

Cifras más livianas que las afectadas en el año 2026: "Tenemos muy pocas hectáreas declaradas con siniestro en Galicia" (explican por los incendios); "algo más de 3 hectáreas y nada de ganado", completan.

Volviendo al ganadero Prieto, reconoce que cobra ayudas de la PAC y cumple con la obligación de mantener las fincas limpias, entre otras. De no ser por esa ayuda, al precio al que vende la carne su actividad no sería rentable, argumenta. Antes trabajaba en un taller de aluminio, pero decidió hace 14 años volver a una actividad que ya conocía por sus padres. Querría jubilarse como ganadero, aunque admite que tampoco descarta «tirar con todo». Entre ambas posibilidades transcurre ahora la vida de muchas explotaciones: resistir un incendio, reconstruir y, antes de recuperarse, afrontar otra campaña extrema.

En Bustelo y su entorno, José Ángel sigue subiendo agua al monte y yendo a las ferias de Silleda a vender sus terneros de 10 meses. El tractor que hace un año llevó una cisterna contra las llamas transporta hoy la misma cisterna para que beban las vacas. Cambió el enemigo, pero no el esfuerzo.

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