Sector primaria
La sequía golpea a las granjas gallegas: «El maíz necesita agua y solo recibe sol y calor»
Ganaderos alertan de pérdidas de hasta el 60% en la cosecha y de menos leche, mientras la escasez de forraje dispara los costes de alimentación

El ganadero Román Santalla en su explotación de Lalín / cedida
Roi Rodríguez
El problema ya no es solo que los prados estén secos. Meses con pocas lluvias y temperaturas elevadas están alterando el funcionamiento de las granjas gallegas justo cuando deberían asegurar buena parte del alimento para los próximos meses. El maíz no termina de desarrollarse, escasean la hierba y el pasto, algunas fuentes empiezan a quedarse sin agua y el calor reduce la producción de leche. Para los ganaderos, menos forraje propio significa además tener que comprar más alimento y asumir mayores costes.
Román Santalla lo comprueba en su explotación de Lalín, con 280 cabezas de ganado y alrededor de 50 hectáreas. Su principal preocupación es el maíz, fundamental para alimentar a las vacas y castigado por la falta de agua en una fase decisiva. «El maíz está padeciendo muchísimo», explica. Cuando necesitaba agua para desarrollar las espigas, señala, recibió «sol, aire y calor». Calcula que en las parcelas más afectadas la cosecha podría quedarse en apenas el 40% de la de un año normal, es decir, perder un 60%. Allí donde el cultivo resista mejor, prevé recoger alrededor del 60% de una campaña habitual.
A la menor cantidad se suma una peor calidad, con menos grano. Producir una hectárea ha costado, según sus cálculos, entre 1.200 y 1.500 euros, y estima de forma prudente unas pérdidas de unos 500 euros por hectárea. Además, si falla el cultivo destinado al ganado, habrá que comprar alimento: «Sembramos maíz para alimentar al ganado y después perdemos la cosecha y tenemos que comprar alimento».
El calor también afecta directamente a los animales. Santalla ha incorporado sistemas de refrigeración y ventilación para reducir el estrés térmico de las vacas. Sin ellos, advierte, las consecuencias pueden ser importantes cuando las altas temperaturas se prolongan. «Las caídas de producción pueden ser brutales», asegura, y calcula que en determinadas explotaciones las mermas podrían rondar el 20%. Refrigerar las instalaciones limita el problema, pero aumenta la inversión y el consumo eléctrico. Santalla resume así el cambio que vive el sector: durante años las granjas se preparaban para el frío; ahora también tienen que hacerlo para soportar el calor.
El calor también pasa factura en la leche
En Trazo (A Coruña), Víctor Bello lleva 31 años dedicado a la ganadería. En Ganadería Bello ordeñan unas 160 vacas y cuentan con más de 300 animales entre vacas y novillas. Los problemas empezaron ya con los últimos cortes de hierba, que dejaron menos cantidad, y ahora la preocupación se centra también en el maíz.

Estado de la cosecha de maíz en la Ganadería Bello de Trazo / cedida
Bello calcula que podrían recoger en torno a un 35% menos de forraje de maíz que en un año normal e incluso superar el 50% en algunas fincas, como la de la foto superior. La merma obliga ya a administrar las reservas. «Tenemos que dar un poco menos de forraje para tener forraje para el invierno», explica. Al mismo tiempo, tendrán que comprar más pienso, elevando un gasto en alimentación que, según señala, supone más de la mitad de los costes de una granja.
El calor también se refleja en el tanque: estima que estos días las vacas están produciendo alrededor de un 10% menos de leche. Y una lluvia puntual, advierte, apenas resolvería el problema. «Tendría que llover una semana. Si llueve en septiembre ya no nos vale». Tras más de tres décadas en el sector, considera que, desde el punto de vista climático y del forraje, «posiblemente sea el peor» episodio que recuerda. «El problema es todo el tiempo que llevamos sin agua».
Menos alimento propio y más gastos
La situación se repite en otras zonas. Begoña Vázquez, coordinadora de Unións Agrarias en Pontevedra, explica que la organización está detectando problemas especialmente relacionados con la alimentación del ganado. El maíz se ha quedado pequeño en muchas parcelas porque dejó de crecer cuando necesitaba agua, por lo que se espera una cosecha escasa y con menor calidad nutricional. El pasto está muy seco y también aparecen dificultades de abastecimiento: hay vacas que ya no encuentran agua en algunos lugares donde bebían y determinadas traídas de las explotaciones empiezan a escasear.
Vázquez advierte además de que las lluvias tardías difícilmente permitirán recuperar todo lo perdido, porque el cultivo ya atravesó fases de crecimiento en las que necesitaba un agua que no llegó. El calor también está obligando a actuar dentro de las granjas. Explotaciones de leche con más de cien animales estabulados han tenido que instalar o reforzar sistemas de ventilación para frenar las caídas de producción. En algunas con ordeño robotizado, explica, las vacas permanecen más tiempo tumbadas por el calor y acuden menos al robot.

Begoña Vázquez, coordinadora de Unións Agrarias en la provincia de Pontevedra / cedida
«Hay explotaciones que no van a recoger suficiente alimento para cubrir sus necesidades y tendrán que comprarlo», advierte Vázquez. A las pérdidas de cosecha se suman así la compra de alimento, el gasto en ventilación y electricidad y una menor producción de leche, en un contexto en el que las granjas ya soportan costes elevados de gasóleo y fertilizantes.
Santalla cree que el problema va más allá de esta campaña. Recuerda otros años secos, como 2017, pero considera que el sector tendrá que adaptarse a una realidad distinta. En el campo, asegura, ya hay señales evidentes: «Se están secando fuentes que nunca se habían secado».
Fuente: El Correo Gallego
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