Medio rural
Galicia pasa de cero «megaincendios» de más de 10.000 hectáreas a al menos siete en solo cuatro años
Un informe de la Real Academia de Ingeniería sitúa a la comunidad como uno de los territorios donde el cambio de escala del fuego resulta más abrupto: menos igniciones, pero incendios cada vez más grandes, intensos y difíciles de apagar

Imagen aérea de un incendio. / Meteo Ferrolterra

Galicia no había registrado nunca, desde que existen series estadísticas comparables, un incendio forestal de más de 10.000 hectáreas. Esa frontera se rompió en 2022. Desde entonces, la comunidad ha entrado de lleno en una nueva etapa: dos incendios por encima de ese umbral aquel año y al menos cinco más en 2025, según el informe El problema de los incendios forestales en España: tendencias, impactos y mitigación, elaborado por la Real Academia de Ingeniería.
El documento recuerda que cinco de los diez mayores incendios registrados en España desde 1968 han ocurrido desde 2022, sin contar los que se están registrando este verano, y subraya que el cambio es «particularmente acusado» en Galicia. Y de nuevo, sale a la palestra el incendio de Larouco que superó las 37.000 hectáreas en 2025; los de Chandrexa, Oímbra y Porto-Casaio, que rebasaron las 20.000, considerando también la parte de Castilla y León; y se suma el de A Mezquita, que pasó de las 10.000 hectáreas.
La lectura del informe desplaza el debate clásico. El problema ya no se explica solo por el número de fuegos ni por la figura del incendiario. De hecho, la Real Academia de Ingeniería señala que el número de igniciones ha disminuido, mientras que los grandes incendios son cada vez mayores. Es la gran paradoja del nuevo régimen: arde más superficie aunque haya menos incendios.
La clave está en el tamaño y en la intensidad. En 2025, los 63 grandes incendios —los de más de 500 hectáreas— quemaron el 93% de toda la superficie afectada, y solo los 15 incendios de más de 5.000 hectáreas concentraron el 63% del total. El informe vincula este cambio con la llamada paradoja de la extinción: apagar rápido durante décadas, sin gestionar el combustible acumulado, reduce daños a corto plazo pero favorece fuegos extremos a largo plazo.
Combustible
Para Galicia, esa acumulación de combustible tiene una traducción conocida: abandono rural, pérdida de actividad agraria y ganadera, continuidad de matorral, sotobosque y masas forestales sin manejo suficiente. El documento insiste en que la propagación de los megaincendios depende de la carga de combustible, de su sequedad, de una fuente de ignición y de una meteorología favorable. Pero advierte de que el único factor sobre el que se puede actuar directamente es la gestión del combustible.
El informe también matiza debates habituales en Galicia. No sitúa el problema únicamente en los árboles ni en una especie concreta. Señala que, a escala estatal, cada vez pesa más la superficie no arbolada en el área quemada y que en Galicia también se observa una preponderancia de esas zonas.
Sobre los eucaliptales, precisa que su afectación es minoritaria a escala nacional, aunque reconoce que en Galicia las superficies quemadas en eucalipto fueron significativas en años como 2006, 2017 y 2023.
El cambio de escala tensiona además la extinción. En 2025, Galicia tuvo que afrontar 1.322 kilómetros de perímetros acumulados, una magnitud que obligó a priorizar actuaciones y dejar frentes sin atender. El informe advierte de que algunos fuegos empezaron con baja intensidad, pero no pudieron ser atacados a tiempo porque los dispositivos ya estaban desbordados.
La consecuencia es que los incendios dejan de ser solo un problema forestal. En 2025, la línea ferroviaria Madrid-Galicia se vio interrumpida y 17 incendios afectaron a pueblos o infraestructuras. El fuego entra así en la agenda de la movilidad, el turismo, la salud pública, la economía rural y la seguridad de núcleos habitados.
La conclusión de la Real Academia de Ingeniería es clara: el objetivo ya no puede ser solo apagar más, sino gestionar mejor el territorio. Reducir combustible de superficie, romper la continuidad vertical, recuperar mosaicos productivos, impulsar la ganadería extensiva, aplicar quemas prescritas y crear paisajes menos vulnerables. Galicia, que hasta 2022 no conocía incendios de más de 10.000 hectáreas, acumula desde entonces una cifra que cambia el diagnóstico: el megaincendio ha dejado de ser una amenaza futura para convertirse en una realidad recurrente.
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