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El riesgo de las llamas

Lo que debe contener un plan municipal de actuación ante incendios forestales

La herramienta municipal establece la estructura de mando, la activación del centro de coordinación y los métodos para avisar a la población

Superficie quemada por los incendios de 2025 en Vilardevós (Ourense).

Superficie quemada por los incendios de 2025 en Vilardevós (Ourense). / P. Armestre/Greenpeace

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X. A. Taboada

X. A. Taboada

Santiago

Un plan municipal de actuación ante incendios forestales debe ser, ante todo, una herramienta práctica para organizar la respuesta del ayuntamiento cuando un fuego amenaza a la población, las viviendas, las infraestructuras o los servicios básicos. No se trata únicamente de describir el territorio, sino de dejar establecido quién toma las decisiones, cómo se movilizan los recursos y qué medidas deben aplicarse en cada momento.

El documento debe comenzar definiendo su objetivo, su ámbito territorial y las funciones que asumirá el municipio. También ha de recoger el marco legal aplicable y explicar cómo se integrará en los planes autonómicos de emergencias, especialmente en el Plan Especial de Protección Civil ante Incendios Forestales de Galicia, el PEIFOGA.

Uno de los capítulos fundamentales es el análisis del municipio. Debe incluir datos sobre superficie, población, parroquias, altitud, red hidrográfica y características forestales. Especial importancia tiene la identificación de las zonas de interfaz urbano-forestal, es decir, aquellos lugares donde viviendas, urbanizaciones, industrias o equipamientos se encuentran próximos al monte. El plan debe señalar además los elementos más vulnerables: residencias de mayores, centros educativos, áreas recreativas, campamentos, gasolineras, depósitos de combustible, instalaciones eléctricas, patrimonio cultural o núcleos con dificultades de evacuación.

Toda esta información debe trasladarse a mapas operativos. La cartografía ha de localizar carreteras, pistas y caminos, puntos de agua, hidrantes, cortafuegos, franjas de gestión de biomasa, centros de acogida, zonas de confinamiento y posibles emplazamientos para los puestos de coordinación. La guía autonómica recomienda entregar esta información en formatos geográficos editables y con un sistema de referencia común.

El plan también debe establecer con claridad la estructura de mando. La alcaldía ejerce la dirección, activa o desactiva el dispositivo y coordina los medios municipales con el 112 y con la dirección autonómica. Junto a ella deben figurar un responsable técnico de la emergencia, un equipo de información y distintos grupos operativos: intervención, apoyo sociosanitario, logística y seguridad. Cada cargo tendrá asignadas funciones concretas y un sustituto.

Otro apartado esencial es el de los procedimientos. Deben fijarse los criterios de preemergencia y emergencia, los sistemas de recepción de avisos, la activación del centro municipal de coordinación y los canales de comunicación con el puesto de mando avanzado. También se detallarán los métodos para avisar a la población y las medidas de protección: confinamiento, evacuación, control de accesos, transporte y acogida de personas desplazadas.

Finalmente, el documento debe incorporar directorios actualizados, inventarios de vehículos, maquinaria y personal, modelos de comunicados, fichas de actuación, planes de autoprotección vinculados y consejos para la ciudadanía. Su eficacia dependerá de que se revise periódicamente, se impartan sesiones de formación y se realicen ejercicios o simulacros. Un buen plan no es el más extenso, sino el que permite actuar con rapidez, coordinación y responsabilidades bien definidas.

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