Salud mental
Galicia: casi 5.200 personas consumen hipnosedantes sin receta médica, revela un estudio de Sanidade
El consumo de hipnosedantes es mayor en mujeres y en personas desempleadas o pensionistas, según una encuesta de la Xunta

Pacientes en una sala de espera de un centro de salud. / Gustavo Santos

Cada vez más personas padecen o manifiestan problemas de salud mental, lo que se refleja en un «incremento paralelo» en el recurso a diferentes psicofármacos. En ese escenario, que dibuja la Consellería de Sanidade, se encuadran los medicamentos destinados a reducir síntomas como la ansiedad o el estrés o a mejorar la calidad del sueño, los hipnosedantes, un grupo de fármacos «muy útil», pero no «exentos de riesgos», desde intoxicaciones a abstinencia pasando por el aumento de posibilidades de caídas entre los mayores.
Aun así, más de 5.000 gallegos declaran haber consumido en el último mes estos fármacos, que incluyen diferentes familias, como benzodiacepinas y barbitúricos, sin que les sean prescritos por un facultativo. Pese a que su dispensación requiere receta, el recurso a amigos y familiares abastece a esa parte de la población y la Dirección Xeral de Saúde Pública cree que es «muy posible que exista una infradeclaración de este tipo de consumo debido a las reticencias de las personas encuestadas a aportar este tipo de información sensible».
La encuesta a la que alude Saúde Pública es la del SICRI (Sistema de Información de Conductas de Riesgo de Galicia), que pasó revista en 2024 a casi 8.000 gallegos, una muestra que, a juicio de la Xunta, permite «caracterizar con precisión el consumo de la población» y que revela cifras de consumo superiores a las que obtiene el Plan Nacional sobre Drogas en un sondeo a 2.000 ciudadanos en la comunidad.
Así, las respuestas del SICRI revelan que, «globalmente», un 19,9% de los gallegos de 16 o más años refiere haber consumido hipnosedantes en el último mes, un indicador que, según la Xunta, da idea de un consumo «actual». Ese porcentaje, equivalente a casi 475.000 ciudadanos, supera al registrado en la encuesta realizada un año antes, cuando se situaba en un 19,1%.
Uso sin prescripción
Entre quienes declararon haber consumido hipnosedantes en el último mes, el 1,1% —unas 5.200 personas— declaró que consiguió los tranquilizantes sin una receta, «la mayoría», apunta el Sergas, «a través de un amigo o familiar», aunque el cuestionario también incluía, entre otras opciones, recetas prescritas para otras personas, el recurso a traficantes o la compra por internet. Un año antes ese porcentaje era del 1,9%, si bien esta es la primera vez que Saúde Pública analiza en profundidad este tipo de fármacos en el marco del SICRI.
Si solo se analiza la franja de 16 a 64 años, para hacerla coincidir con el sondeo del Plan Nacional sobre Drogas, el dato gallego es un 52% superior en el indicador de consumo en el último mes, con un 14,9% frente a un 9,8%, lo que el Sergas asocia a su elevada muestra, que le permite analizar en detalle el fenómeno y los factores asociados.
Porque la intención de la Xunta no es realizar solo un recuento de consumidores: quiere estimar prevalencias de factores de riesgo para la salud o protectores para diseñar intervenciones en Saúde Pública. Con todo, la posibilidad de una infradeclaración en el uso sin receta junto a la falta de datos de adherencia en los casos pautados por el médico no permiten llegar a caracterizar el perfil de «mal uso» de hipnosedantes, tarea que Sanidade se propone abordar.
En todo caso, la evidencia disponible permite ya a Sanidade incidir en que «es importante limitar» la prescripción de estos fármacos «a las indicaciones de las fichas técnicas» y «mejorar el acceso a herramientas no farmacológicas de eficacia contrastada», en alusión tanto a sesiones de psicoterapia como a técnicas de relajación o rutinas de higiene del sueño, en función del problema.
Además, los datos ya permiten definir un perfil de usuario o, más bien, de usuaria. Saúde Pública utilizó dos modelos, uno teniendo en cuenta variables sociodemográficas y estilos de vida y otro, más completo, ajustado con factores relacionados con el estado de salud, también mental. Ambos coinciden en asociar el mayor consumo a mujeres y a personas en situación de desempleo o pensionistas, lo que «concuerda» con estudios que «sugieren que podría deberse en parte a la medicalización de un problema social».
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