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Educación

Galicia rediseña sus aulas y las blinda contra el cambio climático

El Plan de Nova Arquitectura Pedagóxica, que nació tras la pandemia y en el que Educación invierte más de 330 millones adapta los centros educativos contra temperaturas extremas: el futuro IES de Navia en Vigo y el Ceip de Ames, entre los ejemplos

Presentación de la construcción del IES Domingo Villar en el CEIP Alfonso Daniel Castelao de Navia

Presentación de la construcción del IES Domingo Villar en el CEIP Alfonso Daniel Castelao de Navia / Marta G. Brea

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E. O.

Vigo

Mientras colegios de Madrid, Valencia o Murcia encararon finales de curso este año con aulas «convertidas en hornos», ventiladores de urgencia y patios sin sombra, Galicia mira su mapa escolar con otra pregunta: cómo reformar hoy edificios pensados hace 40 o 50 años para que sigan siendo habitables dentro de varias décadas.

La respuesta de la Xunta se llama Plan de Nova Arquitectura Pedagóxica y pretende que el colegio deje de ser un pasillo con aulas rígidas para convertirse en un edificio flexible, ventilado, eficiente y preparado para un clima más extremo.

El secretario xeral técnico de la Consellería de Educación, Manuel Vila, consultado por FARO, sitúa el origen de este plan justo después de la pandemia, cuando la ventilación, la salubridad y el bienestar dejaron de ser cuestiones accesorias. «Repensar los centros» es la expresión que resume esa hoja de ruta, concebida, según Vila, con arquitectos, pedagogos, profesorado, familias y usuarios diarios de los edificios escolares.

Desde 2021, el plan suma casi 3.000 actuaciones y más de 331 millones de euros de inversión. Incluye obras de mejora, rehabilitaciones, ampliaciones y nuevos centros, además de las pequeñas y medianas intervenciones estivales agrupadas en el Plan Ben_Estar.

La Consellería prevé que la segunda fase se prolongue hasta 2028 con una inversión próxima a los 500 millones. Parte de un parque de unos 1.600 edificios educativos, muchos levantados hace cuatro o cinco décadas, cuando el cambio climático no condicionaba el diseño escolar y la palabra confort térmico apenas entraba en los proyectos.

El caso más simbólico es el futuro IES Domingo Villar de Navia, en Vigo. Nace como uno de los primeros centros completamente nuevos concebidos bajo este modelo, junto al CEIP de O Milladoiro, en Ames, y con el nuevo instituto de Pereiro de Aguiar ya proyectado. En Navia, el reto está en una parcela urbana, estrecha y alargada, con una fachada sur muy expuesta. La solución, explica la subdirectora de Construcións e Equipamento, Rosa Soñora, pasa por una envolvente muy aislada y por una segunda piel de grandes lamas de aluminio —un brise-soleil— que proyectará sombra sobre la fachada para reducir el sobrecalentamiento interior. No es decoración: es arquitectura climática.

La parcela viguesa tiene, además, «una carballeira» que el proyecto no interpreta como obstáculo sino como recurso. Se conserva para integrarla en el patio y generar zonas de recreo en sombra. A ello se añaden patios exteriores cubiertos, útiles tanto para resguardarse de la lluvia como para protegerse del sol.

Pero hay otros ejemplos. En Pereiro de Aguiar, concello de Ourense, la lógica será similar: aprovechar una zona arbolada y los desniveles para crear patios más frescos. La arquitectura escolar gallega empieza a leer el terreno como parte de la climatización pasiva.

La idea atraviesa también las rehabilitaciones, donde el margen de maniobra es menor pero la urgencia suele ser mayor. Soñora recuerda centros antiguos con grandes superficies acristaladas para favorecer la luz natural, especialmente en el Baixo Miño, se convertían en zonas «invernadero» cuando el sol incidía sobre fachadas mal protegidas. En esos casos, la respuesta ya no pasa solo por abrir ventanas: se miden temperaturas, se estudia cada edificio y se incorporan lamas exteriores, ventilación cruzada, carpinterías con rotura de puente térmico, vidrios de control solar, mejoras de cubierta y fachadas más aisladas.

Asimismo, en Salceda de Caselas, una ampliación incorporó protecciones solares y zonas vegetales de conexión entre el edificio existente y el nuevo. En tramas urbanas más densas, la solución se desplaza al interior: ganar espacios cubiertos, ventilados y utilizables durante más tiempo.

La Xunta insiste en que Galicia no vive, por ahora, una situación generalizada como la de otras comunidades más castigadas por el calor, aunque Vila admite que hay zonas —Ourense, el Miño, el sur de Pontevedra— donde el problema puede hacerse más visible.

Más incidencias por humedades

De momento y sorprendentemente, las incidencias que más llegan a la Administración siguen teniendo que ver con el invierno: humedades, filtraciones, goteras o cubiertas envejecidas. Pero esas obras también forman parte de la adaptación climática. Cambiar una cubierta ya no es solo evitar que entre agua; es reducir pérdidas de calor en invierno y ganancias térmicas en verano.

El plan incorpora ventilación natural cruzada como primera opción, ventilación mecánica cuando no sea suficiente, control de CO2, orientación solar, protección frente a deslumbramientos y sobrecalentamiento, vegetación autóctona, patios cubiertos y envolventes con fuerte aislamiento. En los centros nuevos y ampliaciones, añade Soñora, se prevén fotovoltaicas para autoconsumo y calderas o sistemas sin combustibles fósiles.

La Xunta ha instalado ya 62 fotovoltaicas y seis sistemas de biomasa desde 2021, y empieza a introducir aerotermia y geotermia «donde el terreno lo permite». También se actúa sobre lo menos visible: luminarias LED, reguladores de presencia y luminosidad, mejoras acústicas y sistemas de control.

El cambio no es solo energético. La nueva arquitectura pedagógica busca aulas que puedan abrirse, dividirse o agregarse; tabiques móviles; bibliotecas, comedores o foros capaces de asumir usos diversos; y zonas donde la tecnología no sea un añadido, sino parte del ambiente de aprendizaje.

¿Los colegios gallegos estarán preparados para un clima más extremo? La respuesta oficial es prudente: no existe una alarma generalizada, pero sí una hoja de ruta. Esa prudencia no evita el diagnóstico. El confort térmico ha dejado de ser una cuestión secundaria. En una aula demasiado fría o demasiado caliente "se aprende peor", reconoce Rosa Soñora. Y si el cambio climático adelanta olas de calor y alarga los veranos, la escuela tendrá que blindarse antes de que el problema entre por la ventana.

Vila añade, además, una derivada política y presupuestaria: la adaptación de la red educativa no puede recaer únicamente en las comunidades autónomas. Reclama al Gobierno central cofinanciación y un plan estatal de infraestructuras educativas que permita acelerar la renovación de centros envejecidos. Porque la arquitectura escolar, insiste, no se improvisa.

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