Futuro laboral
Las mejores notas de la PAU de 2020 aún están estudiando: la bioquímica Eva oposita al CSIC y el farmacéutico Diego, para trabajar en un hospital: «Queremos la tranquilidad de una plaza fija»
Seis años después de obtener la máxima calificación, los alumnos más brillantes de la selectividad de la pandemia sueñan con alcanzar un puesto fijo en su especialidad: «Estudio cada día», coinciden

Eva Sanmartín Vázquez y Diego Sánchez Pinzón. / FdV

Verano de 2020. Mascarillas. Gel hidroalcohólico. Aulas medio vacías tras el confinamiento. Galicia buscaba entonces una buena noticia entre la incertidumbre y la encontró (también) en las notas de la selectividad. Sobresalientes casi perfectos. Expedientes impecables. Jóvenes brillantes que parecían avanzar en línea recta hacia el futuro.
Seis años después, las dos mejores notas de la ABAU gallega de aquel año siguen estudiando.
La carrera universitaria no fue el final del camino. Apenas el primer tramo de una larga oposición hacia la estabilidad.
Mientras miles de familias gallegas vuelven estos días a hacer cuentas con las décimas de la PAU —un 13,2 que no llega para Medicina, un 11,8 que abre la puerta soñada o la cierra por unas centésimas—, los alumnos que rozaron la perfección académica en 2020 siguen peleando hoy por un puesto fijo. El vértigo ya no está en entrar en la universidad, sino en conseguir trabajo.
Eva Sanmartín Vázquez, del IES Santiago Basanta Silva de Vilalba, obtuvo la mejor nota de Galicia en la ABAU de 2020. Logró un 9,9 en la fase general y una media final de 9,96. Aquel verano tenía 17 años y la sensación de que el esfuerzo siempre encontraba recompensa. Hoy, con 23, prepara oposiciones para los organismos públicos de investigación con la vista puesta en el CSIC.
«Estoy muy contenta de haber estudiado Bioquímica, me encanta este campo», explica. Eligió el grado en Lugo después de muchas dudas vocacionales, terminó la carrera en cuatro años y completó después un máster en Sevilla. Ahora estudia por su cuenta para entrar en el sistema público de investigación científica.

Eva, que obtuvo la mejor nota en la selectividad del año 2000. / Fdv
«La verdad es que actualmente está muy complicado entrar en el mercado laboral, sobre todo en el mundo de la investigación. Hay muchas dificultades. Entonces surgieron estas oposiciones y lo vi como una oportunidad de conseguir una plaza fija, tener tranquilidad y estabilidad».
Investigación versus estabilidad
La escena ha cambiado bastante respecto a aquel julio de 2020. Ya no hay notas de corte que superar. Pero sí hay temarios, pruebas teóricas y la incertidumbre habitual de quien quiere dedicarse a la ciencia en España.
Eva habla con serenidad, pero detrás de sus palabras asoma la precariedad estructural de buena parte de la investigación. «Cualquier trabajo que me permitiese dedicarme a la investigación y tener estabilidad sería ahora mismo un sueño».
La verdad es que actualmente está muy complicado entrar en el mercado laboral, sobre todo en el mundo de la investigación.
Entre sesiones de estudio, entrena triatlón. Volvió hace poco a competir después de dejarlo parcialmente durante la carrera universitaria. La metáfora aparece sola: resistencia, disciplina y fondo. «La constancia y la perseverancia en el estudio me han permitido llegar hasta aquí», resume.
Mentras, el vigués Diego Sánchez Pinzón recuerda también perfectamente aquel verano extraño. Estudiante del CPR Plurilingüe Rosalía de Castro, obtuvo un 9,95 en la fase general de la ABAU y más de un 13,5 tras ponderar las específicas. Su nombre apareció entonces entre las mejores calificaciones de Galicia. Hoy sigue sentado ante apuntes, aunque muy distintos.
Diego eligió Farmacia en la Universidade de Santiago. Acabó la carrera en cinco años y ahora prepara el FIR, el examen que permite acceder a la formación sanitaria especializada para farmacéuticos, equivalente al MIR de Medicina. Quiere trabajar en un hospital y especializarse en análisis clínicos.

Diego, que alcanzó la segunda mejor nota en la PAU de 2020. / Fdv
«Farmacia me gustó un montón porque es una carrera muy variada. Tiene química, bioquímica, física… haces muchísimas cosas distintas», cuenta.
Mejor, en el laboratorio
Durante las prácticas descubrió que prefería el laboratorio al contacto directo con pacientes. «La relación paciente-farmacéutico no se me da tan bien como la del laboratorio», admite.
El año pasado se presentó al FIR apenas seis meses después de acabar la carrera y no consiguió plaza. No dramatiza. «Sabía que era una opción real. Las plazas son pocas y este año espero que sea el bueno».
Ahora estudia a diario en la biblioteca del campus compostelano. «Estudio todos los días. Igual me cojo una semana en agosto», dice entre risas.
Su objetivo también desemboca en la misma palabra que repiten muchos titulados jóvenes: estabilidad. «Aspiro a tener una plaza fija para análisis clínicos en hospital, que sería mi objetivo ideal».
La residencia dura cuatro años. Después vendrá otro examen, otra oposición o una interinidad. El horizonte laboral de los estudiantes excelentes tampoco es inmediato.
Una transformación personal
Ambos coinciden en algo más profundo: la transformación personal que llega después de abandonar el instituto. Diego reconoce que la universidad relativizó aquella obsesión adolescente por las notas. «Antes todo estaba enfocado a la nota. En la carrera me di cuenta de que los amigos y la vida universitaria también eran importantes».
La generación de la pandemia aprendió pronto que las matrículas de honor no blindan frente a la incertidumbre laboral. Los expedientes brillantes siguen siendo una llave poderosa, pero ya no garantizan un camino recto. Las dos mejores notas de la selectividad gallega de 2020 encadenan hoy oposiciones, exámenes y años extra de formación en busca de una estabilidad que parecía más cercana cuando salieron del instituto convertidos en símbolo del mérito académico.
Mientras tanto, estos días, otros miles de estudiantes gallegos vuelven a mirar compulsivamente las notas de corte y a calcular décimas. Algunos sienten que se juegan el futuro en una cifra con tres números. Tal vez dentro de seis años descubran, como Eva y Diego, que la carrera empieza justo después de entrar en la carrera.
En la carrera me di cuenta de que los amigos y la vida universitaria también eran importantes.
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