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Medio ambiente

La «vacuna» de las borrascas se agota y el bosque gallego regresa a niveles de riesgo de incendio similares a los del verano pasado

El «agua extraíble relativa» en los bosques gallegos, el porcentaje a la que pueden acceder los árboles, ha pasado del 100% a la mitad en solo cuatro meses

Los primeros incendios registrados en Galicia, como los de Boborás y Padrón, anticipan una campaña de riesgo por la rápida pérdida de humedad por el calor y la falta de lluvias

Vista nocturna, el 19 de agosto de 2025, del incendio de Valdeorras, el mayor de la historia de Galicia

Vista nocturna, el 19 de agosto de 2025, del incendio de Valdeorras, el mayor de la historia de Galicia / BRAIS LORENZO

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Elena Ocampo

Elena Ocampo

Vigo

Hace apenas cuatro meses, el monte gallego parecía incapaz de beber una gota más. Tras un invierno encadenado de borrascas, con suelos forestales saturados y ríos bajo vigilancia, la fotografía que ofrecía la aplicación «ForestDrought» era la de una Galicia con la esponja forestal al límite: el agua extraíble relativa rozaba el 100% en prácticamente todos los concellos. Aquella reserva actuaba como una suerte de «vacuna» temporal frente a la sequía y el fuego. Pero esa protección empieza a agotarse.

Del monte saturado de agua hemos pasado al riesgo de fuego. En solo cien días, Galicia pierde buena parte del colchón de las lluvias del invierno.

«El agua que cayó en invierno o principios de primavera, en cuanto llegaron las olas de calor y dejó de llover, se ha ido evaporando», explica a FARO Víctor Granda, investigador y desarrollador de la citada herramienta del Laboratori Forestal Català-CREAF. El modelo cruza datos meteorológicos, suelo, relieve y estructura forestal para seguir la evolución del agua disponible en los bosques y variables ligadas al riesgo de incendio, como el estrés hídrico de la vegetación o el contenido de humedad del combustible vivo.

Imagen de la aplicación, relativa al potencial de fuego en superficie.g

Imagen de la aplicación, relativa al potencial de fuego en superficie.g / Fdv

El cambio de escenario ha sido rápido. Donde en febrero había suelos saturados y excedente de agua hacia ríos y acuíferos, ahora empieza a verse una pérdida progresiva de humedad.

«A partir de mayo empieza a aumentar el estrés y el potencial de fuego ha ido aumentando», advierte Granda. Y subraya un dato relevante para Galicia: «Tenemos sequía estacional incluso en las provincias atlánticas de España, porque el contenido de agua baja y el riesgo de incendio sube».

La comunidad no está todavía en una situación extrema generalizada, pero el colchón hídrico se reduce. «Del 100% hemos pasado en Galicia a la mitad%», señala el investigador sobre el agua extraíble relativa.

El umbral más delicado aparece cuando esa disponibilidad cae por debajo de la mitad: «Por debajo de 50%, las plantas hacen un esfuerzo muy grande para absorber agua». En ese punto, los árboles pueden seguir vivos, pero funcionan con restricciones y pierden humedad interna. «Al tener menos agua, la materia de esos árboles es más combustible», resume.

El aviso llega, además, con los primeros incendios relevantes de la temporada ya registrados en Galicia. En los últimos días, los fuegos de Boborás, Padrón y Xermade han dejado una advertencia prematura antes del corazón del verano: casi 280 hectáreas calcinadas en Boborás, unas 350 en Padrón y 35 en Xermade, según las estimaciones de la Consellería de Medio Rural.

No prueban por sí solos una campaña difícil, pero sí encajan en una ventana de riesgo que se ha abierto con rapidez tras el calor y la falta de lluvias.

Granda insiste en mirar no solo el suelo, sino también la vegetación que arde. «El contenido de agua del combustible vivo» es una de las claves, apunta. En los índices de potencial de fuego, que van de 0 a 9, el umbral de vigilancia se estrecha: «Por encima de 6-7, si coincide con un contenido bajo en agua, empiezas a preocuparte».

La lluvia del invierno, por tanto, no blindó el monte gallego. Solo le dio margen. Y ese margen empieza a consumirse justo cuando el verano se aproxima y el bosque vuelve a niveles de riesgo de incendio similares a los del año pasado.

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