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El jabalí cerca el maíz: UU AA exige a la Xunta pasar de la reacción a la prevención

La organización agraria reclama una emergencia cinegética en las comarcas maiceras y planes obligatorios en los tecores

Cifra los daños causados en hasta 14 millones de euros anuales

Una finca de maíz dañada por jabalíes, en Meaño.

Una finca de maíz dañada por jabalíes, en Meaño. / Noe Parga

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Elena Ocampo

Elena Ocampo

Vigo

El jabalí vuelve a situarse en el centro del conflicto entre la gestión de la fauna silvestre y la viabilidad de las explotaciones agrarias gallegas. Unións Agrarias (UU AA) ha anunciado que solicitará de inmediato a la Xunta la declaración de una emergencia cinegética en las comarcas con mayor presencia de cultivos de maíz, así como la obligación de que los tecores —terrenos cinegéticamente ordenados— elaboren planes preventivos de daños antes de que las manadas entren de lleno en las fincas.

La organización agraria reclama un cambio de método: dejar de actuar cuando el perjuicio ya está hecho y anticiparse a los momentos críticos del ciclo del cultivo.

«Hay que ir por delante de los daños, no por detrás», defendió este miércoles en Santiago el responsable de Desarrollo Rural de UUAA, Xacobo Feijoo, durante la presentación de la propuesta.

El sindicato sostiene que la presión del jabalí sobre el rural gallego ha dejado de ser un problema puntual para convertirse en una tendencia estructural. Según sus estimaciones, los daños recurrentes superan los 10 millones de euros al año y pueden alcanzar los 14 millones, con especial incidencia en el maíz forrajero, que concentra alrededor del 70% del impacto económico.

Este cultivo ocupa unas 70.000 hectáreas en Galicia, sobre todo en A Coruña y Lugo, y resulta esencial para alimentar a la cabaña ganadera.

El coste no se limita a la pérdida directa de producción. UUAA advierte de que los ataques elevan de media entre un 4% y un 5% los gastos de alimentación de las explotaciones, aunque en las granjas más afectadas ese sobrecoste puede dispararse hasta el 12% o incluso el 20%.

Para muchas explotaciones familiares, ese margen puede marcar la diferencia entre sostener la actividad o acumular pérdidas.

Los daños se producen en dos oleadas. La primera llega en las semanas posteriores a la siembra, cuando los animales levantan el terreno en busca del grano. Después se abre una tregua aparente de unos dos meses, hasta que el maíz vuelve a ser vulnerable con la espiga madura, a partir de agosto o septiembre. Para UUAA, precisamente ese intervalo debe dejar de ser «un tiempo muerto» y convertirse en una fase de prevención activa.

UUAA advierte de que los avisos por daños de jabalí han crecido más de un 40 % en seis campañas, pese al aumento de las jornadas hábiles de caza y del esfuerzo cinegético

La propuesta pasa por que la Consellería de Medio Ambiente declare una emergencia cinegética temporal, incluso en periodo inhábil, con carácter preventivo. Sería, según el sindicato, una medida novedosa para actuar antes de que se produzcan daños masivos. En paralelo, reclama sentar a la Xunta, tecores, ayuntamientos en zonas libres de caza y representantes de las explotaciones afectadas para coordinar un plan operativo durante julio y agosto.

Ese plan debería incluir cartografía de zonas de riesgo, calendario de actuaciones, medidas disuasorias, desplazamiento de manadas con perros en áreas próximas a los cultivos, esperas o batidas puntuales donde sea necesario, y proyectos piloto con jaulas-trampa sin coste para los agricultores perjudicados.

UUAA también insiste en la alimentación disuasoria: distribuir alimento en el monte antes de los periodos críticos para evitar que los animales bajen a las fincas.

Los datos de la propia Administración refuerzan, según el sindicato, la necesidad de un giro. Los avisos por daños pasaron de 3.022 en la temporada 2018/19 a 4.269 en la 2024/25, más de un 40 % de incremento en seis campañas. Al mismo tiempo, la Xunta reconoce que han aumentado un 41% las jornadas hábiles de caza y un 12% el esfuerzo cinegético, con 15.573 acciones ejecutadas en la última temporada. Para UUAA, el resultado es claro: más días de caza no bastan si no hay planificación.

«La caza social no puede ser el pilar sobre el que apoyemos la solución», advirtió el vicesecretario general de UUAA, Félix Porto, que defendió una colaboración «constante y continua» con los tecores, pero bajo una dirección clara de la Xunta. La organización resume su diagnóstico con una imagen: «hace falta un director de orquesta y una partitura».

El sindicato advierte, además, de que el problema rebasa el ámbito agrario. La presencia creciente de jabalíes afecta también a la seguridad vial, a la convivencia en el territorio y al riesgo sanitario, con la peste porcina africana como amenaza latente. Por eso exige pasar de los expedientes de compensación parcial a una estrategia preventiva y coordinada.

En el rural, sostienen, ya no hay solo preocupación: hay indignación. Y el mensaje a la Xunta es directo: actuar ahora, antes de que el maíz vuelva a estar en el punto de mira.

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