Galicia triplica en cinco años las fincas en manos de la Xunta por el abandono del rural
La Administración gallega gestiona ya más de 6.000 tierras cedidas por particulare
El Banco de Terras tiene en cartera más de 19.000 propiedades, un 50% más que en 2021, aunque la superficie solo crece un 13% por el peso del minifundismo
Las tierras alquiladas rozan las 6.000, más del doble que hace cinco años, con Ourense como epicentro del abandono, pero también de la movilización agraria

Ensilado de maíz en una finca de Silleda. / Bernabé / Javier Lalín
R. Prieto
En el rural gallego se escucha cada vez menos el motor del tractor, los animales en las cuadras y los prados o las cuadrillas de familias y vecinos para recoger patatas, uvas… Donde hace años había bullicio de vacas, ovejas o cerdos y cultivos de todo lo que uno se puede encontrar en el mercado, hoy se ha impuesto el silencio. En aldeas donde antes cada finca tenía nombre y cada leira tenía dueño, hoy abundan las parcelas heredadas que nadie trabaja, los prados que se cierran por falta de manos y los montes que avanzan sobre antiguas tierras de cultivo. Galicia envejece, pierde población y se queda sin relevo, y ese proceso lleva a miles de propietarios mayores a entregar sus fincas al Banco de Terras porque ya no pueden atenderlas o porque no tienen a quién dejarlas.
Ese es el dato que mejor explica lo que está pasando en el rural. Desde 2021, las parcelas de particulares incorporadas al sistema puesto en marcha por la Xunta en 2008 para mediar entre los propietarios y aquellas personas que necesitan parcelas para usos agrícolas, ganaderos, forestales o de conservación de la naturaleza o el patrimonio se han triplicado. De las 1.943 que había registradas hace cinco años se pasó a casi 6.200 el verano pasado, según el último balance del Banco de Terras. El peso de las propiedades de particulares en manos de la Administración autonómica sobre el total de las fincas se dispara del 15,5% que representaba en 2021 a más de un 30%. Nunca antes tantos gallegos habían cedido sus tierras al organismo gestionado por la Xunta.
Este balance sitúa al Banco de Terras como el gran receptor del abandono rural. Un termómetro del territorio que se apaga y, al mismo tiempo, del que intenta resistir ante esa falta de relevo generacional y el éxodo del rural a las ciudades y concellos limítrofes. La otra cara de la moneda es que, mientras miles de fincas llegan al sistema por falta de manos, otras encuentran un nuevo uso gracias al alquiler agrario.
Minifundismo
En estos años, el Banco de Terras ha ensanchado su cartera de propiedades. En 2021 eran un total de 12.530 las parcelas gestionadas por la Xunta y en junio del año pasado ascendían a 19.173, lo que supone un aumento de más del 50%. Ahora bien, la superficie tan solo creció un 13%, de 6.290 a 7.100 hectáreas. La explicación es clara: las fincas que entran son cada vez más pequeñas. La superficie media bajó en este período de 0,46 a 0,37 hectáreas, un retrato del minifundismo de Galicia.
En paralelo al abandono, también ha aumentado la movilización real de tierra. Las parcelas cedidas al Banco de Terras que están arrendadas han aumentado. En 2021 eran apenas 2.500 y el año pasado alcanzaron las 5.966, lo que deja un salto del 139%. Son más del doble. Pero si además se suman las que están en proceso de arrendamiento —890— el volumen asciende a 6.856, casi el 36% del total. Las que cuelgan el cartel de disponibles superan las 6.500 frente a las poco más de 5.600 de hace cinco años.
Ourense protagoniza el vuelco
El vuelco territorial tiene un protagonista: Ourense. La provincia se ha convertido en el epicentro del cambio, ya que es donde más se abandona y también donde más se alquila para ampliar la superficie de las parcelas. En este período, Ourense pasó de 3.106 a 7.320 parcelas en manos de la Xunta. Pero lo más llamativo está en los arrendamientos: en los últimos cinco años pasó de 675 a 3.316, lo que supone cinco veces más. Y en el mapa autonómico del Banco de Terras, más de la mitad de todas las fincas alquiladas en Galicia están en Ourense.
En cuanto al resto de provincias, A Coruña suma en el Banco de Terras 5.779 parcelas; Lugo, 3.409; y Pontevedra, 2.665. En el caso de las que están alquiladas, las parcelas de la provincia coruñesa ascienden a 760, un 13%; en la lucense son 1.332, el 40%; en la ourensana, las 3.316 suponen un 45% de las gestionadas por la Xunta en la provincia y, finalmente, las 558 de la pontevedresa, un 21%.
El Banco de Terras se convierte en un espejo del rural gallego: hay más tierra que nunca en manos públicas, pero esa situación se debe a que cada vez más propietarios no pueden dedicarse al campo ni hay relevo que tome las riendas de la explotación. Las fincas de particulares gestionadas por la Xunta se triplican, las arrendadas se duplican y el sistema crece como nunca. Pero el problema de fondo sigue intacto: un territorio envejecido, sin relevo y marcado por parcelas cada vez más pequeñas.
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Fuente: La Opinión A Coruña
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