Garrapatas: qué favorece su aparición, cómo evitar una picadura y cuándo hay que ir al médico
La retirada rápida y correcta de una garrapata reduce el riesgo de transmisión de enfermedades
Conviene revisar la piel tras paseos por el monte, fincas, parques o zonas con hierba alta

Una garrapata. / EP
La presencia de garrapatas no se reparte por igual en todo el territorio gallego: hay áreas con mayor incidencia y momentos del año en los que el riesgo se dispara. Pero más allá de saber dónde aparecen con más frecuencia, la pregunta clave para cualquier persona que pase tiempo al aire libre es otra: qué favorece su presencia, cómo evitar una picadura y qué hacer si una garrapata se queda adherida a la piel.
Las garrapatas son pequeños parásitos que se alimentan de la sangre de animales y personas. No vuelan ni saltan, sino que suelen esperar en la vegetación —hierba alta, matorral, zonas de paso de animales, bordes de caminos o fincas— hasta engancharse a un huésped. Por eso, las salidas al monte, los paseos por senderos, los trabajos agrícolas, la caza, el contacto con ganado o mascotas y las actividades en parques o jardines con vegetación densa pueden aumentar la exposición.
Qué favorece la aparición de garrapatas
El calor, la humedad y la presencia de vegetación son tres factores que ayudan a explicar por qué las garrapatas se vuelven más visibles en determinadas épocas. Las temperaturas altas facilitan su actividad, mientras que los ambientes húmedos y con sombra favorecen su supervivencia. Las lluvias, la maleza sin desbrozar, la hierba alta y las zonas frecuentadas por animales silvestres o domésticos crean un entorno especialmente propicio.
También influye el cambio en los hábitos humanos. Con el buen tiempo aumentan las rutas por el monte, los paseos con perros, las comidas al aire libre y los trabajos en fincas o jardines. Ese mayor contacto con espacios verdes eleva las posibilidades de encontrarse con una garrapata, incluso en lugares cercanos a núcleos urbanos.
Aunque se asocian a zonas rurales o forestales, las garrapatas pueden aparecer también en parques, jardines, áreas recreativas, caminos con vegetación en los márgenes o terrenos donde haya animales. Por eso, la prevención no debe limitarse a quienes hacen senderismo, cualquier persona que frecuente espacios con hierba, matorral o animales puede estar expuesta.
Por qué es importante actuar rápido
La mayoría de las picaduras de garrapata no provoca complicaciones. Sin embargo, algunas garrapatas pueden transmitir bacterias, virus u otros agentes infecciosos si están infectadas. El riesgo no depende solo de la picadura, sino también del tipo de garrapata, del tiempo que permanezca adherida y de la forma en que se retire.
Por ese motivo, la rapidez es clave. Cuanto antes se detecte y se retire una garrapata, menor será la posibilidad de transmisión de determinadas enfermedades. Sanidad recomienda extraerla lo antes posible, preferiblemente durante las primeras 24 horas, y hacerlo con una técnica adecuada. No basta con “arrancarla”: una mala extracción puede dejar partes del parásito en la piel o aumentar el riesgo de exposición a fluidos potencialmente contaminados.
Cómo prevenir una picadura de garrapata
La mejor medida es evitar que la garrapata llegue a engancharse. En salidas al campo, zonas de monte o espacios con vegetación alta, conviene utilizar ropa que cubra la piel: pantalón largo, manga larga y calzado cerrado. La ropa clara ayuda a detectar antes cualquier garrapata que se haya subido al cuerpo.
También es recomendable caminar por el centro de los senderos, evitar atravesar zonas de matorral o hierba alta cuando no sea necesario y usar repelentes autorizados siguiendo siempre las instrucciones del producto. En el caso de mascotas, especialmente perros, es importante mantener al día los tratamientos antiparasitarios y revisarlas después de cada paseo.
Al regresar a casa, la revisión corporal es fundamental. Hay que observar con atención piernas, ingles, axilas, cintura, ombligo, cuello, orejas y cuero cabelludo. En niños, conviene revisar también la zona de la nuca y detrás de las orejas. Una ducha tras la actividad al aire libre puede ayudar a detectar garrapatas que aún no se hayan fijado.
Qué hacer si te pica una garrapata
Si se encuentra una garrapata adherida a la piel, debe retirarse cuanto antes. La forma correcta es utilizar unas pinzas de punta fina o borde romo, sujetar la garrapata lo más cerca posible de la piel y tirar de ella hacia fuera de manera firme, lenta y perpendicular. No debe girarse, retorcerse ni cambiar el ángulo de extracción.
Tampoco se deben aplicar aceite, alcohol, vaselina, calor, esmalte, productos irritantes ni otros remedios caseros. Estas prácticas pueden hacer que la garrapata libere más fluidos y aumentar el riesgo de transmisión. Tampoco hay que aplastarla, perforarla ni manipularla con las manos desnudas.
Una vez retirada, se debe comprobar que ha salido completa, incluidas las piezas bucales que permanecen adheridas a la piel. Después, hay que limpiar la zona con agua y jabón o con un antiséptico adecuado, y lavarse bien las manos.
Si es posible, conviene conservar la garrapata por si fuera necesaria su identificación posterior. Puede introducirse en un recipiente con alcohol de 70 grados o guardarse en un bote hermético. Este paso puede ayudar a los profesionales sanitarios si aparecen síntomas en los días o semanas posteriores.
Cuándo acudir al médico
No siempre es necesario acudir a urgencias tras una picadura, pero sí se recomienda consultar con un profesional sanitario si no se puede retirar la garrapata completa, si la persona afectada pertenece a un grupo vulnerable, si la picadura se inflama de forma llamativa o si aparecen síntomas compatibles con una infección.
La vigilancia debe mantenerse durante las cuatro semanas posteriores a la picadura. Ese periodo es importante porque algunas enfermedades transmitidas por garrapatas pueden tardar días o semanas en manifestarse.
Hay que acudir a un centro médico si aparece fiebre repentina, escalofríos, dolor de cabeza intenso, malestar general, dolor muscular o articular, fatiga extrema, ganglios inflamados o una erupción cutánea. También son señales de alerta las manchas rojas que se expanden alrededor de la picadura, especialmente si forman una especie de anillo, las erupciones generalizadas o la aparición de una costra oscura en la zona de la picadura.
En la consulta, es útil explicar cuándo se produjo la picadura, en qué zona ocurrió, cuánto tiempo pudo permanecer adherida la garrapata y cómo se retiró. Si se ha conservado el ejemplar, puede llevarse en un recipiente cerrado.
Errores frecuentes que conviene evitar
Uno de los errores más habituales es intentar desprender la garrapata con aceite, alcohol o calor. También es frecuente tirar de ella con los dedos, apretarla demasiado o arrancarla de forma brusca. Todas estas prácticas están desaconsejadas.
Otro fallo común es dejar de vigilar la piel tras retirar la garrapata. Que la extracción haya sido rápida no significa que haya que olvidarse del episodio. Durante las semanas siguientes conviene observar la zona y prestar atención a cualquier síntoma general.
También se debe evitar tomar antibióticos por cuenta propia. La decisión de pautar tratamiento corresponde siempre a un profesional sanitario, que valorará el caso según el tipo de picadura, la evolución de los síntomas y los antecedentes de la persona afectada.
La clave: prevenir, retirar bien y vigilar
Las garrapatas forman parte del entorno natural y su presencia aumenta en determinadas condiciones ambientales. No se trata de generar alarma, sino de actuar con prudencia. Usar ropa adecuada, revisar la piel tras actividades al aire libre, proteger a las mascotas y retirar correctamente cualquier garrapata adherida son medidas sencillas que reducen el riesgo.
La diligencia marca la diferencia: cuanto antes se detecte y se extraiga una garrapata, mejor. Y si en las semanas posteriores aparecen fiebre, erupciones, dolor intenso, fatiga marcada o cualquier síntoma extraño, la recomendación es clara: consultar con un profesional sanitario.
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