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«Ahora hay muchos más días al año en los que cualquier chispa puede provocar un incendio»

El coordinador de la UIFO alerta del aumento de los días de riesgo extremo las dificultades para condenar a los incendiarios y el impacto del cambio climático

El coordinador de la UIFO, Aurelio Mosteiro

El coordinador de la UIFO, Aurelio Mosteiro / Cedida

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Mateo Garrido Triñanes

Mateo Garrido Triñanes

Santiago

«Lo que antes no ocurría ahora sí ocurre». El coordinador de la Unidad de Investigación de Incendios Forestales (UIFO) de la Xunta, Aurelio Mosteiro, advierte de que Galicia afronta cada vez más días al año con condiciones extremas para el fuego. Mosteiro analiza en esta entrevista las causas detrás de los incendios intencionados, el impacto del cambio climático y las dificultades para llevar a los incendiarios ante la Justicia.

A menos de un mes de que empiece la temporada de alto riesgo de incendios en Galicia, ¿con qué escenario trabaja la UIFO de cara a este verano, sobre todo después de una campaña como la del año pasado, con récord de hectáreas calcinadas? ¿Qué factores preocupan más desde el punto de vista investigador?

Para nosotros, como todos los años, independientemente de los incendios que hubo el año pasado, la prioridad es detectar zonas del territorio gallego donde hay actividad incendiaria recurrente, bien porque ya se produjeron años anteriores o porque se van produciendo durante este año. Entonces focalizamos nuestras investigaciones en esas zonas donde se están produciendo este tipo de incendios de causa intencionada. Es la mejor forma que tenemos de ayudar a que el dispositivo pueda actuar de forma eficaz y eficiente en los incendios que se producen. Si reducimos la simultaneidad, nosotros desde la unidad de investigación ayudamos a todo el dispositivo a que se reduzca el número de incendios y que así se puedan disponer de más medios para actuar sobre los que están activos y trabajar en mejores condiciones.

Por lo que comenta, tienen áreas concretas identificadas que son más propensas a la intencionalidad en los fuegos...

Sí que hay zonas del territorio donde hay mayor concentración de actividad, quizá porque en el pasado hubo un uso del fuego como herramienta silvícola o como herramienta para el control de la vegetación en zonas rurales. Eso lleva a que esa utilización del fuego no se vea como algo tan perjudicial para el medio ambiente o el medio rural. Luego hay actividades sobre las que puede haber conflictos y eso genera resentimientos entre personas. Y ese resentimiento lleva a veces a que alguien provoque incendios. Otras veces hay temas cinegéticos, temas de control de la vegetación... Porque al haber disminución de población, la vegetación invade mucho las zonas rurales y los núcleos de población. Y hay gente mayor que ve que no tiene capacidad para frenar esa vegetación y tiene miedo a que llegue el verano y un incendio les ponga en peligro. Las motivaciones son múltiples. Lo que hay que hacer es investigar uno por uno: saber la causa primero y, si es intencionado, pues intentar identificar al causante.

Agentes de la UIFO trabajan en la recolección de pruebas

Agentes de la UIFO trabajan en la recolección de pruebas / Cedida

El año pasado la mayoría de los fuegos en Galicia se produjeron en la provincia de Ourense. ¿Tiene esto relación con esa mayor predisposición de la que habla?

Ourense y también el sur de Pontevedra son zonas muy parecidas en cuanto a intencionalidad. Allí hay más días al año en los que las condiciones meteorológicas favorecen que una persona que quiere provocar un incendio lo pueda hacer. Tiene más oportunidades con respecto a otras zonas del norte de la comunidad. Además, el combustible en Galicia tiene unos crecimientos muy altos en estos últimos años, con inviernos lluviosos y primaveras con temperaturas altas. Después llegan periodos de sequía en verano y el combustible tiene una disponibilidad absoluta para arder. Entonces en estas áreas lo que hay son más oportunidades.

Usted ha dicho en alguna ocasión que «el fuego habla». ¿Qué señales les permiten distinguir un incendio accidental de uno intencionado?

Cuando llegamos al incendio hacemos una inspección ocular. Antes, en gabinete, analizamos los datos meteorológicos, el viento y la geometría del incendio, es decir, el dibujo que deja la superficie quemada en el terreno. Todo eso ya nos da pistas sobre cómo se propagó el fuego. Después, sobre el terreno, el propio incendio deja marcas que permiten reconstruir cómo avanzó. Por ejemplo, en zonas próximas al inicio hay tallos de gramíneas que se inclinan hacia la fuente de calor. En masas de pino, el fuego puede provocar escamas en la corteza que saltan en dirección contraria al avance de las llamas. También el grado de afectación de la vegetación ayuda a identificar por dónde avanzó el incendio con mayor intensidad. Todo eso, junto con la pendiente y el viento, nos permite seguir el vector de propagación desde el perímetro final hasta el área de inicio, que es donde hacemos una inspección más minuciosa. A partir de ahí podemos determinar la causa y diferenciar si se trata de un incendio accidental o intencionado, por ejemplo si aparecen vestigios o indicios de artefactos incendiarios.

¿Siempre consiguen identificar el punto exacto de inicio?

No siempre. Hay factores que pueden modificar las señales y hacerlo más complicado. El punto exacto no siempre se consigue determinar, pero sí el área de inicio, que suele ser una zona algo más amplia y a la que normalmente sí llegamos.

Por lo que explica, entiendo que los tiempos son fundamentales...

Sí. Tenemos aplicaciones que nos avisan en tiempo real de que se está produciendo un incendio. Si son zonas recurrentes o prioritarias, o si hay una situación de gravedad, nos dirigimos inmediatamente. Cuanto antes llegamos, mejor, porque está todo más reciente. Además, el incendio todavía puede estar propagándose y el área de estudio es más reducida. Las nuevas tecnologías nos permiten tener fotos aéreas, ver cuándo se inició el incendio y disponer de mucha información que utilizamos para reducir el área que tenemos que revisar sobre el terreno. Imagínate, por ejemplo, incendios de 20 hectáreas. A lo mejor nosotros ya llegamos con una zona reducida de cuatro o cinco hectáreas sobre la que empezar a trabajar.

¿Esa rapidez ayuda también a preservar las posibles pruebas?

Claro. Si encontramos algo, balizamos la zona para que los medios de extinción no la pisen ni pasen por encima, porque ellos están atendiendo la emergencia y no siempre saben que esa es la zona de inicio. Puede pasar un camión, echar agua o destruir vestigios o elementos que sirvan para la investigación.

Hablaba hace un momento de las nuevas tecnologías. ¿Cómo han cambiado las investigaciones desde la creación de la UIFO en 2021?

Año tras año las nuevas tecnologías van llegando y nosotros tratamos de incorporarlas a la investigación. Tenemos herramientas informáticas de procesado y filtrado de datos. Hay un programa en la Dirección Xeral que recoge muchísima información y nos la transmite al móvil a través de una aplicación. Por ejemplo, cuando se produce un incendio nos llegan las primeras fotos de los medios que llegan al lugar. Podemos pulsar una tecla y nos marca la ruta más corta para llegar. También podemos conectarnos a las cámaras de vigilancia del monte para ver cómo evoluciona el incendio. En los helicópteros de extinción también se llevan cámaras que nos dan otra visión desde el aire. El primer medio aéreo que llega hace un vuelo y ya nos permite ver cómo está evolucionando el incendio. Además, todos los miembros de la unidad son pilotos de dron y hacemos vuelos que también aportan muchísima información. Todo esto nos ayuda a determinar más rápido el punto de inicio, establecer la causa y recabar pruebas.

¿Cómo se organiza actualmente la UIFO?

La UIFO está compuesta por 15 agentes ambientales. Hay un coordinador autonómico, dos coordinadores adjuntos y 12 agentes base. Además contamos con agentes en los distritos forestales, que son los primeros en llegar a los incendios y van recabando la primeras informaciones. También trabajamos con técnicos, informáticos y el resto del personal del dispositivo. Por otro lado, estamos organizados en tres grupos territoriales para cubrir mejor Galicia y poder desplazarnos rápidamente allí donde sea necesario.

¿Cómo es la coordinación con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad?

Tenemos contacto permanente con Policía Autonómica, Policía Nacional, Guardia Civil y Seprona. En muchas ocasiones hacemos investigaciones conjuntas y, cuando reunimos suficientes pruebas, las trasladamos a jueces y fiscales para que continúen la instrucción.

Se ha hablado mucho en Galicia de una supuesta trama incendiaria. Sin embargo, ni desde el punto de vista judicial ni desde el punto de vista policial se ha podido demostrar. ¿Qué fotografía hacen ustedes sobre los autores?

Nosotros no detectamos una trama organizada a gran escala. Lo que sí hemos encontrado en los últimos años es que, en algunas ocasiones, no actúa solo una persona, sino dos o tres conjuntamente. Hace poco salió en prensa una investigación conjunta con la Policía Autonómica sobre tres personas investigadas en la provincia de Ourense. Eso se sale un poco de lo que era habitual, que eran personas que actuaban en solitario.

Un agente de la UIFO.

Un agente de la UIFO. / Cedida

¿Por qué es tan complicado conseguir condenas judiciales?

Porque conseguir una prueba directa es muy difícil. Hay incendiarios que provocan un incendio y luego entran en un periodo de enfriamiento y pasan dos, tres o cuatro años hasta volver a actuar. Así que prever cuándo volverán a hacerlo también es complicado. La mayoría de investigaciones se basan en indicios y esas pruebas indiciarias tienen que ser muchas y estar muy bien conectadas para sostener una condena. Además, el delito se produce en espacios rurales y abiertos, no en viviendas o entornos urbanos donde hay más testigos, cámaras o vestigios. Sin embargo, cada vez las investigaciones son más sólidas y creo que también existe una mayor percepción de presión sobre los incendiarios.

Ha utilizado el término “periodo de enfriamiento”, muy habitual cuando en criminalística se habla de asesinos en serio. ¿Los incendiarios suelen reincidir?

Sí. Nosotros acumulamos datos históricos y sabemos que hay zonas donde determinados incendios se repiten varias veces en las mismas áreas de inicio. A veces es una forma de eliminar combustible o vegetación porque alguien no quiere que haya ese matorral o arbolado ahí. Cuando pasan unos años y vuelve a crecer, esa persona vuelve a provocar el incendio. No es fácil saber cuándo va a volver a actuar, pero se trabaja sobre eso.

En este momento, ¿qué peso tienen las negligencias?

Poco a poco la concienciación va mejorando, pero el cambio climático está provocando que haya muchos más días al año con condiciones favorables para que cualquier descuido provoque un incendio. Si antes había diez días al año en los que una colilla podía provocar un incendio, ahora pueden ser sesenta. Y creo que eso todavía no ha calado del todo en la población. Hay que insistir mucho en la precaución con quemas, maquinaria o cualquier herramienta que pueda producir chispas.

¿Cree que la sociedad es plenamente consciente de los cambios que se han dado en ese sentido?

No. Nosotros lo notamos mucho en la bajada de la humedad de los combustibles finos muertos y de la humedad relativa. Ahora hay muchos días al año, no solo en verano, en los que las condiciones son extremadamente favorables para que cualquier chispa provoque un incendio. Por ejemplo, si antes había diez días al año en los que una colilla podía provocar un incendio, ahora puede haber sesenta. Por eso decimos que la gente tiene que extremar muchísimo las precauciones y ser consciente de que el riesgo ya no se concentra únicamente en verano.

Fuente: El Correo Gallego

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