Obligación comunitaria
Más de 270.000 inmuebles gallegos deberán adaptarse a las exigencias de eficiencia energética de la UE
La Unión Europea exigirá que todos los edificios en Galicia tengan como mínimo una calificación energética E para 2030 y D para 2033

Obra de sustitución de un tejado. / Marta G. Brea
Pocas cosas se escapan a la vocación regulatoria de la Unión Europea. Sobre todo lo que tiene que ver con las emisiones. Así, tal como existe una rigurosa política de control sobre los coches, también la hay orientada hacia los edificios por el CO2 que pueden generar. Por ello, la Directiva de Eficiencia Energética en la Edificación obligará a profundas reformas en muchos inmuebles porque la UE exigirá que todos los inmuebles tengan como mínimo un certificado de eficiencia energética E —etiqueta que califica un inmueble calculando su consumo anual de energía— en enero de 2030 y D en 2033. Esto exigirá que en Galicia al menos 270.000 inmuebles (entre pisos y edificios) se vean abocados a meterse en obras o a cambiar sus aparatos eléctricos o de calefacción para adecuarse a las normas comunitarias.
En Galicia esta certificación es obligatoria para todos los bloques de viviendas o casas de nueva construcción y también para los de segunda mano que se quieran vender o alquilar. La clasificación se compone de 7 letras, de las cuales las cuatro primeras (A, B, C y D) se consideran aprobadas, mientras que las tres restantes (E, F y G) significan que no superan la prueba.
A día de hoy, según los datos de la Consellería de Economía, la Xunta cuenta en su registro con 356.415 certificaciones, de las que 269.336 estarían por debajo de los estándares de emisiones que exige la UE para los años 2030 y 2033, por lo que para entonces deberían reformarse para llegar a los niveles mínimos de eficiencia energética, para el caso, claro, de que se quisieran vender o alquilar.
Con la letra A hay 12.794 inmuebles en Galicia. Esto supone que su consumo es inferior en un 55% a la media. Con la B figuran 8.031 (su consumo oscila entre el 55% y el 75%); con la C están registrados 20.165 (entre el 75% y el 90%) y con la D hay 46.088 (su consumo equivaldría a la media). El resto, esos casi 270.000 inmuebles, se reparten entre las clasificaciones con suspenso: 175.519 con la E, 48.379 con la F y 45.438 con la G.
Aunque los precios de la energía son muy variables y dependen del contexto internacional, se calcula que una vivienda de 70 metros cuadrados con certificación energética E, la más común en Galicia, gasta más de 700 euros anuales en calefacción, refrigeración y agua. Ese mismo inmueble con una etiqueta B, la segunda en la escala, necesitaría desembolsar unos 280 euros, lo que supondría un ahorro en las facturas de casi el 60%.
La reforma de fachadas y el cambio de ventanas ayudan a mejorar el aislamiento térmico y suelen ser las modificaciones con mayor impacto, tanto en el coste de la obra como en el ahorro energético. Pero hay otras inversiones más ajustadas que también contribuyen a reducir los gastos, como instalar bombillas de bajo consumo así como sustituir los electrodomésticos o los sistemas de calefacción y agua caliente por otros más eficientes y sostenibles.
De hecho, las mejoras energéticas sencillas son las más recurridas por los gallegos, como reveló ayer el Instituto Galego de Estatística, pues en los últimos cinco años, el 43% de los hogares realizó cambios en la iluminación o renovó electrodomésticos para ahorrar en la factura de la energía.
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