Ex presidente
El Gobierno reivindica a Fernández Albor como figura clave del autogobierno gallego
La distinción a título póstumo reconoce la trayectoria de quien encabezó la Xunta entre 1982 y 1987
Su nieta recogió la Gran Cruz de la Real y Distinguida orden Española de Carlos III, que concede el rey

Un momento de la entrega de la distinción a la nieta, Xiana Fernández-Albor Batallán. / Fdv

El delegado del Gobierno en Galicia, Pedro Blanco, reivindicó este lunes en Santiago de Compostela la figura de Xerardo Fernández Albor, primer presidente de la Xunta en la etapa democrática, como «un hombre europeísta y galleguista que siempre tuvo a Galicia en el epicentro de su vida». Lo hizo durante la entrega, a título póstumo, de la Gran Cruz de la Real y Distinguida Orden Española de Carlos III, recogida por su familia en el Hostal dos Reis Católicos.
La condecoración, concedida por el Rey a propuesta del presidente del Gobierno, reconoce la trayectoria de quien encabezó la Xunta entre 1982 y 1987, en los años fundacionales del autogobierno gallego. Blanco entregó la distinción a Xiana Fernández-Albor Batallán, nieta del expresidente, y trasladó a la familia el reconocimiento del Ejecutivo central a una vida pública marcada por el servicio a Galicia y por su contribución al Estado de las Autonomías.
El delegado destacó la «valentía» de Fernández Albor al ponerse al frente de una autonomía que daba sus primeros pasos tras la aprobación del Estatuto. Aquella primera Xunta democrática tuvo que afrontar la puesta en marcha de competencias, la creación de una administración propia y la definición de un espacio político gallego en el marco territorial nacido de la Constitución.
«Cien años de vida y vida intensa y prolífica»
Blanco resumió la biografía del expresidente como «cien años de vida y una vida intensa y prolífica». Médico de prestigio antes de dar el salto a la política, Fernández Albor mantuvo después una larga vinculación con la vida pública, también desde el Parlamento Europeo, donde fue eurodiputado entre 1989 y 1999. Su perfil encarna a una generación de dirigentes que participaron en la transición desde las nuevas instituciones autonómicas.
Xiana Fernández-Albor agradeció la concesión de la Gran Cruz y evocó la dimensión más personal de su abuelo: su formación cultural, su respeto hacia quienes pensaban distinto y su compromiso con la educación, la cultura y la solidaridad. Recordó además su vocación de servicio al país y su voluntad de «termar por Galicia», antes de cerrar con una frase emotiva: «La gente no muere si la llevamos en nuestros corazones».
La Gran Cruz de la Orden de Carlos III se inscribe en la máxima distinción honorífica entre las órdenes civiles españolas. En este caso, honra la aportación de Fernández Albor a la consolidación institucional de la Galicia autonómica. Blanco felicitó a la familia por un reconocimiento a «una persona valorada, respetada y admirada», que hizo de Galicia el eje de su vida y de su acción pública.
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