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TIC

“Lo que más nos preocupa es la salud mental”: por qué los expertos instan a ser cautos en la relación entre la tecnología y los niños

Especialistas urgen a las familias a «empoderarse» y a la industria a tratar a los menores como tales y no como «clientes»

Antonio Rial Boubeta, director técnico del estudio "Infancia, adolescencia y bienestar digital".

Antonio Rial Boubeta, director técnico del estudio "Infancia, adolescencia y bienestar digital". / Xoán Álvarez

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Carmen Villar

Carmen Villar

Santiago

Casi cien mil adolescentes han sido encuestados en lo que Unicef define como «la investigación de mayor alcance a nivel mundial sobre el impacto de la tecnología en la infancia y la adolescencia» para obtener evidencias científicas que puedan apoyar una toma de decisiones «integral», en la que toda la sociedad tiene algo que aportar. Como explica Irene Marín, coordinadora de Unicef Comité Galicia, desde las autoridades a los propios niños, que deben ser escuchados, defiende, en lo que atañe a los procesos de decisión que les afectan.

«Es fundamental que se trabaje de forma coordinada desde todos los agentes que están involucrados en la protección a la infancia», sostiene Marín, quien recuerda que los datos obtenidos en este estudio, realizado por la Universidade de Santiago, contaron con los propios interesados, dándoles voz, y muestran que existe «un problema de salud pública» en lo que respecta a móviles, redes sociales, videojuegos o apuestas.

Violencia digital en la pareja: un 30% de afectados

Destaca, asimismo, la «importancia» que reviste la violencia digital en la pareja, un dato que no aparecía en el informe previo que Unicef realizó también en colaboración con la Universidade de Santiago con en torno a 50.000 estudiantes. Según el informe desglosado para Galicia, donde fueron entrevistados más de 3.300 alumnos desde Primaria a Bachillerato y FP de grado medio, uno de cada tres adolescentes que tuvo pareja en algún momento de su vida sufrió violencia digital.

«Hay cuestiones que han disminuido, como el uso de móvil en los centros educativos o el sexting», añade Marín. Sin embargo, reconoce que, por el contrario, se han incrementado la violencia y la ansiedad. «Un ámbito que nos preocupa», incide, «es el de la salud mental», de ahí, defiende, la importancia de trabajar en el bienestar emocional de los menores. Ansiedad, depresión y somatización pueden desembocar en conductas suicidas, advierte.

«Se necesita más formación y más información y campañas de sensibilización, tanto para el profesorado como para las familias», defiende la coordinadora de Unicef Comité Galicia, para que la comunidad sepa cómo abordar estas problemáticas. Además, aboga por «buscar alternativas de ocio» para los jóvenes, un cometido en el que considera que «debe implicarse» la Administración pública. Se trata, cuenta, de que haya espacios donde puedan hacer deporte, jugar...

El rol de la industria

Otra parte fundamental de ese entramado que tiene que coaligarse para desembocar en una mejor gestión de las tecnologías es la industria tecnológica. «Sin ella no vamos a ningún lado», advierte. «Si no se pone de nuestro lado y empieza a trabajar para que sus productos y servicios tengan en cuenta los derechos de la infancia no vamos a poder avanzar», argumenta, porque los niños constituyen el 30 por ciento de los consumidores de sus productos.

Para ello, explica, Unicef está impulsando una recogida de firmas mediante la campaña «Algorimo seguro ya», firmas que pretende presentar el próximo año al sector en el Mobile World Congress.

A la industria mira también, con ojo crítico, Antonio Rial Boubeta, profesor de la Universidade de Santiago y director técnico del macroestudio realizado en toda España, quien apoya la campaña de Unicef. "Se habla de la educación. La educación, sí, pero, ¿por qué no cambiamos la tecnología? ¿Por qué no una tecnología que sea comprometida, responsable y respetuosa con los menores? Porque llevan años tratándolos como clientes, como vehículos de negocio puro y duro, donde prima la rentabilidad e importa poco la salud", alega.

En ese sentido, aboga por un marco en el que estén distribuidas las responsabilidades, no solo los progenitores que deben regular cuándo comprar un móvil a sus hijos y controlar lo que estos hacen con los dispositivos. "Hay que empoderar a las familias y hay que usar todas las «bazas», defiende.

¿Y cuáles serían las recetas? Las que este especialista, referente también para La Moncloa en su campo, destaca un par: retrasar la edad de acceso al primer móvil, nunca antes de los 14, y hábitos de higiene digital.

Además, como Marín, insta a trabajar en unión con el sistema educativo, donde hay que buscar «las dosis adecuadas» de tecnologías, como se está haciendo ahora en Galicia, para un uso «equilibrado, pedagógico y saludable» en el aula.

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