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Acceso a la universidad

La selectividad no tiene edad: casi 900 gallegos mayores de 25 y de 45 años intentaron superar una prueba específica en la última década

Su rendimiento es inferior al de los bachilleres, pero más de la mitad logra salvar el escollo

La medida está pensada para quienes carecen de la titulación exigida para cursar estudios superiores y se les reserva un cupo mínimo de plazas en las facultades

Imagen de las PAU convencionales, las destinadas a alumnado de Bachillerato y de FP.

Imagen de las PAU convencionales, las destinadas a alumnado de Bachillerato y de FP. / ALBA VILLAR

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Carmen Villar

Carmen Villar

Santiago

Los estudiantes de Bachillerato ya tienen las notas. Pero su esfuerzo no finaliza aquí: todavía les espera una carrera de resistencia que les conducirá directamente al examen de selectividad, con el que medirán el expediente del instituto. De los resultados de esa ponderación, y de la competencia con otros compañeros que compartan sus aspiraciones, dependerá que entren o no en el grado preferido.

Pero estos jóvenes no son los únicos que afrontan con estrés una prueba en la que consideran que se juegan su futuro académico. Otros, de hecho, les preceden cada año realizando un examen de acceso similar, pero adaptado a sus circunstancias. Se trata, respectivamente, de los mayores de 25 y de 45 años que no cuentan con la titulación específica para entrar en la universidad, incluyendo el no haber realizado la selectividad en algún momento del pasado. Estos colectivos madrugaron más para hacer el examen (auqnue los de más de 45 disponen de otra vía —laboral— alternativa) y, de hecho, ya saben desde hace semanas si podrán o no sentarse en el aula de la facultad deseada a partir de septiembre.

Un examen blindado

Desde la CiUG, que gestiona su acceso como el del resto de colectivos, aseguran que las pruebas que afrontan estos grupos tienen «las mismas salvaguardas» —están igualmente blindadas para evitar su filtración— que las que a principios del mes de junio ralizará el alumnado de Bachillerato o de ciclos formativos de grado superior.

En la última década, casi 900 gallegos que en su momento «no tuvieron oportunidad de poder acceder a los estudios universitarios», se plantearon entrar en la carrera de sus sueños utilizando esta esta vía. En concreto, la CiUG, que también gestiona esta modalidad, registró 579 matrículas para las pruebas de acceso para mayores de 25 años y 304 para las diseñadas para mayores de 45.

No obstante, no todos los candidatos, de perfiles «variados», señalan desde la entidad, se presentan: uno de cada seis desiste incluso de intentarlo. Aun así, más de un 80 por ciento se anima a dar el paso de acudir al examen. Tampoco entre quienes se atreven con la prueba el éxito es generalizado: los más veteranos (mayores de 45 años) lo hacen mejor (aprueban dos de cada tres presentados) que los que concurren a través de la opción para mayores de 25 años, que consiguen el visto bueno en un 42 por ciento de los casos. La cifra, con todo, es bastante más baja que la registrada entre los bachilleres.

El plan B

Durante la última década, lograron así el apto para acceder a las facultades gallegas un total de 381 personas. Los aspirantes que lo intentan de este modo, explican desde la CiUG, tienen reservado al menos un 2 por ciento de plazas, caso de los que llegan a los campus por medio de los 25 años, o un mínimo de un 1%, si son mayores de 45 años. Las vacantes que no cubren unos y otros se aprovechan, añadiéndolas a la cuota general.

Aquellos que por sus circunstancias vitales tuvieron que esperar hasta mediada la cuarentena, o más allá, para intentar estudiar en la universidad, además de la opción del examen para entrar en un grado, se les ofrece la posibilidad de acreditar la experiencia laboral o profesional. Además, se incluye para este grupo de edades una entrevista orientada, sobre todo, a «dar información en caso de dudas sobre posibles titulaciones».

Los exámenes del futuro alumnado veterano

La omnipresencia de las tecnologías fue la protagonista del comentario de texto sobre un «tema general de actualidad» al que se enfrentaron este año los candidatos mayores de 25 años.

Brillar en el comentario, en particular en la respuesta a la tercera pregunta, que exige expresar valoraciones propias, no basta. Hay que estar vigilantes con la ortografía: los errores léxicos pueden costarle al aspirante 1 punto; los ortográficos, dos, y el registro inadecuado o falta de inteligibiildad, hasta tres.

Los postulantes que concurren por la modalidad de mayores de 25 tienen, en la fase general, la prueba del comentario, más las tres correspondientes a la Lengua y literatura castellana, Gallega y Extranjera. A esa se le añade la parte específica, donde se les examina de dos materias, en función de la rama de conocimiento elegida, para dirimir cómo están de preparados para afrontar un grado. Pero todavía tienen un examen más: la optativa, que también depende de la rama que pretendan estudiar.

En el caso de los mayores de 45 años, la prueba de acceso se reduce a tres ejercicios —el comentario de un texto o el desarrollo de un tema general de actualidad (este año tocó la «competición» entre ciudades por el alumbrado navideño) y las dos lenguas cooficiales de Galicia— más una entrevista personal.

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