Protección a la infancia
Acogedores con dedicación exclusiva: un contrato de 2.000 euros brutos y 450 por gastos del menor
Aldeas Infantiles SOS cuenta en Galicia con 17 familias contratadas y una pequeña lista de espera para cubrir las tres plazas restantes del programa Acolles+

Dos menores en una casa de acogida. / AESAF

La historia de Olalla, acogedora de dos hermanos con dedicación exclusiva, publicada en FARO de Vigo ayuda a entender una modalidad de protección a la infancia todavía poco conocida: el acogimiento familiar especializado. No se trata solo de abrir la puerta de casa. En muchos casos supone reorganizar por completo la vida laboral, familiar y emocional para atender a niños, niñas y adolescentes que necesitan una presencia adulta constante.
Ahí entra Acolles+, el programa que Aldeas Infantiles SOS desarrolla en Galicia en colaboración con la Xunta. Está pensado para menores tutelados por la Administración que tienen más difícil encontrar una familia en el circuito ordinario: grupos de hermanos, niños con necesidades educativas especiales, problemas de adaptación o situaciones que requieren apoyos específicos.
La clave del modelo está en la dedicación exclusiva. Al menos una persona adulta del hogar debe estar plenamente disponible para el cuidado. Y eso, en la práctica, suele ser incompatible con mantener un empleo fuera de casa. Por eso el programa incorpora una relación contractual con Aldeas Infantiles SOS. No se paga el afecto ni se convierte el acogimiento en un empleo convencional, pero sí se compensa la disponibilidad que exige una crianza especialmente intensa.
«Con este contrato, se trata de compensar la imposibilidad de hacer un trabajo fuera de casa, ya que es totalmente incompatible con el desarrollo de esa labor», explica la directora de este programa de acogimiento, Mª Jesús González Lorenzo. Esa contratación se articula como un contrato indefinido en la categoría de acogedor o acogedora especializada, con una nómina que ronda los 2.000 euros brutos mensuales.
Manutención, aparte
A esa cantidad se suma, además, una ayuda de 450 euros por cada niño o niña acogido para gastos habituales. Y, cuando existen necesidades concretas —por ejemplo terapias, tratamientos o apoyos específicos—, las familias pueden solicitar gastos extraordinarios. Es decir, el apoyo económico no funciona como incentivo, sino como una condición para que la dedicación exclusiva sea viable.
El sistema combina dos planos. Por un lado, está el contrato con la Administración, que convierte a la familia en guardadora de los menores. «Aquí es 24-7», resume González Lorenzo. Por otro, la relación laboral con Aldeas Infantiles fija tiempos de disponibilidad para formación, acompañamiento técnico, seguimiento y coordinación con el equipo profesional, en torno a 38,5 horas semanales.
El programa no exige una titulación concreta, aunque sí valora la capacidad de cuidado, la estabilidad del entorno, la red familiar, la motivación y las competencias parentales. Después llegan la sesión informativa, la formación inicial obligatoria, la valoración técnica y el periodo de adaptación. La idea es que el encaje sea realista antes de formalizar el acogimiento, porque para un niño que ya ha vivido rupturas una nueva marcha atrás puede ser especialmente dolorosa.
Solo una familia se echó atrás
De momento, solo una familia decidió no continuar, y lo hizo precisamente en esa fase inicial de adaptación, antes de que el acogimiento estuviese formalizado. Para la directora del programa, fue una decisión difícil, pero también responsable: «Se han autodescartado, por lo que a mí me parece valiente y honesto por su parte».
Acolles+ comenzó en 2022 como proyecto piloto con fondos europeos y se ha ido integrando en el sistema gallego de protección. Hoy cuenta con 17 familias contratadas y capacidad para llegar a 20. Las tres plazas restantes no están vacías por falta de interés: existe ya una pequeña lista de espera, con familias en valoración o en fases previas de información y formación. La entrada, en todo caso, no es automática: requiere preparación, acompañamiento y una evaluación cuidadosa.
La previsión del programa es atender hasta 30 niños, niñas y adolescentes. La Xunta ha convocado un nuevo concierto social para darle continuidad hasta 2029. El objetivo de fondo es sencillo de explicar y complejo de sostener: que menores que podrían crecer en un centro tengan la oportunidad de hacerlo en una casa, con rutinas, afectos y referentes estables. El acogimiento no es adopción, pero mientras dura puede cambiar una infancia.
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