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El cuidado familiar sigue recayendo en ellas: las hijas duplican a los hijos como cuidadoras principales

De los más de 2 millones de personas que actúan como cuidadoras principales en españa, la familia representa el 88%

Una mujer pasea a un anciano en una silla de ruedas.

Una mujer pasea a un anciano en una silla de ruedas. / Carlos Castro / Europa Press

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Santiago

Con datos de 2021, el informe El Derecho al Cuidado y la Economía de los Cuidados en España identifica más de 2,1 millones de personas cuidadoras principales en España. No todas son familiares ni todas informales, pero sí la gran mayoría: el 87,6% pertenece al entorno familiar de la persona cuidada. En este grupo destaca el peso de las hijas, que representan el 25,4% de las personas cuidadoras principales, frente al 12,5% de los hijos. La brecha de género también se observa entre los progenitores —los padres son el 1,6%, frente al 8,9% de las madres— y, aunque de forma menos acusada, entre las parejas: el 15,8% son mujeres o parejas femeninas y el 13,3%, maridos o parejas masculinas. En conjunto, las mujeres suponen alrededor del 6 de cada 10. 

El peso de los cuidados informales, prestados por no profesionales, también tiene consecuencis económicas. En la encuesta de población activa de 2024, un millón de personas indicaron que o bien no participaban activamente en el mercado laboral o trabajaban menos horas de las deseadas alegando responsabilidades de cuidados familiares. Suponían el 2,7% de la población potencialmente activa del país, un porcentaje que no ha hecho más que aumentar desde 2014, cuando era el 2%. 

El propio informe, elaborado por el Centro Internacional sobre la Longevidad, reconoce que los cuidados informales responden al deseo de muchas personas mayores de permanecer en su hogar, pero también pone el foco sobre la necesidad de quienes cuidan de ver su labor reconocida, tanto en términos oficiales como a nivel social. En este contexto, sus recomendaciones no pasan por sustituir sin más el cuidado familiar, sino por evitar que sea la respuesta casi obligada ante la falta de apoyos suficientes.

Para ello, plantea reforzar el sistema formal de cuidados —con más atención domiciliaria profesional, centros de día y recursos comunitarios— y, por otro, mejorar el reconocimiento de quienes cuidan en casa, con prestaciones adecuadas, cotizaciones a la Seguridad Social suficientes, formación, información y apoyo psicológico. También reclama medidas de conciliación y corresponsabilidad para que el cuidado no siga penalizando sobre todo la vida laboral de las mujeres. 

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