Educación
Las familias gallegas se ahorran 79 millones de euros al año en los estudios de grado y máster gracias a las becas
Con todo, los beneficiarios de ayudas en el curso 2023-2024 alcanzaron la cifra más baja en al menos doce años: menos de 21.600 estudiantes

Jóvenes universitarios en la biblioteca del campus de la UVigo en Ourense. / Iñaki Osorio

Aunque Galicia es la comunidad con las tasas universitarias más bajas y el Gobierno autonómico ha impulsado un modelo de gratuidad de la matrícula que permite al alumnado llegar desde la guardería a la facultad sin afrontar ese gasto si mantiene un buen desempeño académico, estudiar una carrera sigue suponiendo un esfuerzo económico significativo para los hogares.
Según el INE (Instituto Nacional de Estadística), las familias gallegas gastaron 311 millones de euros en educación superior en el curso 2023-2024, casi un tercio del desembolso total en educación en ese ejercicio.
Pero se habrían gastado 79,4 millones de euros más —390,4 millones— de no ser por las becas que los estudiantes de grado y de máster reciben de las autoridades educativas, en especial de la Administración General del Estado, que aporta más de nueve de cada diez euros del total.
Si bien las becas suponen una relevante inyección de fondos, teniendo en cuenta su peso sobre las cuantías analizadas, los datos del Ministerio de Universidades relativos a ese mismo curso, al 2023-2024, los últimos disponibles en detalle, muestran que este tipo de apoyos llegan cada vez a un menor número de estudiantes.
Beneficiarios menguantes
En concreto, los beneficiarios rondan los 21.600, cuando suelen superar los 25.000. En años especiales, como los pospandémicos, cuando en los institutos y la selectividad se abrió la mano y se «flexibilizaron» los criterios para aprobar o promocionar, se alcanzaron cifras de récord, en torno a los 27.000.
Detrás de la caída de becarios pueden estar varios factores, desde que el estudiante no consiga mantener el rendimiento que las instituciones exigen para salvaguardar las becas a que la mejora de la situación económica de más hogares los sitúe por encima del umbral económico que acota la posibilidad de acceder a estos subsidios.
Esta estadística oficial no refleja cuántas solicitudes son denegadas por incumplir los requisitos, académicos o económicos, pero sí recoge el indicador de tasa de pérdida de beca tras el primer curso. En la década más reciente, ese parámetro alcanzó en 2022-23 el porcentaje más alto, con un 38,4 por ciento de estudiantes afectados.
Y eso a pesar de que los jóvenes becarios rinden más que sus compañeros de aula, en aras precisamente de preservar las ayudas que reciben. Ese esfuerzo se concreta en que aprueban más materias, finalizan el grado en menos tiempo y salen de la facultad con una mejor nota media en el expediente.
Importes crecientes
El informe del Ejecutivo central permite asimismo constatar que, aunque los beneficiarios se reducen, no ha ocurrido lo mismo con las cuantías: los 79 millones de euros en importes concedidos en becas constituyen el máximo de la serie reciente publicada por el departamento que dirige Diana Morant.
La evolución de los importes refleja el salto cuantitativo que experimentaron las ayudas a partir del curso 2020-2021. Ese año, el Gobierno central reformó el Sistema Estatal de Becas y Ayudas al Estudio con la intención, según explicó en su momento, de «asegurar la igualdad de oportunidades para todos los estudiantes con independencia de su situación socioeconómica». Hasta entonces, por ejemplo, se exigía cierta nota media a los demandantes para alcanzar una beca completa y no, como ahora, un porcentaje de créditos. Además, el elevar el umbral 1 de la renta posibilitó a muchas familias alcanzar los beneficios plenos.
El desglose de los fondos ratifica el peso del Gobierno central en la financiación de las becas universitarias en 2023-24. Así, de los 79,4 millones en importes concedidos en Galicia en dicho curso, casi el 92 por ciento (72,9 millones) estaría conformado por las becas estatales, a las que se sumarían dos millones de euros procedentes de la Administración gallega y 4,4 millones aportados por las universidades públicas de la comunidad, financiadas a su vez por la Xunta. En ese curso todavía no se había implantado la gratuidad de la matrícula autonómica.
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