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Cambio climático

El mapa del fuego no mira al pasado: 120.000 incendios simulados señalan nuevas zonas críticas en Galicia

El informe destaca el suroriente de Ourense, Zamora, León y Trás-os-Montes como un eje con alto potencial para grandes incendios

Desvelan zonas inesperadas en la costa norte y la montaña de Lugo

La Direccion Xeral de Defensa do Monte ya está siguiendo estos resultados

Mapa con los puntos en que se realizaron las simulacoines de fuegos.

Mapa con los puntos en que se realizaron las simulacoines de fuegos. / Fdv

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Elena Ocampo

Elena Ocampo

Vigo

El fuego que viene no siempre se parece al fuego que ya pasó. Esa es, quizá, la advertencia más incómoda del trabajo que acaba de presentar la Universidade de Vigo: un estudio basado en más de 120.000 incendios forestales simulados alerta de áreas con alto potencial para grandes fuegos en un corredor inmenso que va desde Fisterra hasta prácticamente Marsella. Y entre todos los territorios analizados, hay un eje que emerge con especial fuerza: el suroriente de Ourense, Zamora, León y Trás-os-Montes.

No es una frontera administrativa. Es una frontera de combustible, relieve y clima. Y, en determinadas condiciones, el fuego puede ignorar todas las demás.

La investigación forma parte del proyecto «SUDOE USE4FOREST», coordinado por la Xunta a través de la Consellería do Medio Rural, y fue presentada esta semana por la investigadora Laura Alonso en la 8th International Fire Behaviour and Fuels Conference, organizada por la International Association of Wildland Fire, uno de los principales foros internacionales sobre comportamiento del fuego.

El equipo de la Universidade de Vigo —Thais Rincón, Laura Alonso, Juan Picos y Julia Armesto— no se limitó a revisar dónde ardió el monte en las últimas décadas. Hizo otra cosa: preguntarse dónde podría arder de forma devastadora aunque aún no haya ocurrido.

Para ello, simularon incendios en Galicia, Castilla y León, País Vasco, norte de Portugal y sur de Francia, con distintos escenarios meteorológicos y puntos de ignición distribuidos de forma sistemática. Detrás hubo más de 2.000 horas de computación, «casi como la vuelta al mundo en 80 días», resume gráficamente Juan Picos, ingeniero de Montes y subdirector de la Escuela de Ingeniería Forestal de la UVigo. La base fue un software del Servicio Forestal Americano, sobre el que el equipo programó rutinas propias para automatizar procesos y consolidar resultados.

La palabra clave, insiste Picos, no es riesgo en sentido clásico, sino potencial. «Más que proclive, nosotros analizamos el potencial, es decir, dónde, si se dan las condiciones, podría haber grandes incendios por la combinación de combustible —vegetación— y topografía», explica.

Y ahí aparece una de las señales más claras del estudio: «El área Ourense suroriental, Zamora, León y Trás-os-Montes es una de las que apareció en los resultados que calculamos el pasado mes de junio. Agosto, lamentablemente, confirmó en parte ese potencial». Otra zona destacada se sitúa en el Sistema Central, entre las dos Castillas y Extremadura.

El hallazgo tiene una lectura especialmente sensible en Galicia. Porque junto a territorios históricamente asociados al fuego, las simulaciones desvelan áreas menos obvias, incluso inesperadas. «En Galicia, aunque parezca paradójico respecto a lo usual, aparecen áreas como la costa norte o la montaña de Lugo que, pese a no ser los sitios habituales, tienen potencial para desarrollar grandes incendios», advierte Picos. La razón no está en que allí arda más, sino en que, bajo determinadas condiciones de sequía, calor, viento y continuidad vegetal, el incendio podría crecer con una severidad que hasta ahora no forma parte del imaginario habitual.

«Prepararnos para lo que nunca pasó»

Ese es uno de los cambios de mirada que propone el estudio. Durante años, la planificación contra incendios se ha apoyado en buena medida en el historial: dónde ardió, con qué frecuencia, con qué intensidad. Pero el cambio climático está alterando las reglas. Lugares sin grandes antecedentes pueden convertirse en escenarios de incendios extremos si coinciden los factores adecuados.

«No es tanto prepararnos para lo que ya nos ha pasado alguna vez como, además, prepararnos para lo que nunca hasta ahora pasó, pero si pasa puede ser muy destructivo», resume Picos. La frase condensa una idea central: los mapas del pasado ya no bastan para anticipar el fuego del futuro.

El trabajo no pretende sustituir los mapas de riesgo existentes, sino complementarlos. «Nos debe ayudar a saber dónde tenemos potenciales áreas a las que prestar atención porque tienen el potencial de ser afectadas por grandes incendios», señala el investigador. En ocasiones, añade, «son unos pocos días de lluvia en la época precisa lo que nos separa de esos eventos». Pero ante olas de calor o sequías fuera de lo habitual, la administración no puede esperar a que el antecedente exista.

La Dirección Xeral de Defensa do Monte ya está siguiendo estos primeros resultados. La expectativa del equipo es poder avanzar ahora hacia un análisis más fino a escala provincial en Galicia. Para eso trabajan en métodos y en campañas de campo que permitan mejorar las cartografías de modelos de combustible, uno de los ingredientes decisivos para que las simulaciones sean precisas.

Los incendios no entienden de fronteras

La utilidad práctica puede ser enorme. Una administración podría usar estas herramientas para decidir dónde invertir en prevención, dónde realizar tratamientos forestales, cómo ordenar combustibles o cómo preparar operativos ante incendios que no entienden de límites municipales, autonómicos o estatales. También permite ensayar, antes de ejecutarlas, posibles actuaciones sobre la vegetación y comprobar si realmente reducen la capacidad de propagación del fuego.

«Permite evaluar, simulando cambios en la vegetación, actuaciones preventivas para demostrar su eficacia a priori», apunta Picos. Es decir, probar antes de gastar. Anticipar antes de lamentar.

El carácter transfronterizo es otro de los mensajes de fondo. El proyecto «USE4FOREST» reúne a universidades, administraciones y organismos de Galicia, Castilla y León, País Vasco, Portugal y Francia, entre ellos el Eixo Atlántico, la Diputación de Ourense, la Comunidade Intermunicipal das Terras de Trás-os-Montes, el Instituto Politécnico de Bragança, el Département de l’Aude, la Fundación Hazi, la Junta de Castilla y León y la Autoridade Nacional de Emergência e Proteção Civil portuguesa.

Porque un gran incendio en la raya no es solo un problema forestal. Es un problema de coordinación política, operativa y territorial. Si el fuego puede saltar fronteras, la prevención también debe hacerlo.

El estudio se enmarca en una estrategia en tres fases: analizar los factores que influyen en los incendios, desarrollar y probar herramientas innovadoras en los territorios participantes, y transferir ese conocimiento a escala regional. Además de variables ambientales como la vegetación, la topografía o el clima, el proyecto incorpora factores humanos: población, usos agrarios y presencia de actividades en el territorio.

La pregunta de fondo es si Galicia y su entorno siguen reaccionando tarde o si empiezan a disponer de instrumentos para adelantarse al fuego. Picos cree que la ventaja de estas simulaciones es que no solo permiten estudiar el presente, sino también escenarios con clima alterado. «La ventaja de las simulaciones es poder hacerlas también con clima alterado para intentar pronosticar dónde el cambio climático puede generar mayores cambios en el régimen de incendios», explica.

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