Galerías históricas
Medio siglo de la marea negra del «Urquiola», el petrolero que causó uno de los mayores desastres naturales de Galicia
El 12 de mayo de 1976, el petrolero cargado con 110.000 toneladas de crudo rascó con unos bajos mal cartografiados a la entrada del puerto de A Coruña. El buque sufrió varias explosiones, se incendió, se partió y se hundió. Sus 37 tripulantes se salvaron, así como el práctico que -en una gesta que le salvó la vida- nadó durante tres horas hasta alcanzar la costa. El cadáver del capitán fue rescatado del mar dos días después.
Intensa humareda del buque petrolero «Urquiola» encallado e incendiado en la entrada de la ría de A Coruña. /
El 12 de mayo se cumple un negro aniversario, tanto como la marea de crudo que se extendió por las rías de A Coruña, Ares, Betanzos y Ferrol hace 50 años. El «Urquiola», un petrolero de 275 metros de eslora y 39 de manga, se dirigía a la refinería de Petrolíber con 110.000 toneladas de combustible que había cargado en el Golfo Pérsico. Al poner proa al puerto coruñés rascó con unos bajos mal cartografiados, causando uno de los mayores desastres naturales que han dañado a Galicia.
Recordamos aquellos hechos a través de las crónicas de aquellos aciagos días que custodia la hemeroteca de FARO DE VIGO.
Los «Bajos yacentes»
«A las 8.10 horas, al entrar en el puerto de A Coruña, [el «Urquiola»] tocó fondo desgarrándose parte de los tanques de estribor e iniciándose un derrame de petróleo», informó la Capitanía General de la Zona Marina del Cantábrico. El buque, botado en 1973 y propiedad de la naviera bilbaína Artola, valía unos 1.300 millones de pesetas (entre 80 y 90 millones de euros a día de hoy).
El práctico del puerto herculino, Benigno Sánchez Lebón, se desplazó hasta el carguero y una vez a bordo informó de la situación a las autoridades. Había dos escenarios: vaciar la carga en la refinería de forma rápida o alejar el buque de la costa para evitar la contaminación.
«Se optó por salir mar afuera. Enfilamos el canal de salida en demanda de franquía cuando se volvió a tocar fondo», relató posteriormente el práctico, que se salvó de la muerte tras nadar durante tres horas hasta alcanzar la costa. «Nunca vi tan cerca la muerte», sentenció.
El «Urquiola» rascó dos veces con una zona rocosa mal registrada en la cartografía náutica, conocida como los «Bajos yacentes».
Escora y evacuación
«Cuando el barco estaba prácticamente parado se apreció que empezaba a escorarse, y cuando se encontraba con una inclinación de diez o quince grados, el capitán dio las órdenes oportunas: se alertó a la tripulación del peligro y se le ordenó que abandonase el buque. A bordo quedaron él y el práctico del puerto», relató Miguel Ángel Gómez Pena, tercer oficial del petrolero, cuando llegó a tierra.
Los 37 tripulantes, la mayoría gallegos, fueron evacuados por el remolcador «Ponte Naya» y alojados en el Hotel Riazor.
Capitán y práctico saltaron del buque tras la segunda explosión
«La primera explosión fue a las dos menos cuarto de la tarde. El capitán y yo estábamos en la toldilla al lado del puente. De repente, otra gran explosión, seguida de una impresionante llamarada. ‘Al agua’, le grité», explicó Lebón a la prensa al día siguiente del desastre.
El práctico saltó al mar desde una altura de más de 15 metros y nadó durante tres horas hasta alcanzar la costa. «Quería escapar del fuego, que parecía venir detrás de mí. En el agua noté otras explosiones y un fuerte silbido, que debían de ser los gases […] Cerca del fuego, lo que se dice muy cerca, no estuve nunca. Hubo momentos en que sentí un calor insoportable. Pero lo peor fue una cortina de humo que me sofocaba. […] Creí que me moría, que todo acababa allí», confesaba a los medios de comunicación horas después de la gesta que lo mantuvo con vida.
Francisco E. Rodríguez Castelo, el capitán, no sobrevivió. Su cuerpo apareció dos días después junto al dique de abrigo del puerto, con el chaleco salvavidas puesto. Tenía 41 años, era natural de A Coruña y llevaba un año gobernando el «Urquiola».
Marea negra
A esas dos explosiones iniciales les sucedieron otras cuatro y el mar se convirtió en un verdadero infierno de llamas y humo. La marea negra comenzó a extenderse. Avanzada la tarde, el buque se partió en dos y quedó semisumergido. Casi la totalidad de las 110.000 toneladas de crudo que transportaba ardió o se vertió al mar, una carga valorada en 650 millones de pesetas (más de 70 millones de euros en la actualidad).
La densa y oscura humareda invadió A Coruña y llegó hasta Santiago de Compostela, donde el aeropuerto de Lavacolla se vio obligado a suspender vuelos.
Durante días, más de una decena de barcos combatieron con detergentes las manchas de petróleo en el mar. Aviones de carga de las Fuerzas Aéreas transportaron desde los aeropuertos de Lavacolla y Alvedro barriles con productos de limpieza para que los utilizasen los servicios de la Marina.
El desastre medioambiental, con sus implicaciones para el marisqueo, causó pérdidas millonarias.
El Estado tuvo que indemnizar a las aseguradoras
Las aseguradoras hicieron frente al pago de los daños ocasionados por el desastre, una cantidad que ascendió a 2.421 millones de pesetas (unos 120 millones de euros en nuestros días). Pero estas compañías interpusieron un recurso contencioso-administrativo contra el Estado solicitando una indemnización que, en primera instancia, se les denegó. Sin embargo, el Tribunal Supremo dictó sentencia a su favor, estableciendo que el naufragio del «Urquiola» tuvo su causa directa, inmediata y exclusiva en el anormal funcionamiento del servicio público de Cartografía de Marina y de Información sobre el mar y litoral, por lo que condenó al Estado al pago de las millonarias indemnizaciones.
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