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Desafío tecnológico

Drones en ESO contra los riesgos laborales: 180 alumnos pulsan el talento «maker» gallego para salvar vidas en altura

La cantera tecnológica de los institutos gallegos pilota aeronaves no tripuladas en la final de la quinta Liga que se disputa el 8 de mayo en A Coruña

Equipo del Colegio Montecastelo de Vigo, con el dron con el que competirá.

Equipo del Colegio Montecastelo de Vigo, con el dron con el que competirá. / Fdv

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Elena Ocampo

Elena Ocampo

Vigo

Primero se oye el zumbido. Después, el dron se eleva, duda unos segundos en el aire y busca el punto exacto en el que debe actuar. Abajo, un equipo de adolescentes contiene la respiración. No están jugando. O no solo están curioseando con una afición: están probando una solución tecnológica pensada para evitar que, en el mundo real, una persona tenga que exponerse a un trabajo en altura.

Ese será el pulso de la gran final de la V Liga Maker Drone, que reunirá el 8 de mayo en el Coliseum de A Coruña a cerca de 180 alumnos y alumnas de 2º de ESO de toda Galicia. Durante los últimos meses han diseñado, montado, programado y ajustado sus propios sistemas dron en una competición impulsada por la Fundación Barrié y el centro tecnológico ITG, que convierte la tecnología en una experiencia práctica, exigente y orientada a resolver problemas reales.

El reto de esta edición mira hacia los trabajos en altura y la prevención de accidentes laborales. Los equipos deberán demostrar que sus drones son capaces de realizar tareas que, en un entorno profesional, podrían reducir la exposición de las personas a situaciones de riesgo. Para ello competirán en un escenario de 30 metros de ancho y 10 metros de alto que, por primera vez en la historia de la Liga, incorporará elementos en movimiento.

Doble misión técnica

La prueba también estrena una doble misión técnica. Primero, los drones tendrán que proyectar líquido en cuatro zonas del escenario, simulando la aplicación de pintura, limpieza o una capa protectora sobre una estructura. Después, deberán recoger tres cajas de herramientas situadas en la parte más alta y depositarlas, una a una, en el suelo. Todo ello en rondas eliminatorias de tres minutos, en las que competirán tres centros a la vez.

Para los docentes, el valor de la Liga va mucho más allá de la competición. El profesor del Colegio Plurilingüe Montecastelo de Vigo, Bernardo Longa Méndez, conoce bien el proyecto: «Ya llevamos tres años participando; yo siempre he estado al frente de este proyecto, que me encanta. Y este año incluso diría que un poquito más al saber que es para urgencias en trabajos verticales».

En su centro, el alumnado ha desarrollado una solución con dos sistemas diferenciados. «Nuestra solución tiene una mini bomba de agua para hacer la limpieza de las aspas. Y, por otro lado, tiene una especie de garras que se abren y se cierran con un mando a distancia para recoger las cajas», explica Bernardo. El trabajo se ha realizado principalmente en los recreos, con el aula de Tecnología abierta para diseñar piezas, imprimir en 3D y ajustar mecanismos.

Cada equipo está formado por ocho estudiantes, con perfiles repartidos según sus destrezas. «Hay dos que diseñan, hay dos que programan, hay dos que pilotan y después hay dos que, el día del evento, en la parte de oratoria, tienen que exponer. En dos minutos tienen que exponer el dron al jurado: cómo lo hemos hecho, qué dificultades hemos tenido», señala el profesor. Esa exposición oral será, además, uno de los momentos clave de la final y contará con un premio específico.

La experiencia, insiste Bernardo, es profundamente multidisciplinar. En Tecnología trabajan programación, electrónica, impresión 3D, montaje mecánico, motores y sensores, pero también competencias menos visibles y decisivas. «Aprenden que es muy importante la paciencia, trabajar en equipo, comunicarse, organizarse. Y otra de las cosas fundamentales es la gestión de la frustración, porque no siempre salen las cosas a la primera», afirma. Para él, el verdadero aprendizaje aparece precisamente cuando el diseño falla: «Muchas veces algo que parecía que iba a funcionar y con lo que están superilusionados no funciona cuando lo ponen en el dron. Y realmente ahí está el aprendizaje real: detectar el fallo, pensar alternativas y volver a intentarlo».

El profesor de Montecastelo subraya además que la competición se vive con ambición, pero sin perder de vista el sentido educativo. «Cada año cambia mucho porque son nuevos alumnos», explica. Y añade: «Cuando vamos a un desafío de este estilo, siempre la lucha es contra uno mismo. Les digo que tienen que llegar y hacerlo bien a su nivel. El trabajo bien hecho a veces implica un accidente, y ese accidente es llevar un premio, pero no siempre en la vida ocurre».

Equipo del Colegio Maria Auxiliadora de Ourense, con alumnos y alumnas que competirán en el concurso Maker Drone.

Equipo del Colegio Maria Auxiliadora de Ourense, con alumnos y alumnas que competirán en el concurso Maker Drone. / Iñaki Osorio

Desde Ourense, el profesor del CPR María Auxiliadora-Salesianos, Iago Lage afronta la Liga con la emoción de quien participa por primera vez. «Es el primer año. Habíamos hecho la solicitud otros años, pero no nos habían escogido. Este año sí, y afrontamos el reto con ilusión, porque teníamos ganas de participar», explica. Su equipo, también de ocho estudiantes y mixto, ha trabajado desde octubre entre una y dos horas semanales, combinando perfiles de oratoria, electrónica, diseño y pilotaje.

Ensayo - error

El debut no ha estado exento de dificultades. «Fue mucho ensayo-error. Al principio nos costó mucho empezar a diseñar, porque estábamos muy perdidos. Dimos muchos palos de ciego, muchos diseños erróneos, muchas cosas que no valían. En nuestras cabezas parecía que iban bien... pero después no», reconoce Iago. Esa fase de prueba, fallo y mejora ha sido parte esencial del proceso: «Tuvimos que romper un par de nuestras construcciones de drones para darnos cuenta de que debíamos mejorar. Y así, a base de pruebas, fuimos llegando a nuestro diseño definitivo».

Para el docente ourensano, una de las mayores complejidades está en combinar precisión, estabilidad y mecanismos diferentes en muy poco tiempo. «La primera parte juega mucho con la destreza del piloto, porque tiene que estar estático, casi sin mover el dron, para poder pulverizar el agua», detalla. Después llega la segunda misión: «Hay que atravesar las aspas del molino, coger una caja, volver a atravesarlas y depositarla en un baúl. Son dos pruebas complicadas, sobre todo la segunda, y hay que hacer dos mecanismos distintos para solucionar el reto».

La final reunirá a centros de las cuatro provincias gallegas. Por Pontevedra competirán el CPR Las Acacias, CPR Montecastelo e IES Carlos Casares, de Vigo; el CPR Ángel de la Guarda, de Nigrán; el CPR Eduardo Pondal, de Cangas; y el IES Ría de Arousa. Por A Coruña estarán el CPR Cristo Rey, el CPR Montespiño, de Culleredo, y el IES Isaac Díaz Pardo, de Sada. Lugo contará con el IES Poeta Díaz Castro, de Guitiriz; el IES Francisco Daviña Rey, de Monforte de Lemos; y el CPI Castroverde. Ourense estará representada por el CPR Santa María-Maristas, el CPR Divina Pastora y el CPR María Auxiliadora-Salesianos.

El jurado estará integrado por representantes de AESA, AENA, Airbus Helicopters, Iridium —del grupo ACS—, Defensa do Monte, la oficina de seguridad de la Armada y el creador de contenidos Guillermo Carracedo, que ayudará a valorar la exposición oral. Además, gracias a la colaboración de ENAIRE, el equipo ganador visitará el Centro de Control Aéreo de la Terminal de Santiago de Compostela.

Con formato de torneo, vocación educativa y una puesta en escena cada vez más ambiciosa, la Liga Maker Drone se consolida como una cita de referencia para despertar vocaciones STEM. Para los estudiantes, el Coliseum será competición, escaparate y examen técnico. Para sus profesores, también una lección difícil de replicar en un aula: aprender haciendo, fallando, corrigiendo y volviendo a despegar.

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