Foro del Noroeste
El Noroeste pisa por fin el acelerador del empleo con la migración
Galicia, Castilla y León y Asturias fueron las autonomías a las que más les costó superar el récord de afiliaciones de 2008 y comparten la sangría rural y del sector primario

Una trabajadora extranjera al frente de su propio negocio en Vigo. / Alba Villar

El despliegue en masa de los Expedientes de Regulación Temporal del Empleo (ERTE), las prestaciones por cese de los autónomos, los avales del ICO y las ayudas directas del Gobierno central y las comunidades a los sectores más afectados por las restricciones a la movilidad y el aforo blindaron el tejido productivo del país durante el zarpazo de la pandemia del coronavirus. Una economía en hibernación para mantener el músculo y aprovecharlo al máximo cuando la crisis sanitaria permitiera enfilar la normalidad. Como ocurrió. A pesar de que la batería de medidas no impidió una destrucción inédita de la ocupación en el arranque del estado de emergencia, sobre todo de puestos temporales –en solo 21 días a lo largo de marzo y abril de 2020 se perdieron tantas afiliaciones a la Seguridad Social, casi 890.000, como en los peores dos meses y medio de la gran recesión de 2008 por la quiebra de Lehman Brothers y el estallido de la burbuja inmobiliaria–, en 2021, todavía con la resaca del COVID-19, se alcanzó una media de 19.358.868 cotizantes, superando los 19.278.721 de 2019 e, incluso, el máximo histórico de los años de la locura del ladrillo.
Desde entonces, el mercado laboral español bate récord tras récord, plantando cara a los shocks que llegaron después: la ruptura de las cadenas globales de aprovisionamiento, la invasión de Rusia a Ucrania y la espirar inflacionista que provocó, la batalla comercial emprendida por Donald Trump a la vuelta a la Casa Blanca y el actual conflicto en Oriente Medio, con consecuencias todavía por sufrir. A las tres autonomías del Noroeste les costó más marcar ese hito. Mucho más. Galicia y Castilla y León no lo consiguieron hasta 2025, cuando rebasaron por fin el pico de 2008 con 1.094.672 y 990.338 personas trabajando, respectivamente. Asturias todavía va en camino: la media de altas a la Seguridad Social se situó en 392.150 el año pasado frente a las 405.026 de 2008.
Como en el resto del país, el músculo de sectores de alto valor que reforzaron su protagonismo en la economía por ser servicios esenciales, el auge de la digitalización y la transición energética, hay un antes y un después de la pandemia en el empleo en el Noroeste. Educación y sanidad lideran la creación de puestos de trabajo en los últimos seis años. En todas se ve claramente una fuerte expansión de los ocupados en programación, consultoría y otras actividades vinculadas a la informática; y de los servicios técnicos de arquitectura, energía y análisis técnicos, gracias al revulsivo de los proyectos para la descarbonización y el maná de los fondos europeos Next Generation.

Evolución de las afiliaciones a la Seguridad Social desde los niveles prepandemia / Hugo Barreiro
En las actividades en números rojos, en cambio, sí se notan más diferencias entre territorios. En Galicia, por ejemplo, hubo un claro descenso en la contratación a través de Empresas de Trabajo Temporal (ETT), menos dinámicas desde la entrada en vigor de la reforma laboral y la consolidación del indefinido como modelo prioritario. En Castilla y León destaca la intensa tijera en la automoción; y en Asturias, la aplicada a la metalurgia.
Rural y sector primario
Tienen en común la sangría que no cesa en el campo. Agricultura y ganadería perdieron más de 5.000 cotizantes en Galicia; cerca de 2.000 en Castilla y León; y alrededor de 1.700 en Asturias. Parte del ajuste, que viene de años atrás, está vinculado a la automatización del sector primario. Pero el gran problema es el abandono del rural.
«De forma creciente, las actividades económica ya no vinculan a los trabajadores al territorio», explican los expertos del Laboratorio del Territorio en el informe «Ruralidades del Noroeste Peninsular» que acaban de elaborar para el Ministerio para la Transición Energética y el Reto Demográfico. Los cambios en la movilidad y los cada vez más habituales trayectos por razones laborales en distancias de 30 a 60 minutos «permiten que una buena parte de los trabajos más cualificados del medio rural sean atendidos por profesionales que viven en las grandes cabeceras o en los núcleos urbanos y periurbanos», señalan los investigadores de universidades del Noroeste. Algo habitual en el personal sanitario, de centros educativos, funcionarios públicos y profesionales cualificados en empresas «y que empieza a producirse, incluso, entre personal no cualificado y los propios empresarios agrarios». «Un hecho que descapitaliza a los núcleos rurales –resumen– y que muestra las dificultades de asentamiento familiar».
Los 742 municipios del área más interior del noroeste aglutinan poco más de un millón de habitantes repartidos en casi 6.000 núcleos y 2.119 lugares diseminados. Las provincias de Palencia, Ourense, León y Zamora suman 5.927 entidades singulares. En casi 200 no hay nadie empadronado. En 4.000 no llegan a 50 habitantes y únicamente 10 pasan de los 10.000. «La estructura de asentamientos se presenta como un escollo para la prestación de servicios, que resultan ineficientes», avisa el Laboratorio del Territorio, que señala este como «uno de los problemas más serios a los que se enfrentan estas áreas rurales: cómo mantener el acceso a los bienes y servicios adecuados sin devaluar la riqueza de asentamientos». Y, por tanto, crear las condiciones adecuadas para fijar población y revitalizar el empleo.

Creación y destrucción de empleo por sectores desde 2019 / Hugo Barreiro
«Algunas actividades relacionadas con importantes recursos locales en estos territorios a lo largo de su historia reciente, como la industria extractiva, han desaparecido prácticamente de la oferta de empleo local», resalta el análisis. Apenas representa ahora mismo el 1% de los ocupados. Otras ramas industriales directamente vinculadas también a los recursos locales, empezando por la industria agroalimentaria, se están reforzando. «Constituye una de las actividades de fuerte potencial de futuro, siempre que se apueste por la calidad, se vincule al territorio y se articule con el turismo rural», explican los investigadores.
A las puertas de la jubilación
El invierno demográfico que hace mella en esta esquina del país se contagia a su mercado laboral, con todo lo que eso supone de falta de fuelle para aprovechar ciclos de expansión económica como el actual. Asturias tiene el índice de envejecimiento más alto del Estado. Por cada 100 personas menores de 16 años, hay 265 por encima de los 64. A las puertas de la jubilación. En Galicia son 231,6 y 230,7 en Castilla y León. El índice nacional es de 148. «Las comunidades autónomas con menor tasa de actividad, todas situadas en la zona noroeste de la península, coinciden con las regiones más envejecidas y en las que apenas se incrementó la población total en 2025, precisamente por la falta de oportunidades laborales», explica el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) en el balance del pasado ejercicio que acaba de publicar. También Asturias arrastra el menor porcentaje de residentes por encima de los 16 años que está ocupado o quiere estarlo, el 52%. Le siguen Castilla y León (53,5%) y Galicia (54,1%).
A pesar de que a menudo pasa de puntillas en el acalorado debate público abierto alrededor del absentismo, el envejecimiento es uno de los muchos factores que dan de lleno en el galopante aumento de las bajas laborales. Con diferencias, pero las tres comunidades del Noroeste superan de largo los indicadores de incapacidades temporales del conjunto del Estado. Galicia la que más. En 2025 hubo casi 354.000 procesos, con una prevalencia de 74,67 casos por cada 1.000 trabajadores protegidos y una duración media de 77,13 días, la segunda más alta, solo por detrás de Extremadura (78), según los datos de la Seguridad Social. La prevalencia en Asturias fue de 67,17, en un total de 131.300 bajas, y 68,69 días de duración media. Castilla y León alcanzó 333.600 incapacidades temporales nuevas en el año, que de media se prolongaron 56,8 días y una prevalencia de 56,54.
En sus monográficos sobre la situación, el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (Ivie) y la mutua Umivale detallan la contribución de las algias y de la salud mental. Entre 2018 y 2023, las bajas por dolores, a menudo crónicos o intensos, localizados en una región específica del cuerpo crecieron el 73% en Galicia; el 52% en Asturias; y el 43% en Castilla y León. Los problemas de salud mental se dispararon el 113% en Galicia, el 89% en Castilla y León; y el 87% en Asturias.
Cambio de tendencia
El punto y aparte en la población menguante que se vislumbra en el Noroeste enciende una tímida luz al final del túnel. Los tres territorios están ganando habitantes desde 2023, rompiendo con una larguísima década de descensos. ¿La causa? El nuevo bum de la migración. A diferencia de lo ocurrido en los tiempos de vacas gordas al calor del ritmo frenético en la construcción, esta vez esta parte de España también se está beneficiando de la llegada de extranjeros y de su fundamental papel para mantener a flote el empleo. Mientras en el conjunto del Estado las afiliaciones de extranjeros aumentaron el 55% en comparación con los niveles prepandemia, la subida en Galicia llega al 121% (43.836 cotizantes más procedentes de otros países); el 120% en Asturias (16.476); y el 86% en Castilla y León (47.129). Los foráneos ocupan uno de cada dos nuevos empleos creados en estas tres comunidades desde 2019.

Dos trabajadores extranjeros en una obra en Ourense. / Iñaki Osorio
«La aportación de la fuerza laboral extranjera ha redibujado el mapa autonómico», explica Funcas en su último informe de previsiones económicas regionales. A excepción de Extremadura, todas las comunidades han experimentado un fuerte ascenso de la inmigración que ha más que compensado el recorte de la población de nacionalidad española, convirtiéndose en un auténtico revulsivo económico. «Ahora bien –advierte Raymond Torres, director de Coyuntura Económica del think tank fundado por las antiguas cajas de ahorros–, este margen de maniobra está desapareciendo en los territorios más pujantes del centro y norte peninsular, donde la tasa de paro se acerca tanto a los mínimos de la serie histórica como a la media comunitaria».
La carencia de mano de obra local podría paliarse «con movilidad interna o gracias a la inmigración, pero en la práctica estos mecanismos de compensación se enfrentan a la grave situación de escasez de vivienda». La elevación de la productividad es otro recurso posible para ensanchar la capacidad productiva, si bien para ello habría que desatascar la inversión empresarial y reforzar el capital humano, algo que lleva tiempo –añade Torres–. En lo inmediato, por tanto, una desaceleración es previsible, pero el repunte incipiente de la productividad en estas comunidades abre nuevas perspectivas».
Vacantes
De lo contrario, el SOS de muchos sectores por la falta de personal corre el riesgo de cronificarse. Sin tener en cuenta las vacantes declaradas en administración pública, «las actividades económicas que acumulan más dificultades de cobertura pertenecen, principalmente, al sector servicios, destacan las actividades relacionadas con la hostelería, la logística y el transporte. Las actividades relacionadas con la construcción también aparecen de forma sistemática», identifica la Red del Observatorio de las Ocupaciones del SEPE en un reciente estudio elaborado a partir de cuestionarios a empresas, patronales y sindicatos.
En Galicia había en el último trimestre de 2025 más de 10.500 puestos sin cubrir. Faltan, sobre todo, camioneros, farmacéuticos, albañiles, camareros y técnicos en electricidad. Castilla y León rondaba las 9.700 vacantes. También se detecta la falta de camareros y conductores de camión, junto con peones de industrias manufactureras y personal de limpieza. Las mismas ocupaciones con más problemas en Asturias, donde se necesitaban 1.600 trabajadores. Mientras en Galicia el principal motivo es directamente la falta de candidatos, en Asturias y Castilla y León es la ausencia de gente con experiencia. Cuando existen desacuerdos económicos es por los bajos salarios.
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