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Evaluación ambiental

Las nuevas obras públicas gallegas deberán demostrar que resisten inundaciones, calor extremo y temporales

Las infraestructuras financiadas con fondos europeos tendrán que pasar un examen climático por orden de la UE, que consiste en medir su huella de carbono y analizar su vulnerabilidad ante fenómenos meteorológicos adversos

Derrumbe de parte de la calzada de una carretera en Carballeda de Avia, tras un temporal, este año.

Derrumbe de parte de la calzada de una carretera en Carballeda de Avia, tras un temporal, este año. / FdV

Paula Pérez

Paula Pérez

Santiago

Las obras públicas financiadas en Galicia con fondos europeos deberán pasar a partir de ahora un examen climático. Antes de su ejecución se deberá medir su huella de carbono y además, en función de su ubicación, se evaluarán los riesgos meteorológicos a los que están expuestas estas infraestructuras para construirlas de forma que resistan inundaciones, calor extremo o temporales. Tendrán que someterse a esta evaluación ambiental desde edificios, carreteras, terminales de transporte, redes de agua, depuradoras, instalaciones de residuos, infraestructuras energéticas hasta proyectos de movilidad peatonal o ciclista impulsados por cualquier administración y que se financien con fondos FEDER.

Así, por ejemplo, cuando se construya una estación de autobuses se medirá su huella de carbono en función de cuántos autocares moverá, qué combustible usarán estos vehículos o cuántos kilómetros recorrerán y se analizará su coste-beneficio en materia medioambiental en función de si se produce o no un trasvase de desplazamientos desde el coche privado hacia el transporte público. Pero, además, si esta infraestructura se localiza en un municipio o un área con alto riesgo de sufrir inundaciones o temporales, se deberán adoptar medidas para reducir riesgos que pueden pasar desde un cambio de ubicación hasta reforzar el aislamiento.

Todo esto aparece definido y detallado en una exhaustiva guía que ha publicado la Xunta y que sirve de referencia para hacer estas pruebas climáticas a infraestructuras. «Se trata de evaluar si un proyecto y su inversión asociada se consideran resilientes y contribuyen, a través de su ejecución, al cumplimiento de los objetivos climáticos», explica el documento de la Consellería de Facenda. La idea es evitar obras que tengan un alto impacto sobre el medio ambiente o que no se adapten a los cambios futuros en el clima.

Este examen constará de dos partes. El primer paso es analizar si la infraestructura contribuye a reducir o aumentar las emisiones de gases de efecto invernadero y el segundo es evaluar si será vulnerable a los riesgos climáticos que ya afectan a Galicia o podrían hacerlo en un futuro: más calor, aumento de precipitaciones, temporales de viento, inundaciones...

Fases

La primera parte, que consiste en medir la huella de carbono, no será obligatoria para todas las obras, pero sí se exigirá a infraestructuras como vertederos, instalaciones de incineración, depuradoras, industrias manufactureras o de productos químicos, minería, fábricas de pasta de papel, infraestructuras viarias y ferroviarias, puertos y plataformas logísticas, centrales eléctricas, redes de distribución de gas, entre otras. Sin embargo, solo se exigirá hacer un análisis exhaustivo del coste/beneficio de la huella de carbono a los macroproyectos en los que se calcule que podrían superar unas emisiones de 20.000 toneladas de CO2 equivalente al año. Y para ello tendría que tratarse de infraestructuras muy grandes. Para el resto la Xunta prevé procedimientos simplificados que buscan no cargar con burocracia a estos proyectos menores.

La segunda prueba a la que deben someterse estas infraestructuras consiste en identificar la exposición de los municipios de Galicia a las diferentes amenazas climáticas, después se deberá comprobar la sensibilidad de los proyectos a estos peligros y, a partir de ahí, se obtendrá la vulnerabilidad de cada obra y se adoptarán medidas para mitigarla.

En concreto, se analizan cambios en el régimen de precipitaciones, subidas de temperatura y prevalencia de olas de calor, cambios en el viento e inundaciones tanto fluviales como marítimas y se hace tanto para el periodo actual como en un horizonte futuro (2041-2070).

Si tras este estudio se concreta que una infraestructura tiene una vulnerabilidad media o alta se deberán adoptar medidas de adaptación. Por ejemplo, si se construye un edificio en una zona con alto riesgo de olas de calor, deberá mejorarse el aislamiento o bien optimizar la circulación del aire. También se aconseja usar materiales como madera o reciclados, que tienen un menor impacto ambiental. Si se trata de una carretera situada en una zona donde llueve mucho, habrá que buscar pavimentos permeables o aplicar técnicas de drenaje sostenible, entre otros ejemplos.

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