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Ola de incendios de 2025

Las lecciones de las cenizas en Galicia: más prevención y un aumento de brigadistas y medios aéreos

Tras la mayor catástrofe incendiaria del siglo, el gobierno gallego duplicó su presupuesto para mantener limpios los perímetros de seguridad de las casas, incorporó tres aviones más y un helicóptero al dispositivo de lucha contra el fuego y agilizó la contratación de bomberos

Incendio en agosto de 2025 en la zona de Casaio, en Pena Trevinca (Ourense) y la misma zona un año después

Incendio en agosto de 2025 en la zona de Casaio, en Pena Trevinca (Ourense) y la misma zona un año después / Brais Lorenzo

Paula Pérez

Paula Pérez

Santiago

Galicia sufrió el pasado verano la ola de incendios más devastadora del siglo. Un cóctel perfecto de temperaturas extremas, poca humedad y fuertes rachas de viento ayudó a prender la mecha en un rural en estado de abandono. El resultado fue un infierno de llamas que calcinó más de 100.000 hectáreas en agosto, obligó a evacuar y confinar a miles de personas y arrasó casas y explotaciones agrarias. Tras la catástrofe la Xunta reconoció «errores» e instó a «extraer lecciones»: prometió más prevención y un incremento de los medios de extinción. Además, se renovó parte de la cúpula de la Consellería de Medio Rural con el relevo de tres altos cargos en el departamento que tiene las competencias en materia de lucha contra el fuego, entre ellos su número dos y dos directores xerais.

Al margen de la catástrofe natural, los incendios de 2025 pusieron en riesgo aldeas y vidas humanas por la cercanía de las llamas a núcleos poblados. El rural gallego está cada vez más despoblado y envejecido. Donde había huertas y fincas cultivadas ahora crece la maleza. La Xunta obliga a tener limpia una franja de seguridad de 50 metros en torno a casas e infraestructuras, pero su cumplimiento es complejo. No todos los propietarios hacen los deberes y los ayuntamientos tienen pocos medios para vigilar y asumir los desbroces en caso de que los vecinos se desentiendan.

Ante esta situación, la Consellería de Medio Rural incrementó su presupuesto en materia de prevención para 2026 en un 50% hasta los 75 millones de euros. Además, cada año firma un acuerdo con los municipios para ayudarles con la limpieza de las franjas de seguridad. Este convenio está dotado en 2026 con 25 millones, el doble que el pasado año. De hecho, se ha incrementado el número de ayuntamientos adheridos a este convenio. Si en 2025 eran 257, ahora ya son 292.

Pero la catastrófica ola de incendios de 2025 también se traducirá en mejoras en el servicio de extinción. Para combatir los grandes fuegos existía ya una Unidad de Directores de Extinción (Udex), que ahora se amplía pasando de seis a quince jefes. Y se incrementaron los medios aéreos: se incorporan en esta campaña un avión de coordinación, además de otras dos aeronaves más de carga en tierra y un helicóptero.

Sobre el terreno habrá también más bomberos. Se contratarán 42 nuevas brigadas formadas por 168 efectivos. En total, Galicia contará con 7.000 brigadistas, entre medios del Estado, autonómicos y municipales. Y además se agilizará la cobertura de vacantes para que no se repita lo del pasado mes de agosto: cuando estalló la ola de incendios había plazas en el servicio de extinción que estaban sin cubrir.

Vacantes

La Xunta lleva años apostando por un servicio profesionalizado de extinción de incendios y con contratos de cada vez mayor duración. El personal fijo discontinuo trabajó en 2025 durante ocho meses y en este 2026 su labor se prolongará hasta los nueve meses. Sin embargo, el pasado agosto, cuando Galicia ardía por los cuatro costados, había cientos de plazas vacantes y Medio Rural tuvo que recurrir a llamamientos de urgencia. Para evitar que esto se repita, la Xunta ha decidido agilizar la toma de posesión de los nuevos brigadistas que consiguieron plaza en los últimos procesos selectivos para que estén todos incorporados antes del 15 de junio. Además, ha habilitado un procedimiento exprés para cubrir vacantes en solo 24 horas.

Los medios de extinción de la Administración autonómica se completan con los del Estado y con efectivos municipales, pero el pasado año cuando empezó a arder, muchas de las brigadas dependientes de los ayuntamientos aún no se habían constituido. Los consistorios alegan que tienen dificultades para encontrar trabajadores. Ante esta situación el nuevo director xeral de Montes, Manuel Francisco Gutiérrez, avanzó que en el futuro la Xunta apostará por las mancomunidades para conformar esos equipos de lucha contra el fuego.

Pladiga

La Xunta ha aprobado ya su Plan de Prevención e Defensa contra Incendios para este año: el Pladiga. Cuenta con un presupuesto de 213 millones de euros, un 18 por ciento más que el año anterior. Se ha fijado el objetivo de limpiar casi 34.000 hectáreas, incluidos trabajos en cortafuegos, fajas auxiliares, pistas forestales y quemas prescritas. Las parroquias consideradas prioritarias en cuanto a la limpieza de biomasa forestal se incrementan también pasando de 175 a 276.

Y se refuerza la red de vigilancia en el monte. Se usarán tres drones para actuar en zonas de difícil acceso y aumentarán las videocámaras situadas en el territorio hasta las 241, un 30 por ciento más que en 2025. También se intensificarán las inspecciones en las franjas de seguridad y, por primera vez, la Xunta entrará en fincas privadas a desbrozar si el dueño no cumple sus obligaciones y están localizadas en zonas de alto riesgo de incendios.

Eso sí, hay un objetivo planteado tras la ola de incendios de agosto del pasado año que no se ha cumplido. La Xunta reclamó al Gobierno una base permanente de la UME para Galicia, pero esta demanda sigue pendiente.

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