Las señales de la meningitis, una infección poco frecuente pero grave y de evolución rápida
Los médicos recomiendan buscar atención médica inmediata ante la aparición de fiebre con somnolencia, rigidez de cuello o manchas rojas

Una niña en la consulta del pediatra. / TANDEM HEALTH / Europa Press
La alarma por un posible caso de enfermedad meningocócica tras el anuncio del fallecimiento de una niña en Ourense obliga a lanzar un mensaje claro a las familias: no se trata de vivir con miedo ante cada fiebre, sino de saber reconocer cuándo una fiebre deja de parecer «una fiebre más». La enfermedad meningocócica invasiva, causada por la bacteria Neisseria meningitidis, puede presentarse como meningitis, como sepsis —infección generalizada en la sangre— o como una combinación de ambas.
Es una enfermedad poco frecuente, pero grave, y su evolución puede ser muy rápida. El Ministerio de Sanidad recuerda que la meningitis puede aparecer de forma repentina con fiebre, náuseas, vómitos, dolor de cabeza intenso, alteración del estado mental, rigidez de nuca, sensibilidad a la luz y, en ocasiones, un exantema de pequeñas manchas en la piel.
La clave para los padres no es memorizar todos los síntomas, sino fijarse en la combinación y en la evolución. Un niño con fiebre, pero que juega, bebe, responde bien y mejora con las medidas habituales, no presenta el mismo nivel de alarma que un menor que se muestra postrado, confuso, muy irritable, somnoliento, con vómitos repetidos, dolor intenso o manchas en la piel.
Los médicos advierten de que los primeros síntomas pueden parecerse a los de una gripe, pero empeorar rápidamente, y recomiendan buscar atención médica inmediata ante la sospecha de enfermedad meningocócica.
Los síntomas en niños mayores y adolescentes
En escolares, adolescentes y adultos jóvenes, los signos que deben poner en guardia son fiebre de comienzo brusco, dolor de cabeza fuerte, vómitos, rigidez de cuello, dolor al mirar la luz, confusión, somnolencia excesiva o irritabilidad marcada. La Asociación Española de Pediatría explica que los niños mayores suelen presentar dolor de cabeza, vómitos, molestias con la luz, somnolencia o irritabilidad, fiebre y, en algunos casos, rigidez al mover el cuello.
Hay que prestar especial atención a una señal muy conocida, pero que no siempre aparece al principio: las manchas rojo violáceas en la piel. Pueden ser pequeños puntos —petequias— o lesiones más grandes, como moratones. Los pediatras advierten de que si un niño con fiebre presenta manchas de este tipo que no desaparecen al presionar, debe acudirse de forma urgente a un centro sanitario.
En bebés, los síntomas pueden ser menos claros
En lactantes y niños menores de dos años, la meningitis no siempre se manifiesta con los síntomas clásicos. Puede no haber dolor de cabeza evidente ni rigidez de cuello fácil de detectar. Por eso, los padres deben vigilar otros signos: fiebre, rechazo de las tomas, vómitos, decaimiento, irritabilidad difícil de consolar, llanto extraño, somnolencia excesiva o falta de respuesta. Los pediatras señalan que en los más pequeños los síntomas pueden ser poco específicos, como irritabilidad, fiebre, rechazo de alimento, vómitos y decaimiento.
Otros signos de alarma en bebés: que parezcan lentos o inactivos, que no coman bien, que estén muy irritables, que vomiten o que presenten la fontanela —la parte blanda del cráneo— abultada.
La prueba del vaso: útil, pero no suficiente
Una orientación sencilla para las familias es la llamada «prueba del vaso». Consiste en presionar con un vaso transparente sobre la mancha. Si la lesión no palidece ni desaparece al presionar, puede ser una señal de sepsis y exige atención urgente. El NHS británico advierte de que un sarpullido que no desaparece bajo la presión de un vaso puede ser signo de sepsis asociada a meningitis.
Pero hay una advertencia importante: no hay que esperar a que aparezcan manchas para pedir ayuda. Puede haber enfermedad meningocócica sin erupción cutánea inicial. Y en pieles más oscuras, las manchas pueden verse peor; conviene revisar palmas de las manos, plantas de los pies, interior de los párpados, boca o zonas más claras de la piel.
Señales de urgencia: cuándo llamar al 061 o al 112
Los padres deben pedir ayuda urgente —061 o 112, o acudir a urgencias— si el niño presenta fiebre con alguno de estos signos: manchas rojo violáceas que no desaparecen al presionar, somnolencia anormal, confusión, rigidez de cuello, dolor de cabeza muy intenso, vómitos repetidos, convulsiones, dificultad para respirar, manos o pies muy fríos, palidez o piel moteada, dolor intenso en piernas o articulaciones, o un empeoramiento rápido del estado general.
En caso de duda razonable, es mejor consultar. La enfermedad meningocócica puede evolucionar en horas y el tratamiento precoz es decisivo. Sanidad recuerda que la sepsis meningocócica es la forma más grave y puede cursar con sangrado y fallo multiorgánico.
Qué no se debe hacer
No hay que esperar «a ver si se le pasa» cuando el niño está claramente peor, muy decaído o presenta manchas sospechosas. Tampoco se deben administrar antibióticos por cuenta propia ni usar restos de tratamientos anteriores: la decisión corresponde al personal sanitario. Y no hay que enviar al niño al colegio si tiene fiebre y mal estado general, especialmente si existen síntomas compatibles.
Si el menor ha sido contacto de un caso, la familia debe seguir las instrucciones de Salud Pública. El Centro Nacional de Epidemiología explica que la transmisión se produce por contacto con secreciones respiratorias y que la quimioprofilaxis se recomienda para convivientes y personas con contacto estrecho con el caso. Los pediatras también subrayan que, en meningitis bacterianas contagiosas como la meningocócica, los contactos más íntimos pueden necesitar medicación preventiva durante pocos días, siempre bajo indicación sanitaria.
La vacuna protege, pero no sustituye la vigilancia
La vacunación es la principal herramienta preventiva. El Centro Nacional de Epidemiología recuerda que la vacunación es el mejor medio para prevenir la enfermedad meningocócica. En Galicia, el calendario incluye inmunización frente a distintos serogrupos y la Xunta ha anunciado la ampliación de la protección frente al meningococo B con una nueva dosis a los 12 años, que se suma a la pauta ya administrada a los bebés y a la vacuna tetravalente.
Aun así, ninguna vacuna cubre todos los posibles gérmenes que pueden causar meningitis. Por eso el mensaje para las familias es doble: vacunar cuando corresponda y consultar con rapidez si aparecen signos de alarma. La mayoría de las fiebres infantiles no son meningitis. Pero cuando la fiebre se acompa
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