Acceso a la universidad
La Selectividad bajo la lupa: tres profesores proponen medir la PAU por percentiles para corregir diferencias de notas entre comunidades
El catedrático de Matemática Aplicada en la UVigo, Iván Area, junto con los profesores Elena Gajate y José Ángel de Toro plantean que la nota de selectividad se acompañe del «percentil» del estudiante
Plantean una fórmula para garantizar la equidad entre años y distritos diferentes semejante a la que ya se aplica en los MIR, los Premios nacionales o las becas del Ministerio

Un momento previo a la realización de las pruebas EVAU en un distrito de España. / DAVID ARQUIMBAU
En la selectividad (ahora PAU) una décima puede decidir una carrera. Y, sin embargo, no todas las notas nacen del mismo examen. En 2024, Galicia registró una media de 6,89 en la PAU, mientras Andalucía alcanzó un 7,29. La diferencia puede parecer pequeña, pero en titulaciones de máxima demanda, como Medicina, se convierte en decisiva. En la Universidade de Santiago (USC), de los 407 alumnos matriculados este año en Medicina, 297 son gallegos, el 73%. El segundo grupo más numeroso procede de Andalucía: 43 estudiantes, un 11%. Les siguen Asturias, con 18 alumnos; Extremadura, con 13; y Madrid, con 6.
Ese cruce entre notas, territorios y plazas universitarias está en el centro de la propuesta que defienden los profesores universitarios Elena Gajate; Iván Area, catedrático de Matemática Aplicada en la Universidad de Vigo, (UVigo) y José Ángel de Toro. Su planteamiento no pasa por implantar una Selectividad única ni por recentralizar las pruebas, sino por introducir una corrección estadística: acompañar cada nota de la PAU con el percentil que ocupa el alumno dentro de su comunidad y convocatoria. Es decir, no mirar sólo si un estudiante obtuvo un 7, un 8 o un 9, sino qué posición real ocupa respecto al resto de quienes hicieron su mismo examen.
Misma nota, exámenes distintos
La idea parte de esa evidencia incómoda: un 7 en Galicia no tiene por qué significar lo mismo que un 7 en Andalucía, en Madrid o en Extremadura. La nota final funciona como una moneda común para competir por plazas en toda España, pero los exámenes, los criterios y las distribuciones de resultados no son idénticos.
Area matiza, no obstante, que el sistema actual «é perfectamente válido» para comparar a estudiantes dentro de una misma comunidad y en una misma convocatoria. El problema aparece cuando se cruzan distritos o años distintos. «Os problemas aparecen cando comparamos estudantes de distritos ou de anos diferentes», explica. Esa comparación es precisamente la que decide el acceso a los grados más competitivos.
El debate suele aflorar cada junio, cuando se denuncia que una prueba ha sido especialmente difícil. Pero, advierte Area, casi nunca se habla de los exámenes demasiado fáciles, aunque su efecto sobre la admisión sea igual de relevante. «Nunca vin informacións ou protestas sobre exames especialmente doados», señala. Y recuerda una cuestión básica: la PAU no es sólo una evaluación de Bachillerato, sino un mecanismo para ordenar al alumnado en la elección de grados.
Cómo medir la posición, no sólo la nota
La solución que proponen los tres profesores es técnicamente sencilla. El «percentil» indica qué porcentaje de alumnos queda por debajo de una determinada calificación. Permite saber qué porcentaje de estudiantes queda por debajo de una determinada nota dentro del mismo grupo de referencia. Así, dos estudiantes con notas distintas podrían ser comparados no sólo por su resultado absoluto, sino por su posición relativa dentro de la prueba que realmente realizaron. El porcentaje de notas inferiores a ella, explican. «Así, un 7 obtenido en un examen difícil podría ser equivalente, por situarse en el mismo percentil, a un 9 en un examen más fácil (con mayor abundancia de notas altas) de otra comunidad».
Los percentiles se usan desde la infancia (para los bebés, desde el nacimiento en las mediciones mensuales) en revisiones médicas y también en procesos competitivos como las ayudas FPU, ligadas a becas del Ministerio, a los Premios Nacionales de Fin de Carrera o pruebas sanitarias como el MIR.
Precedentes a la idea
Area y los otros profesores que impulsan la medida recuerdan que no se trata de una ocurrencia aislada. Tampoco es una rareza técnica. El catedrático de Matemáticas de la UVigo explica a FARO que, tras presentar en 2023 en unas jornadas de la CRUE una propuesta basada en la estandarización de notas, supieron que Carlos Pajares, rector de la Universidade de Santiago de Compostela entre 1984 y 1990, ya había planteado una idea semejante. También Juan Manuel Molera Molera, de la Universidad Carlos III de Madrid, sugirió fórmulas parecidas. Para los autores, esa convergencia refuerza la solidez del diagnóstico: investigadores distintos, en contextos distintos, han llegado a soluciones similares.
No para este año, pero sí como información
Los autores no creen viable aplicar la reforma con efectos reales de forma inmediata. Harían falta acuerdos institucionales y una modificación del Real Decreto 534/2024. Pero sí defienden que los percentiles podrían publicarse ya con carácter informativo este año. Eso permitiría observar el sistema con más transparencia antes de alterar las reglas de admisión.
Esa fase inicial serviría para comprobar qué revelan los datos: qué comunidades concentran notas más altas, cómo se comportan las distribuciones y qué diferencias aparecen entre materias o convocatorias. También ayudaría a que familias y universidades se familiaricen con una herramienta que, según los profesores, no debería resultar extraña.
Menos presión para bajar el nivel
La propuesta no sólo busca equidad territorial. También aspira a mejorar el propio diseño de la PAU. Si el acceso dependiera de la posición relativa y no únicamente de la dificultad absoluta del examen, habría menos miedo a plantear pruebas más exigentes, abiertas o competenciales.
Area sostiene que el percentil eliminaría un incentivo nocivo: la presión para no perjudicar al alumnado propio con un examen más difícil. Hoy, ese temor empuja a menudo hacia pruebas previsibles y poco ambiciosas. «En realidade, o triste é preparar un exame pobre e insípido, que se perpetúa polo medo das universidades a prexudicar ao seu alumnado cun exame máis interesante, aberto e competencial. Un exame ben deseñado pode orientar positivamente a ensinanza no bacharelato, como pretende PISA en secundaria», argumenta. Y eso acaba condicionando 2º de Bachillerato, que muchos docentes describen como un curso reducido a preparar la Selectividad.
El mapa de las medias
La fotografía territorial ayuda a entender por qué los autores insisten en mirar más allá de la nota bruta. En 2024, Galicia se situó en 6,89 y Andalucía en 7,29. También aparecieron por encima de la media comunidades como Extremadura, con 7,42; Castilla y León, con 7,37; Murcia, con 7,35; Navarra, con 7,27; País Vasco... En el extremo contrario estaban Baleares, con 6,44; Cataluña, con 6,79; Comunidad Valenciana... Tanto es así, que la diferencia entre Baleares y Cantabria, que alcanzó el 7,52, superó un punto. Luego del examen, los alumnos de todas las comunidades pueden solicitar plaza con su media en cualquier comunidad.
Son datos que no prueban por sí solos que un sistema sea más fácil que otro, pero sí muestran que las medias territoriales no son idénticas.
Una reforma técnica para un debate político
Elena Gajate, Iván Area y José Ángel de Toro reclaman que Ministerio, CRUE y comunidades aborden el asunto con cooperación leal. La Selectividad es un terreno sensible, fácilmente convertido en batalla territorial. Su propuesta intenta justamente lo contrario: introducir una corrección objetiva sin romper el modelo actual. No resolvería todos los problemas del acceso universitario, pero sí obligaría a reconocer algo que el sistema tiende a ocultar. Que una misma nota no siempre significa lo mismo.
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