Fauna salvaje
La presencia humana y las carreteras reducen los movimientos del lobo ibérico
Estos cánidos en paisajes humanizados recorren una media de 9 kilómetros diarios, con desplazamientos netos de 3,8 kilómetros, según el análisis de 26 ejemplares

Un ejemplar de lobo. / Mariam A. Montesinos
Un estudio liderado por la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC) y la Universidad de A Coruña revela que la presencia humana y las carreteras limitan los movimientos de los lobos ibéricos, que recorren distancias más cortas en paisajes cada vez más humanizados.
La investigación, publicada en la revista científica 'Behavioural Ecology', ofrece una visión integral de cómo los grandes carnívoros adaptan sus movimientos en paisajes humanizados, según ha informado el CSIC.
«Tradicionalmente, el lobo ha sido caracterizado como un depredador altamente móvil, capaz de recorrer grandes distancias en busca de alimento» y este estudio apunta a que modifica «esta movilidad en paisajes con alta presencia de actividad humana», ha explicado el investigador predoctoral de la EBD-CSIC, Lago Ferreiro Arias, primer autor del artículo.
Los científicos analizaron los movimientos diarios de 26 lobos en Galicia y constataron que la «perturbación humana» es el principal factor que condiciona los movimientos del lobo.
En paisajes altamente humanizados, los lobos ibéricos reducen sus movimientos diarios, con una media de 9 kilómetros diarios y desplazamientos netos de 3,8 kilómetros desde su punto de partida.
La vegetación puede actuar como refugio y amortiguar el efecto negativo que causa la presencia humana. También influye, aunque menos, el tipo de presa dominante.
Los lobos que se alimentan sobre todo de ganado doméstico recorren distancias más cortas que aquellos que dependen de presas silvestres. Factores como si pertenecen a una manada o son individuos solitarios influyen de manera más secundaria.
Los lobos que no pertenecen a una manada hacen desplazamientos más largos, especialmente durante ciertos periodos reproductivos, especifican desde el CSIC.
La investigación subraya la importancia de comprender cómo la actividad humana altera el comportamiento de especies clave como el lobo ibérico, especialmente en territorios donde conviven espacios naturales, explotaciones ganaderas, núcleos de población y una densa red de carreteras. Este tipo de estudios permite conocer con mayor precisión qué elementos del paisaje favorecen o limitan los desplazamientos de los animales y cómo estos ajustan sus estrategias de movimiento para reducir riesgos.
Los resultados también pueden aportar información útil para la conservación del lobo ibérico y para la gestión de los conflictos asociados a su presencia en zonas rurales. Según los investigadores, analizar los patrones de movilidad ayuda a identificar áreas sensibles, corredores ecológicos y espacios donde la presencia humana puede generar mayores efectos sobre la especie. La combinación de datos científicos y planificación territorial resulta clave para mejorar la coexistencia entre los grandes carnívoros, la actividad ganadera y las comunidades locales.
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