La granja no se jubila: una explotación de vacuno de leche en A Laracha encuentra continuidad gracias al Banco de Explotaciones de la Xunta
Una granja de vacuno de leche en A Laracha, nacida del esfuerzo de dos matrimonios, asegura su continuidad gracias al Banco de Explotacións impulsado por la Xunta, que facilita el relevo generacional

Trabajadores que ponen a punto la granja recién traspasada de A Laracha. / Fdv
En un rural marcado por el envejecimiento, la falta de relevo y la desaparición de explotaciones, historias como la de esta granja de A Laracha, A Coruña, que encuentra continuidad gracias al Banco de Explotaciones impulsado por la Xunta, muestra que aún hay margen para otra salida. No el cierre, sino la continuidad. Una explotación de vacuno de leche que nació del esfuerzo compartido de dos familias , levantada desde abajo y sostenida durante casi un cuarto de siglo con vacas de leche, encuentra ahora una nueva etapa. Esta, llega de la mano de una sociedad empresarial que quiere profesionalizarla, ampliar cabaña e introducir robots de ordeño. El proyecto que durante más de dos décadas sostuvo Ramón Ramilo junto a otros socios no desaparece: cambia de manos, se moderniza y seguirá produciendo.
«Éramos cuatro personas, dos matrimonios», resume Ramilo al recordar el origen de la explotación. Aquella aventura empezó en 2001, cuando decidieron dar el paso desde una experiencia previa ligada al campo tradicional y convertirla en un proyecto profesional. «Formamos la sociedad, encontramos el terreno e hicimos todo allí», relata.
La base no partía de cero. «Teníamos experiencia de antes, ya de nuestros padres. Pero teníamos muy pocas vacas», explica. A partir de ahí fueron construyendo la explotación pieza a pieza. Compraron primero parte de la finca, levantaron la nave y, con el tiempo, completaron la base territorial. «Compramos la mitad de la finca, montamos la nave, montamos todo. El resto lo seguimos comprando después», señala. En total, la granja llegó a sumar tres hectáreas, todas en el término municipal de A Laracha.
Con los años, aquella explotación familiar convertida en sociedad alcanzó una dimensión notable. «Estábamos ordeñando 110, 114, más o menos», apunta Ramilo. Hasta su venta, funcionaba con una sala de ordeño de 36 puntos, una infraestructura que permitió sostener durante años la carga de trabajo diaria de una explotación de leche ya plenamente asentada.
Una decisión meditada
La venta no fue una salida precipitada ni fruto del desgaste de un mal negocio. Al contrario. Ramilo hace balance de la trayectoria con satisfacción. «¿Nos fue bien? Perfecto», responde cuando se le pregunta por la viabilidad del proyecto. Ese balance positivo convive, sin embargo, con una realidad muy conocida en el agro gallego: la ausencia de relevo dentro de la propia familia. «Los hijos no quisieron seguir con esto», resume con claridad. A eso se sumó el momento vital de los socios. «Mis dos socios, uno se retiró, el otro se retiraba, y a mí aún me faltan cuatro años», explica. La decisión estaba tomada: «Nosotros decidimos que, si aparecía una persona para comprar, pues vender».
La oportunidad, además, no era menor. «Aprovechamos la ocasión de poder vender porque es muy difícil poder vender la finca entera con todo», subraya. No se trataba solo de cerrar una etapa, sino de lograr algo que no siempre resulta posible: transmitir la explotación como una unidad productiva completa, con tierras, instalaciones y actividad, y no como un despiece condenado a la desaparición.
El Banco de Explotaciones, una vía para evitar cierres
Ahí es donde entra el Banco de Explotaciones, la herramienta puesta en marcha por la Consellería do Medio Rural para conectar a quienes quieren abandonar la actividad con quienes buscan incorporarse al sector. El sistema echó a andar en febrero de 2025, con la publicación en el Diario Oficial de Galicia (DOG) de los formularios para solicitar tanto la inclusión de explotaciones como la intermediación para las personas interesadas en hacerse cargo de ellas.
En la actualidad hay 12 explotaciones inscritas en este banco. Siete están en la provincia de Lugo —cinco de vacuno de carne, una porcina y una de vacuno de leche—; tres en la provincia de A Coruña —dos de vacuno de leche, en A Laracha y Coristanco, y una de vacuno de carne en Cerceda—; una avícola de carne en A Estrada y otra de aves ponedoras en O Pereiro de Aguiar.
De esas explotaciones, cuatro están en proceso de transmisión o ya fueron transmitidas: las de Coristanco, O Saviñao, Palas de Rei y A Laracha. La Consellería añade además que se recibieron 23 solicitudes de intermediación, de las cuales 18 son válidas, y que en todos los casos participa personal técnico agrario de las oficinas rurales.
El caso de A Laracha se convierte así en uno de los ejemplos más visibles de una política pensada para combatir uno de los principales cuellos de botella del agro gallego: la continuidad de las explotaciones viables cuando sus titulares se jubilan o deciden dejar la actividad.
El comprador: diversificación empresarial y apuesta por la leche
Uno de los nuevos titulares de la explotación de A Laracha es Severino Brea Fraga, de Santiago, de 53 años, que ha adquirido la granja y la explota con un socio. Junto a Rubén Prieto forma una sociedad que tiene contratadas a 12 personas en sus explotaciones. Además de la actividad ganadera, desarrolla negocios en otros sectores.
Brea no procede exclusivamente del vacuno de leche, pero defiende con claridad su apuesta por el sector. «Me dedico a varios sectores y tengo una granja de vacas de leche en Ourense desde hace tres años, con otro socio», añade. La oportunidad de A Laracha apareció a través del sistema público de relevo. «Nos enteramos de que esta explotación estaba en venta a través del Banco de Explotaciones. Nos ofrecieron aserorarnos legamente», relata. En ese proceso, contaron con la ayuda de la Cámara Agraria de Carballo.
De 90 a 180 vacas: el plan de ampliación
La llegada de Severino Brea a A Laracha no responde a una lógica conservadora. Su proyecto pasa por modernizar y crecer. «Estamos ampliando, de 90 vacas a 180 vacas», señala. La hoja de ruta incluye una inversión profunda en las instalaciones. «Vamos a ampliar, meter dos robots, cambiar el tejado de la nave y tener una casa para los empleados».
La modernización de la granja se apoya en la automatización del ordeño, una herramienta que Brea considera clave para mejorar productividad, control sanitario y organización del trabajo. «La leche es muy rentable para tener empleados y hacer inversión. Con empleados y con robots pasas de dos a tres ordeños diarios», explica. Y concreta los resultados que espera: «Es más rentable porque aumentan los litros por vaca, de 32 litros en sala de ordeño hasta 42 litros. La vaca se ordeña más y hay más control sobre las vacas y las enfermedades».
Ese salto tecnológico enlaza con lo que ya apuntaba Ramón Ramilo al despedirse de la explotación. Para quien ha vivido durante años la exigencia diaria del ordeño convencional, el cambio es significativo. «Los robots funcionan de otra forma. Las vacas van pasando por allí... ahorra mucho trabajo», decía. Y concretaba su impacto en mano de obra: «Ahorra dos o tres personas».

Obras para ampliar la explotación, esta semana. / Fdv
El relevo, por tanto, no solo garantiza continuidad: introduce un nuevo modelo productivo. Uno de los elementos más relevantes de la nueva etapa es la dimensión laboral. Frente a la imagen de la explotación exclusivamente familiar, el proyecto de Brea se apoya en estructura, personal contratado y capacidad de inversión. «Tenemos hasta 50 o 60 hectáreas», explica. La previsión de habilitar una vivienda para trabajadores apunta también a un problema recurrente en el sector: la dificultad para fijar mano de obra estable en el rural.
Rentabilidad, pero con amenazas
Brea defiende que el vacuno de leche sigue siendo un sector capaz de generar retorno, especialmente cuando se gestiona con escala, personal y tecnología. Pero advierte también de la fragilidad del equilibrio económico. «Con el encarecimiento del gasóleo y de los fertilizantes, y con la bajada del precio de la leche, si se plantea una bajada de entre siete y diez céntimos, deja de ser viable», alerta.
La preocupación no es abstracta. Llega en plena campaña de forrajes. «Estamos en plena campaña de ensilado, subieron 50 céntimos el gasóleo en diez días y se agravó todo el precio de los insumos», resume. Su diagnóstico refleja una de las tensiones de fondo del sector lácteo: incluso en explotaciones que apuestan por crecer y modernizarse, la volatilidad de costes y precios puede comprometer la viabilidad si no existe un marco estable.
Una cooperativa propia y una despedida sin amargura
Durante su etapa activa, la leche de la explotación se entregaba a Coreber, cooperativa de la que los socios también formaban parte. «Era una cooperativa nuestra, éramos socios también», recuerda Ramilo. Esa vinculación cooperativa formó parte del modelo con el que la explotación logró consolidarse durante más de veinte años.
Ahora, al echar la vista atrás, el tono no es de cierre traumático, sino de satisfacción por haber encontrado una salida ordenada y útil para la granja. «Sí, estamos contentos», concluye el ganadero. Contentos por la operación, pero sobre todo por algo que en el medio rural vale más que una simple compraventa: que la explotación siga viva.
Ayudas ligadas al relevo
La transmisión de explotaciones a través de este banco contará además con respaldo económico. La Consellería do Medio Rural recuerda que en diciembre se publicaron las bases reguladoras de las ayudas para la sucesión de explotaciones agrarias enmarcadas en el Pepac. Estas aportaciones están vinculadas precisamente a las transmisiones realizadas mediante el Banco de Explotaciones y podrán alcanzar hasta 30.000 euros en un período de cinco años para quienes cedan sus explotaciones por venta o arrendamiento. Se trata del paso previo a una convocatoria que se publicará a lo largo de este año y que estará dotada con un presupuesto de 2,1 millones de euros hasta 2029.
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