Daños en el campo
Galicia registra los primeros ataques del jabalí al inicio de la campaña de siembra del maíz forrajero
Unións Agrarias reclama a la Xunta agilizar los permisos para el control de los animales ante los primeros daños registrados de la temporada

Un jabalí en el monte. / FDV
R. S.
El sindicato Unións Agrarias reclama a la Xunta que actúe con agilidad para frenar los primeros ataques del jabalí sobre las parcelas de maíz forrajero, coincidiendo con el arranque de la campaña de siembra. La organización agraria asegura que ya está recibiendo en sus oficinas las primeras quejas de agricultores y ganaderos que han visto cómo el porco bravo entra en fincas recién sembradas, remueve la tierra en busca del grano y obliga, en muchos casos, a resembrar. Es decir, tienen que asumir de nuevo costes de semilla, gasóleo y trabajo en un momento especialmente delicado para las explotaciones.
El problema se concentra en una ventana muy concreta. UUAA recuerda que el maíz es especialmente vulnerable durante las cuatro primeras semanas posteriores a la siembra, hasta que la planta germina y alcanza unos diez centímetros de altura. A partir de ese momento deja de resultar atractivo para el jabalí hasta la maduración de la espiga, en agosto, cuando suele registrarse una segunda oleada de daños.
Por eso la organización pide una respuesta inmediata de la Consellería de Medio Ambiente. Al estar cerrada desde finales de febrero la temporada ordinaria de caza del jabalí, cualquier actuación de control necesita autorización administrativa. El sindicato agrario reclama que la Xunta agilice esos permisos y dé instrucciones claras a los servicios provinciales de caza para que no se produzcan retrasos que dejen los cultivos indefensos.
El maíz forrajero es un cultivo estratégico para Galicia, principal productora en España, con una superficie que la organización sitúa este año en torno a las 70.000 hectáreas. Su papel es básico para garantizar la alimentación de la cabaña ganadera de leche y carne. Unións Agrarias apela también a la colaboración de los Tecor y sociedades de caza, mediante acciones de dispersión con perros, esperas o batidas autorizadas allí donde haya daños.
«Los ganaderos no pueden esperar días de retrasos mientras el jabalí les destroza las fincas. Están sembrando en un contexto de costes disparados y necesitan respuestas rápidas, empatía institucional y colaboración real. No se trata de pedir medidas excepcionales, sino de permitir que se actúe a tiempo para evitar daños que después ya no tienen reparación», señalan desde Unións Agrarias.
La organización recuerda que los daños del jabalí en el campo son ya un problema productivo y social de primer orden. Solo en 2025 se registraron más de 4.200 avisos por daños en cultivos y la Xunta abonó cerca de 1,5 millones de euros en pagos, aunque Unións Agrarias estima que el impacto real supera los 9 millones de euros si se tienen en cuenta los daños recurrentes en el maíz, en las producciones forrajeras, en la huerta y en la castaña.
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