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¿Es tan nocivo el cambio de hora? El físico gallego Jorge Mira y un investigador de Sevilla desmontan la alarma, que achacan a una «ilusión matemática»

Mira, de la USC, y José María Martín Olalla, de la Universidad de Sevilla, sostienen en PNAS que las conclusiones del trabajo de 2025 se apoyaban en un fallo metodológico

Refutan ese estudio reciente que atribuyó al cambio de hora infartos, ictus y obesidad

El cambio de hora en primavera contribuye a un mayor número de horas de luz por la mañana.

El cambio de hora en primavera contribuye a un mayor número de horas de luz por la mañana. / JESUS HELLIN / STUDIOMEDIA19

Elena Ocampo

Elena Ocampo

Vigo

La polémica sobre el cambio de hora está, de nuevo, servida. El estudio que en 2025 alcanzó repercusión internacional al vincular el cambio estacional de hora con efectos adversos para la salud —desde infartos y accidentes cerebrovasculares hasta obesidad— acaba de recibir una enmienda de fondo por parte de dos físicos españoles: José María Martín Olalla, profesor de la Universidad de Sevilla, y Jorge Mira Pérez, catedrático gallego de la Universidade de Santiago de Compostela y divulgador científico.

Ambos investigadores firman una carta publicada por la misma revista que difundió el trabajo original, Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), en la que cuestionan de raíz la metodología empleada por Lara Weed y Jamie M. Zeitzer, de la Universidad de Stanford. Su conclusión es contundente: «Lo que el mundo leyó como una evidencia científica contra el cambio de hora ha resultado ser una ilusión matemática».

El artículo de Stanford, difundido en otoño de 2025, tuvo un eco notable por la rotundidad de sus conclusiones y por el uso de una base de datos de gran alcance, Places —elaborada por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC)—, que recoge información local sobre la prevalencia de 29 síndromes y enfermedades. Sobre ese material, Weed y Zeitzer construyeron un modelo circadiano con el que trataron de medir el impacto sanitario de los desajustes entre el reloj biológico humano y el tiempo social.

Sin embargo, según sostienen ahora Mira y Martín Olalla, el problema reside precisamente en cómo se hizo ese cálculo. El modelo original computaba la diferencia entre el ritmo circadiano —determinado por la hora de mínima temperatura corporal— y el ritmo de la rotación terrestre. Esa diferencia era interpretada como el «ajuste circadiano necesario para mantener la sincronización con el mundo exterior». A partir de ahí, los autores del estudio de 2025 inferían efectos globales sobre la salud sumando esos reajustes diarios a lo largo del año.

Ahí, dicen los físicos, está el error decisivo.

Falta de reajustes

«El uso de reajustes absolutos y no reajustes reales es el error crítico», señalan. Es decir, el estudio acumulaba siempre la magnitud del ajuste diario, sin distinguir si este se producía en un sentido o en el contrario. Para los autores de la réplica, ese procedimiento convierte una oscilación normal, pequeña y compensada en una falsa acumulación capaz de inflar artificialmente los resultados.

Jorge Mira lo explica con una imagen muy gráfica. «Lo que hacen los autores es como si al conducir registrásemos los pequeños reajustes que se hacen moviendo el volante a un lado y otro, y que ayudan a mantener el coche en el carril, para computarlos todos en el mismo sentido y reportar un valor grande, en vez de compensarlo», señala. «Con su cómputo sería lo mismo mantener un rumbo fijo haciendo pequeños reajustes con el volante a un lado y otro, que desviarte poco a poco girando y girando en un mismo sentido hasta acabar yendo en sentido contrario. Solo esto refuta las conclusiones del estudio».

Martín Olalla, por su parte, sostiene que al «analizar las tripas del modelo» comprobaron que el reajuste diario era «pequeño», del mismo orden que la propia precisión temporal de la herramienta utilizada, y además fluctuante: unos días en un sentido, otros en el contrario. «No había una tendencia global que lleve a una desincronización significativa, como corresponde realmente a un reajuste», afirma.

De acuerdo con su revisión, el acumulado anual de esos reajustes reales sería nulo, incluso en un escenario con cambio de hora. En cambio, la métrica elegida en el estudio original producía un resultado de unas 20 horas anuales de reajuste acumulado absoluto. A juicio de Martín Olalla, esa cifra no refleja un fenómeno fisiológico relevante, sino la suma artificial de correcciones cotidianas de apenas unos tres minutos por día. «Con la información aportada en el estudio se hace difícil entender cómo este valor tan débil, un 0,3 %, puede relacionarse epidemiológicamente con la prevalencia de enfermedades», advierte. De hecho, en la nota de prensa difundida por la USC se llega a indicar que «los resultados del estudio parecen una autoprofecía cumplida».

Los dos investigadores van más allá del reproche técnico. En el tramo final de su carta plantean una objeción de fondo: la ausencia de una hipótesis causal sólida que justificase relacionar el «ruido» del modelo con variables sociosanitarias globales. «No vemos ninguna hipótesis previa o ningún nexo causal que justifique el análisis que se realiza en el estudio original. Esto invalida la metodología del estudio y, por tanto, las consecuencias que reportaron», sostienen.

Obesidad y ataques, sin datos concluyentes

En consecuencia, añaden, los autores del trabajo de 2025 «no pueden concluir que la eliminación del cambio de hora traería una disminución de la prevalencia de la obesidad o de los ataques agudos».

La intervención de Mira, profesor de la USC y uno de los divulgadores científicos más conocidos de Galicia, sitúa además el debate en un terreno especialmente sensible: cómo una conclusión llamativa puede instalarse con rapidez en la conversación pública cuando parece respaldada por grandes bases de datos y revistas de primer nivel. La carta publicada ahora en PNAS devuelve la discusión a un principio elemental de la ciencia: no basta con que una correlación resulte sugerente si el andamiaje matemático que la sostiene falla en lo esencial.

En pleno debate sobre la conveniencia de mantener o suprimir los cambios estacionales de hora, la réplica firmada por Martín Olalla y Mira introduce así una llamada a la cautela. No niega la importancia del estudio de los ritmos circadianos ni de sus posibles implicaciones en la salud pública, pero sí cuestiona que el trabajo de Stanford aportase la prueba que muchos creyeron ver.

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