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Diez años en Lyon y de vuelta a Vigo: «Nadie se va de su casa si no tiene otro remedio»

Viguesa de nacimiento, Zoila decidió volver a su tierra natal después de estar una década emigrada en Francia. Ahora lleva una florestería en la ciuad olívica, La Bohème, para la que recibió una ayuda económica de la Xunta dentro del programa Retorno emprendedor

Zoila Martínez, en Floristería La Bohème, en Vigo

Zoila Martínez, en Floristería La Bohème, en Vigo / Pedro Mina / FDV

Santiago

Zoila Martínez Pacheco lleva el oficio en la sangre. Su abuela era florista, su tía también, y sus primas siguieron el mismo camino. Ella quiso especializarse, y fue a Madrid a formarse. Pero cuando cumplió 35 años, encontrar trabajo en Vigo, donde vivió su familia por generaciones, se volvió casi imposible. En el negocio familiar solo podían contratarla para campañas puntuales: San Valentín, Difuntos, el Día de la Madre… Así que tomó la dura decisión de irse.

Escogió Francia como destino, y más concretamente Lyon, donde estuvo diez años. Empezó en hostelería, aprendiendo el idioma, y en cuanto pudo se pasó a la floristería. Diez años en Lyon. Diez años lejos de su hija, de su familia, de Vigo.

«Nadie se va de su casa si no tiene otro remedio», reconoce, y en su caso, yéndose sin siquiera saber si iba a poder volver, fue muy «duro». Pero eventualmente el peso de la distancia y la morriña la empujaron a hacer las maletas de nuevo. En todo caso, volver, asegura, tampoco es fácil. «Ni eres de aquí ni eres de allí», dice. «Allí siempre eres extranjera. Aquí también terminas siéndolo un poco, porque las cosas cambian, la gente evoluciona y tú también has cambiado».

Regresó a su Vigo natal en octubre de 2024 con una idea clara: invertir sus ahorros en montar su propia floristería que, asegura, siempre ha sido su «sueño». Lo primero que hizo fue acercarse a la Xunta para arreglar el papeleo del retorno. Allí le hablaron de una oficina de retornados que ni sabía que existía. Le explicaron las ayudas disponibles y solicitó una, la de Retorno Emprendedor. Se trata de una línea de ayudas de la Xunta dirigida a gallegos que regresan del extranjero y quieren establecerse por cuenta propia, con una dotación de hasta 10.000 euros por proyecto. Recibió 7.000, cuando ya tenía el negocio abierto. Para ella, que lo invirtió todo en su floristería, fue una «tranquilidad»: «Todo lo que utilizo es reciclado, pero aún así te gastas mucho dinero, y que de repente te den esta ayuda… Puedes dormir por la noche».

Hoy, a sus 46 años, su floristería, La Bohème, es mucho más que una tienda, es parte del barrio. «Es mi sueño», dice, «y creo que se nota el cariño que le pongo». Y anima a otros retornados a informarse: «A lo mejor no te dan la cuantía máxima, pero 3.000 euros también están muy bien. Y aunque no lleguen las ayudas, ya solo que te echen una mano con el papeleo y la burocracia vale mucho».

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