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Descendiente de gallegos en Cuba, llegó a Pontevedra con trabajo firmado: «Todo salió mejor de lo que esperaba»

La bisabuela de Jonathan emigró de Ourense en 1908 y ahora, más de 100 años después, vive en la comunidad a donde espera poder traer pronto a sus hijas

Jonathan Falcón es un gallego retornado de Cuba qué trabaja como informático en MCA Facility

Jonathan Falcón es un gallego retornado de Cuba qué trabaja como informático en MCA Facility / Rafa Vázquez

Santiago

Jonathan Falcón González llegó a Pontevedra en septiembre del año pasado. Y lo hizo con trabajo en mano: en cuestión de siete días ya estaba en su nuevo puesto, como informático en la empresa MCA Facility, en Pontevedra. 

Su historia, sin embargo, arranca mucho antes y mucho más lejos. Su bisabuela era de Ourense. Se fue a Cuba en 1908, con 15 años, y allí echó raíces. Tuvo hijos, nietos, bisnietos. Jonathan nació en 1992 y creció sabiendo que había una parte de su historia al otro lado del Atlántico

Ya en Cuba era conocedor de los programas de Galicia Retorna, y al reunir los requisitos como descendiente de gallegos, empezó a barajar sus opciones. Allí, reconoce, ni él si su familia estaban «mal», pero «no teníamos mucho futuro», sobre todo para sus dos niñas. 

Esta situación acabó de inclinar la balanza comenzó a buscar empleo a través de la  Fundación Venancio Salcines. Hizo do entrevistas, y a la segunda ya había encontrado trabajo en el puesto que ocupa ahora.

Cumplido el primer paso, vino a Pontevedra a finales de septiembre de 2025, y el 1 de octubre ya estaba trabajando. Desde Cuba, las gestoras del programa Galicia Retorna le habían explicado cada paso: qué papeles necesitaba, cómo funcionaba el sistema sanitario, qué hacer nada más aterrizar. Incluso le buscaron una habitación. «No pasé trabajo con ningún trámite», dice. «Llegué y lo tenía todo».

Su experiencia ha sido, en sus propias palabras, mejor de lo que esperaba. Había incertidumbre, el miedo a dejar a su familia, a que las cosas no fueran como las pintaban. Pero fueron. «La verdad es que todo salió mejor de como lo esperaba», reconoce, «siempre tuve el apoyo de las chicas de la fundación en todo momento».

El único frente abierto es la vivienda. Su hermana está arreglando el papeleo para venir, y su mujer y sus dos hijas, que tienen ciudadanía española, siguen en Cuba mientras él busca un piso en Pontevedra para traerlas. «Es lo que más se me ha complicado», admite, «lo que más se me ha trabado». Pero el tono con el que lo dice no es de derrota, sino de quien sabe que es cuestión de tiempo.

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