Entrevista | José María Faílde Presidente de la Sociedade Galega de Xerontoloxía e Xeriatría
«El aislamiento social nos quita esperanza de vida: hay estudios que apuntan hasta 15 años»
«Hay que detectar situaciones de riesgo de soledad no deseada, monitorizar a esas personas y tomar medidas para evitarlas»

Jose Maria Faílde. / Iñaki Osorio.

La Consellería de Política Social ordenó el pasado año el ingreso de 1.266 mayores en una residencia por la vía de urgencia al encontrarse en una situación de abandono, desprotección o riesgo sanitario grave, así como por carecer de recursos económicos o red de apoyo familiar. El presidente de la Sociedade Galega de Xerontoloxía e Xeriatría, José María Faílde, advierte del aumento del aislamiento social y de cómo la soledad no deseada perjudica la salud.
¿Qué problemática hay detrás de estas personas mayores que son ingresadas por la vía de urgencia en una residencia?
Las sociedades actuales están transitando desde hace ya varias décadas a un modelo con más aislamiento social. Está siendo mucho más acusado. Y esto es un tema de preocupación, no solo en Galicia. De hecho, la soledad no deseada tiene graves impactos sobre la salud. Detrás de estos mayores que ingresan por la vía de urgencia en residencias hay un desarraigo social.
Esta situación ¿se agrava en una comunidad como la gallega con un gran envejecimiento poblacional?
Sí, pero el envejecimiento no es causa de la soledad. De hecho, la soledad es más prevalente en jóvenes que en personas mayores. Eso sí, si antes de los 65 años tiene rostro masculino, a partir de esa edad el perfil es femenino y especialmente a partir de los 75 años. En este tramo de edad las prevalencias de soledad en personas mayores empiezan a ser muy similares a las que tienen los jóvenes.
¿Están fallando las redes familiares como apoyo a las personas mayores?
Sin duda. Es por el individualismo colectivo. En Galicia hemos pasado de una sociedad más colectivista, muy caracterizada por redes familiares extensas, donde la familia es un núcleo muy importante, a otra donde empieza a haber, por ejemplo, más familias monoparentales y hogares con personas que viven solas. Vivir solo no significa tener soledad no deseada, pero lo que dicen los estudios es que aproximadamente el 70 por ciento terminan padeciendo soledad no deseada en algún momento de su vida. Por lo tanto, sí que es un factor de riesgo estar aislado socialmente. Y la conexión social es un factor que aparece sistemáticamente asociado a la longevidad y a la calidad de vida. El ser humano está diseñado para vivir en contacto con los demás.
¿Cómo se da respuesta a esta problemática?
Las residencias son un recurso, pero no es el recurso ideal, es un recurso necesario. Y evidentemente ni lo tenemos que demonizar ni tampoco que idealizar. Las personas que gozan de buena salud y tienen recursos prefieren envejecer en su entorno y esto es a lo que debiéramos aspirar. Pero si empeoramos de salud, no nos podemos costear un servicio de 24 horas en casa porque sería carísimo. Es imposible de mantener incluso para quienes hayan tenido un buen sueldo. Pero las residencias también son un recurso caro. Estamos hablando de una media de pago mensual en una residencia privada de entre los 2.800 y los 3.500 euros. Entonces evidentemente cuando una persona está en situación de vulnerabilidad social, tiene prioridad y ocupa las plazas públicas.
¿Qué se puede hacer para no llegar a estos extremos?
Hay una respuesta proactiva, que es cuando el problema todavía no ha surgido. Y es aquí donde tenemos que hacer una apuesta muy fuerte por la detección temprana mediante los recursos de proximidad, como son la atención primaria y la red de servicios sociales también de atención primaria. Tenemos que intentar detectar las situaciones de riesgo de soledad, monitorizar a estas personas y evidentemente ofrecer medidas alternativas.
¿Qué alternativas?
Pues, por ejemplo, sobre los espacios en los que habitamos, que no son ajenos a toda esta problemática. No es lo mismo el contacto social que puede haber en un pueblo, donde se conoce a todo el mundo, que vivir en una ciudad donde no conoces a los vecinos del edificio de enfrente. Tenemos que diseñar entornos que sean inclusivos intergeneracionalmente. No, parques para personas mayores, sino para todas las edades. Tenemos un sistema sanitario envidiable a nivel mundial, sin duda, pero cubre la salud física. Pero la salud social no la estamos atendiendo suficientemente.
¿La soledad puede enfermarnos?
Hay muchísimas publicaciones que avisan de que el riesgo cardiovascular se ve incrementado de forma significativa. Es decir, mayor probabilidad de ictus, mayor probabilidad de infarto, mayor probabilidad de deterioro cognitivo, más demencia, mayor prevalencia de depresión, de ansiedad; hay un empeoramiento de las enfermedades crónicas, mayor incremento de procesos inflamatorios, de senescencia celular. Y se sabe incluso el impacto que tiene en la longevidad, en la esperanza de vida, y que es de hasta 15 años.
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