«Power2X», cuando los lodos de depuradora se convierten en hidrógeno y biometano
El proyecto liderado por ITG junto a Naturgy Innovahub y Flything Technologies

Retratos ITG Santiago Rodríguez Charlón, director de la división de Energía de ITG / Fran Martinez

La transición energética suele contarse en paneles solares y aerogeneradores, pero hay otra pieza menos visible y quizá igual de decisiva: qué hacer con la energía cuando no se consume al instante y qué hacer, al mismo tiempo, con residuos que hoy siguen siendo un problema ambiental. En ese cruce se sitúa «Power2X», como se denomina el proyecto liderado por ITG junto a Naturgy Innovahub y Flything Technologies para transformar lodos de depuradora y residuos orgánicos en gases renovables.
El director de la división de Energía de ITG, Santiago Rodríguez Charlón, resume así el punto de partida: «Hay un problema importante en la descarbonización» y, además, «las energías renovables que se están utilizando tienen mucha variabilidad de uso». La ecuación, explica el experto, obliga a buscar soluciones capaces de almacenar energía, flexibilizar su uso y aprovechar recursos que hasta ahora se trataban como desecho.
La apuesta del proyecto es convertir ese pasivo ambiental en una oportunidad industrial. «Vamos a convertir residuos urbanos en hidrógeno y en biometano», destaca Rodríguez Charlón. No se trata solo de una idea de laboratorio: la validación se desplegará en la estación depuradora de Bens, en A Coruña, donde el sistema se probará en condiciones reales tras una fase previa de ensayo.
La propuesta encaja de lleno en la lógica de la economía circular. Allí donde antes había lodos de depuradora, el proyecto busca obtener combustibles renovables con potencial para sustituir parte del consumo fósil. Y no solo eso: el sistema incorporará gemelos digitales e inteligencia artificial para optimizar en tiempo real tanto la producción como el almacenamiento energético, ya sea en baterías y supercondensadores o en forma de hidrógeno y biometano.
El horizonte de trabajo es de 36 meses y el objetivo final no es únicamente técnico. También apunta a la autonomía energética y al impacto social. En un contexto de inestabilidad internacional y dependencia exterior, Rodríguez Charlón defiende que «desarrollar proyectos que contribuyan a que generemos nuestra propia fuente de energía en base a residuos, a fuentes energéticas locales, nos permite ser más independientes y más competitivos».
Naturgy figura como socio especialmente interesado en el potencial del biometano, por su capacidad para integrarse en la red gasista y sustituir combustibles fósiles. Pero el alcance va más allá del sector energético. Si la tecnología demuestra su viabilidad, el modelo podría replicarse en otras depuradoras, abundantes en toda España.
La promesa, en el fondo, es sencilla y poderosa: «Eliminamos un residuo, generamos un combustible que es limpio y generamos empleo». En tiempos de transición climática, pocas fórmulas resumen mejor la idea de cerrar el círculo.
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